Hoy he recibido esta carta abierta de una amiga enferma de leucemia, y me parece muy importante darla a conocer, para que todos sepan de la calidad humana y profesional que hay en la sanidad pública. Lola, espero que muy pronto te encuentres recuperada del todo, y que este trago por el que tú y tu familia estáis pasando no sea más que un mal recuerdo.
Sí, tengo Leucemia. Me llamo Lola. Es una enfermedad muy dura y por supuesto, mucho más de lo que se dice en la novela de la televisión. A lo peor es porque para mí-nosotros, los que no nos tratamos de forma privada, dependemos de unos médicos, de unos medios y de unas Infraestructuras “Públicas”. Quizás, será…da igual… pero vean que los escribo con mayúsculas porque la “Sanidad Pública” es parte de mí, me pertenece, la desarrollo con mis impuestos y la cuido porque me cuida y me cura. Y por eso esta carta es imprescindible, porque ahora los políticos recortan la Sanidad, la Educación, la Investigación…
Creo necesario alzar mi voz menuda para gritar a todos una verdad sencilla y enorme. Durante estos años, el Hospital Virgen del Rocío, 1ª planta, hematología, ha sido como mi casa. ¡Qué digo… mejor que mi casa! En esta planta mis médicos me han curado estudiando todos los días mi caso y mientras, con su mano derecha conservan mi dignidad y con su mano izquierda disipan mi miedo, y por eso es imprescindible decirlo y les digo ¡gracias! Y cuando ellos salían de mi habitación entraban mis Enfermeras, de día, de tarde, de noche, en sábado y en domingo y en nochevieja. Llaman a la puerta y dicen Lola… soy yo… ¿cómo estás? Te traigo… Y me traen un bote de suero lleno de besos, una gasa impregnada en ternura para quitarme el dolor, y cogen mi mano con su mano derecha mientras que con la izquierda aprietan mi brazo delgado y su calor me sabe a respeto y me tranquilizan. Una arcada me hace pulsar el timbre y oigo por el pasillo correr a un auxiliar, me mira y vuela a por una bolsa y vuelve volando y ya está a mi lado y ya me coge la frente y me acerca un pañuelo y cambia mi sábana manchada y me trae agua y llama a mi limpiadora y en unos minutos estoy cómoda y me siento segura. Antes de irse cogen mi mano y me recuerdan que están cerca de mí y que soy una persona y yo me siento persona. Mi familia necesita un dato de los administrativos, hablan con ellos y al poco y en mi habitación, ellos me acercan ese papel firmado con una sonrisa y sellado con el deseo de que mejore muy pronto.
Ahora, ya recuperada, visito el hospital de día y aunque no tenga cita, si me encuentro fatal, llego, y mis amigas de blanco me sientan, me arropan con una sabanita blanca como ellas y bajito me recuerdan que estarán junto a mí mientras siguen cambiando curas de quimio y quimios que curan. Así son en hematología.
Podría relacionar sus nombres uno por uno pero…Os quiero a todos, GRACIAS y un beso, Lola.
-Posdata: Si pasáis por allí, preguntad por Carmen Limón y dadle muchos besos. Muchos, porque ellos son muchos y ella siempre lo comparte todo.
Gracias otra vez.





