William Bligh: un capitán heroico cuya fama destruyó el cine

Probablemente, todos los lectores de este blog hayan visto alguna de las versiones que sobre el motín de la Bounty se han hecho a lo largo de la historia del cine. En ellas se muestra a un maléfico capitán de barco, un sádico que maltrata a su tripulación hasta lo indecible. Hemos podido ver a un completo caballero Fletcher Christian que, en la figura esbelta de Marlon Brando, toma el control del buque para defender a su maltratada tripulación. ¿Se sorprenderían mucho de saber que todo es una auténtica patraña, una mentira inventada en el siglo XVIII que el cine se ocupó de amplificar y darle carta de naturaleza?

El verdadero capitán Bligh dista mucho de ser el patán arrogante mostrado por el cine. Al declararse el motín del Bounty, Bligh llevaba a sus espaldas veinticuatro años de mar. Veinticuatro años en los que había recorrido el mundo entero, explorando incluso el Océano Pacífico bajo el mando de James Cook, el mítico explorador inglés que descubrió el Paso del Noroeste y las Islas Hawaii en su tercera travesía.

En este viaje, Cook incluso intentó regresar a Inglaterra a través del Estrecho de Bering. Al encontrarse esta ruta impracticable, realizó la travesía hasta Inglaterra atravesando el Pacífico y pasando por Nueva Zelanda y Australia; territorios que él mismo había descubierto años antes. Por entonces, William Bligh era ya uno de sus protegidos.

Es evidente que la vida de un marinero del siglo XVIII era dura y peligrosa. Las condiciones en que subsistían los marineros en los barcos eran espantosas, y muchos morían durante el viaje.

Cuando, años más tarde, en 1789, Bligh se vio obligado a detenerse en Tahití con la Bounty durante cinco meses, su tripulación se vio inmersa en los placeres de lo que fácilmente podían confundir con un paraíso terrenal. Habían pasado muchos meses de travesía desde que partieron de Inglaterra para recoger árboles del pan que debían transportar a las colonias del Caribe con el fin de alimentar con su fruto a los esclavos. Tras su prolongada estancia en Tahití, algunos de los marineros habían entablado relaciones con las mujeres locales, incluyendo al segundo capitán Fletcher Christian, que llegó a casarse con una de ellas.

Transcurrido el tiempo necesario para poder transplantar el árbol del pan con seguridad para que llegara vivo al Caribe, la Bounty zarpó de Tahití. Es de suponer que lo hacía contra la voluntad de parte de su tripulación. El descontento alcanzó su clímax pocos días más tarde, cuando Christian tomó el mando del buque de forma ilegal ayudado por… once hombres. Sólo once hombres de los más de cuarenta que componían la tripulación se amotinaron en la Bounty.

WilliamBlighAl capitán Bligh le subieron a una lancha provista de una vela, y le proporcionaron un sextante, un reloj y cinco días de víveres para él y los dieciocho marineros que cabían en el bote. Otros trece marineros que permanecieron leales a Bligh tuvieron que quedarse en la Bounty por falta de espacio, aunque suplicaron poder acompañar a su capitán. En este momento comenzaba una odisea que no sólo demostraría la pericia marinera de Bligh, sino también su determinación por dar cuenta a sus superiores de lo sucedido.

Con sólo cinco días de víveres, Bligh no eligió buscar la isla más cercana y esperar durante años al paso de un buque inglés, sino que puso proa hacia Timor, a más de 6.700 kilómetros de distancia.

Durante cuarenta y siete días navegó por aguas prácticamente desconocidas para todo el mundo… excepto para él, que ya había navegado con Cook por aquellas aguas. En aquel viaje terríblemente peligroso, sólo perdió un hombre que murió atacado por aborígenes hostiles en una isla donde recalaron para avituallarse. Se trata de una hazaña que aún no ha sido repetida por nadie.

Los amotinados de la Bounty se refugiaron en la isla de Pitcairn, donde aún viven algunos de sus descendientes. Sólo uno de los amotinados, un joven oficial con contactos en el Almirantazgo, consiguió el perdón de las autoridades. Para conseguirlo, su abogado emprendió una campaña de difamación contra el capitán Bligh. A pesar de ello, el tribunal exoneró a Bligh de cualquier responsabilidad en lo sucedido, y la Marina Real Inglesa siguió otorgándole el mando de varios buques tras el incidente.

