Hipatia de Alejandría

El Egipto del siglo IV se encontraba bajo el férreo dominio del emperador romano Teodosio I el Grande. Teodosio fue el último emperador que gobernó a todo el Imperio Romano. Tras él, el Imperio fue dividido entre sus hijos y la historia de Oriente y Occidente se separó para siempre.

En el terreno religioso, el siglo IV supuso el fin del “paganismo“, el culto a los dioses de la Roma clásica, y el áuge del cristianismo como religión oficial del Imperio Romano.

Así las cosas, Hipatia iba a nacer en el peor de los contextos. En el año 370 vino al mundo en Alejandría y gracias a su padre, Teón de Alejandría, estudió ciencia y filosofía en la Biblioteca del Serápeo. Esta biblioteca era la sucesora de la mítica Biblioteca de Alejandría, destruida por Julio César durante la Guerra Alejandrina.

Hipatia recibió una extensa formación en astronomía, matemáticas, historia, religión y oratoria, convirtiéndose en una erudita reconocida en todo el Imperio. Su casa se convirtió en centro de peregrinación para sabios y estudiantes. Hipatia era la última representante de la antaño floreciente cultura clásica, pero esta cultura estaba destinada a desaparecer, e Hipatia sufriría el mismo destino en carne propia.

La jerarquía católica odiaba a Hipatia por lo que ésta representaba. No sólo porque Hipatia evidenciaba la capacidad de una mujer para destacar por encima de los varones de su entorno, sino también porque Hipatia era pagana, y el paganismo era una religión proscrita.

En el año 412, un nuevo patriarca tomaba las riendas de la Iglesia Católica en Alejandría. Cirilo de Alejandría odiaba profundamente a Hipatia y a lo que su figura significaba. Durante un tiempo, Cirilo tachó a Hipatia de hechicera y puso en su contra a la ignorante y supersticiosa población alejandrina.

En 415, una turba de cristianos azuzados por el patriarca apresó a Hipatia. La desnudaron y arrastraron por toda la ciudad. Luego, cortaron su piel con caracolas afiladas y, una vez muerta, la descuartizaron y quemaron su cuerpo. Así terminó la vida de Hipatia, y con ella, los historiadores dan por finalizada la época del esplendor helenístico, que sería muy pronto sustituida por el oscurantismo en Occidente y por el esplendor de la nueva cultura islámica en Egipto.

2 pensamientos en “Hipatia de Alejandría

  1. Primero leo que Amenábar está terminando de rodar en Malta una película sobre Hipatia. Luego, que ya está en fase de producción (o post producción) y que se estrenará en 2009. Me pongo muy contento cuando leo que la obra plantea el conflicto entre fe y laicismo. Algo menos cuando me entero de que el susodicho “sirve como telón de fondo a una historia de aventuras, intriga y romance”. Ahí es cuando se me caen los palos del sombrajo, y se me espachurran contra el suelo los racimos, sin que su sacrificio sirva para hacer vino, ni vinagre. Luego veo el cartel de la película (que se va a titular “Ágora”) y veo que la pareja protagonista son dos bellezones, linda ella y lindo él. O sea, que han pasado 1600 años, pero seguimos siendo incapaces de interesarnos por lo que le pase a una mujer, a menos que haya una historia de amor de por medio, y a menos que la supuesta prota femenina esté de muy buen ver.
    Y mira que hay actrices buenas, con renombre y con tirón en taquilla, pero más feas que picio, pero no, se ve que para Amenábar dispusiera de un pastón para irse a Malta a reconstruir el Egipto del siglo IV, había que convertir a Hipatia en una chica muy guapa enamorada de un chico que para sí lo quisiera Alejandro (Magno).

  2. Desde luego, hay que tener imaginación y ganas de torcer la historia, porque Hipatia estaba bien entradita en años cuando fue asesinada por los devotos y piadosos cristianos.
    Pero tratándose de Amenábar, habrá que reirle la gracia, como siempre hacemos.

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