Efemérides: Tambora

Cráter del volcán Tambora. Imagen: Wikimedia Commons.

Aquel mes de abril de 1815 Europa estaba demasiado preocupada por sus propios problemas como para ser consciente de lo que había ocurrido en el otro extremo del mundo: Napoleón acababa de fugarse/a de la isla de Elba, y el resto de las potencias se reunían a toda prisa para acabar definitivamente con el díscolo emperador francés.

Casi en las antípodas francesas, Indonesia era coto de las compañías comerciales de los Países Bajos, conformando los territorios conocidos como las Indias Orientales Holandesas. Durante todo el siglo XIX, Holanda iría incrementando su presencia en la zona, que se prolongaría hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Pero el 10 de abril de 1815, en la pequeña isla de Sumbawa, situada casi en el centro del enorme archipiélago que compone la actual Indonesia, las furias de la naturaleza iban a desencadenarse con una violencia nunca antes vista por el hombre moderno: El supervolcán Tambora entró en erupción, arrojando repentinamente a la atmósfera millones de toneladas de roca fundida y cenizas.

Área más afectada por la erupción del Tambora. Imagen: Wikimedia Commons.

Para hacerse una idea de la magnitud de esta erupción, el volcán cubrió una superficie equivalente a la de España con una capa de cenizas de más de tres metros de espesor, sepultando aldeas, pueblos y cosechas. Aquello que no quedó destruido instantáneamente por la onda piroclástica fue enterrado poco después bajo la ceniza. La práctica totalidad de la población de esta isla y de las islas vecinas falleció a consecuencia de los gases ardientes o por las posteriores hambrunas provocadas por la destrucción total de las cosechas y del ganado. En el París de la época, un asombrado Napoleón pudo contemplar algunos días más tarde de la erupción cómo el suelo se cubría con una fina capa de cenizas, transportadas por los vientos alrededor del mundo.

A pesar de las decenas de miles de muertos provocados por la erupción del Tambora, lo peor estaba aún por llegar: las cenizas expulsadas por el supervolcán a la atmósfera provocaron que el año siguiente fuera especialmente frío, siendo conocido 1816 como «el año sin verano». Por todo el mundo, pero especialmente en Europa y Norteamérica, las cosechas fueron absolutamente desastrosas, registrándose fuertes heladas incluso en los meses de julio y agosto que arruinaron los cereales y frutales. La hambruna provocada por este mal año meteorológico tuvo un fuerte impacto en una Europa asolada por las Guerras Napoleónicas, donde se registraron importantes desórdenes sociales a causa de la escasez de alimentos.

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