Bligh participó, por ejemplo, en la Batalla de Copenhague. En esta batalla comandaba un buque de línea de 56 cañones dentro de una escuadra al mando del almirante Nelson. Su actuación en esta batalla fue de un gran arrojo, y contribuyó notablemente a la victoria inglesa. Posteriormente, comandando el buque HMS Director, luchó también en solitario contra tres buques alemanes, infligiéndoles graves daños mientras el barco de Bligh sólo registró siete heridos en el combate.

El capitán William Bligh murió en 1817 en Londres, con una impecable hoja de servicios en la marina inglesa.

Por lo tanto, puede que hubiera sido mejor que en la película Rebelión a Bordo Marlon Brando hubiera representado el papel de Bligh; un capitán heroico cuya fama destruyó un abogado agresivo y unos productores de cine ambiciosos.

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8 pensamientos en “William Bligh: un capitán heroico cuya fama destruyó el cine

  1. Esto pasa a veces, que se crea una imagen falsa, se idealiza y se difunde por todas partes pasando por ser la verdadera. De esto saben mucho las mujeres, porque con muchas de ellas se actuó así: difamándolas y justificando con ello incluso su asesinato. Ese es el poder de quienes saben manejar la propaganda. Saludos cordiales.

  2. Interesantísimo. Como siempre, encantado de leerte. Pero no me digas que Brando no está genial y ¿quién le pide a la ficción fidelidad?

    Dos apuntes por el letrero de la derecha:

    Paraíso, clímax, aunque (la errata pone anque).

    El árbol del pan “como” alimento no, sino para alimentar (con su fruto, se entiende).

  3. Erratas corregidas y muchas gracias por señalarlas.

    Personalmente, prefiero a Tarita antes que a Brando. De él me quedo con la escena en la que parte muy gallardo en la chalupa a cumplir su misión de cepillarse a la hija del rey mientras suena ese himno que estoy harto de buscar, pero no sé cual es.

  4. La película de Brando la recuerdo como una de aventuras marineras de las buenas, un poco fuerte para el horario infantil, como dirían los de la CONCAPA.
    Lo que más me ha gustado del post es que, a diferencia de lo que se relata en la peli, los marineros se amotinaron no por la rudeza del capitán, sino porque habían conocido el paraíso y no querían renunciar a él: nativas jovenes y complacientes con extranjeros y con la manutención con sólo estirar el brazo a la fruta o al pescado… Pasar de eso al rancho de abordo y la masturbación lo menos que puede provocar es un “Motín a Bordo”…

  5. Mire usted, el que tenga una impecable hoja de servicios no excime de culpa. Y este fue juzgado culpable de no saber llevar una tripulación correctamente, de lo contrario no se habría dado el caso de abotinamiento, que a nadie se le olvide esto. Un capitán no es aquel que llega a puerto, un capitán es el que lleva una tripulación a puerto. Y a este respecto tenemos el “ejemplo” del capitán italiano que fue el primero en llegar a puerto tran hundir el crucero costa concordia.

  6. Hombre. Penoso es que alguien se tome en serio las “adaptaciones” cinematográficas de holliwood acerca de cualquier hecho pasado. No hablemos ya de los históricos.

    Acondicionan sus películas a las pretensiones del negocio. En ningún momento estas pretenden ser una enciclopedia de historia, si no un entretenimiento, y como tal deben de ser tomadas.

    Si visionamos mil películas de la industria cinematográfica con contenido histórico, se puede afirmar que de tantas, igual dos o tres se ajustan someramente a lo realmente acontecido, por no hablar del atrezzo correcto, de la caracterización de la época (el error mas grave es tratar los hechos de hace 2000 años con la moral actual) etc. El problema es que la persona ajena a los devenires de la historia puede tomar por cierta cuantas historias se cuenten en las peliculas. Nada más lejos de la realidad.

    Un saludo.

  7. A mi me ha gustado mucho más la película “Motín a bordo” de Anthony Hopkinss. Ahí se puede ver que, ni los malos son tan malos, ni los buenos son tan buenos. La de Brando es muy “estilo Hollywood” malo malísimo y bueno guapo caballeroso, aunque la escena de la “misión en tierra” es muy buena.

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