Emperadores de Roma: Claudio (I) – El tullido tras la cortina

Robert Graves, autor de la novela histórica Yo, Claudio.Claudio es uno de los emperadores sobre los que existe más literatura. Es un emperador que, de la mano de Robert Graves, y su fabulosa novela Yo, Claudio,  se hace querer por el aficionado a la historia. Este emperador representó para Roma un descanso después de años de dejadez, desgobierno y locuras imperiales, pero para mí significa además la victoria de la inteligencia sobre los prejuicios, del gobierno sobre la ambición y del hombre sobre el poder absoluto.

Claudio nació en el año 10 a.C., cuando el poder de Octavio Augusto era ya incontestable y Roma conocía por fin la paz después de un siglo de guerras civiles. Nuestro futuro emperador era hijo de Druso y de Antonia, nieto por lo tanto de Livia y Tiberio Claudio Nerón por parte de padre y de Marco Antonio y Octavia por parte de madre. Sobrino y tío de emperadores, podría haber sido un destacado miembro de la familia imperial, además de un firme aspirante al poder (lo que a buen seguro hubiera hecho que su vida fuese mucho más corta de lo que fue, habida cuenta de la despiadada lucha por el trono en el seno de la familia), pero Claudio nació con unas taras físicas tan importantes que no podían ser ignoradas: cojo, tartamudo, medio inválido y aquejado por múltiples tics, Claudio era considerado desde pequeño por los suyos como un monstruo, un engendro indigno de su augusta familia que debió haber sido abandonado en el bosque. Debido a estos defectos físicos, todos pensaban además que Claudio era un idiota, un retrasado mental que, por descontado, estaba al margen de la vida familiar y pública.

El actor Derek Jacobi interpreta a claudio en la miniserie Yo, Claudio, basada en la novela de Robert Graves.

Así que Claudio tuvo que conformarse con ser criado por sus niñeras y los esclavos de la casa, con no ser invitado nunca a participar en las comidas familiares y con mantenerse apartado del camino. Asumiendo su condición de subnormal tullido, Claudio se dedicó entonces a estudiar, aprendiendo la lengua de los antiguos etruscos y la historia de Roma y Cartago. Claudio se convirtió en un historiador bastante competente. De hecho, sus trabajos sobre la última guerra civil entre Augusto y su abuelo Marco Antonio le granjearon la desconfianza del entonces emperador Octavio Augusto.

Sin embargo, Claudio estaba muy lejos de ser un idiota. Apartado como estaba de la lucha por el poder asistió a la muerte de la mayoría de los candidatos a ocuparlo. Lucio, Cayo, Póstumo, su padre Claudio Druso, su propio hermano Germánico… También sobrevivió a las purgas de Sejano en tiempos de Tiberio, entre otras cosas porque consintió en casarse con una hermana de Sejano, Elia. Elia fue su segunda esposa, después de que Claudio se divorciara de la primera, Urgulanilla, acusando a ésta de adulterio.  En el año 31, mientras en el Senado pintaban bastos para Sejano, Claudio aprovechaba para divorciarse de Elia. Con eso no sólo se libraba de una esposa probablemente impuesta por el hombre fuerte de Tiberio, sino que también se desligaba de las previsibles consecuencias que la caída de Sejano acarrearía para sus partidarios.

Pero la prueba de fuego para las habilidades de supervivencia del pobre Claudio aún estaba por llegar. En el año 37 moría el emperador Tiberio, tío de Claudio. Como herederos del Imperio sólo quedaban vivos su sobrino Calígula y Tiberio Gemelo, nieto del fallecido emperador. En el testamento de Tiberio se encomendó el trono a ambos, obviando a un Claudio que por edad (47 años en aquellos momentos) y por conocimientos estaba mucho mejor preparado que ellos para gobernar. Inconvenientes (o ventajas) de ser el tonto de la familia. Como ya conté en la anterior entrada de esta serie, Calígula despachó muy pronto a su coemperador y dio comienzo a los cuatro años más enloquecidos del gobierno imperial. Calígula puso a Roma patas arriba, robando y asesinando a cuantos tenían el menor viso de representar un peligro para el emperador. También fueron asesinados muchos ciudadanos adinerados para expropiarles sus bienes.

Busto en bronce de Claudio, British Museum.Claudio fue nombrado cónsul por Calígula, si bien el joven emperador nunca respetó a su tío y siempre le tomó por un imbécil. Claudio se cuidó muy bien durante aquellos años de no acumular demasiadas riquezas y de seguirle la corriente al demente de su sobrino para evitar ser asesinado por orden de éste, pero al final, cuando Calígula fue asesinado, la consigna de muerte para la familia imperial parecía que por fin iba a terminar con su suerte. Tras el asesinato de Calígula, Claudio se escondió de los asesinos y de los guardias germanos de su sobrino, que estaban asesinando a todo aquél que les pareciera sospechoso de haber atentado contra la vida del emperador. Agazapado tras una cortina, esperaba la muerte a manos de cualquiera de los guardias armados que recorrían el palacio cuando fue encontrado por la guardia pretoriana.

Sabedores de que una república se desharía rápidamente de los guardias encargados de la seguridad del emperador, la guardia pretoriana le proclamó emperador allí mismo. Claudio era el último superviviente varón de la familia Claudia, y para asegurar su supervivencia prometió a los guardias pagarles una elevada suma cuando asumiera el control del Iimperio. Fue un mal precedente, porque en años posteriores los aspirantes al trono deberían satisfacer sumas cada vez mayores al ejército por su apoyo, pero a Claudio le sirvió para salir del paso en aquel momento. El tonto de la familia Claudia ahora sería el gobernante del Imperio Romano.

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