¿Estamos solos en el Universo?

Esto es un fotograma extraído del documental «Alienígenas», perteneciente a la serie El Universo de Stephen Hawking que hoy vende el diario Público junto con su tirada dominical. Se trata de parte de un gráfico tridimensional del Universo observable donde cada minúsculo punto de luz representa una galaxia. Las zonas más iluminadas corresponden a ¡acumulaciones de galaxias!, y esta imagen es sólo una parte del Universo «observable», que ni mucho menos tiene la magnitud del Universo real.

Esta imagen, por sí sola, contesta muchas de las preguntas que frecuentemente nos hacemos respecto a lo común que es el fenómeno de la vida y la inteligencia en el Universo. Hasta donde podemos observar, existen cientos de miles de millones de galaxias, cada una de las cuales contiene cientos de miles de millones de estrellas. Nuestro sol no es más que una estrella perdida en el interior de uno de los brazos espirales de una galaxia perdida en el interior de uno de los inmensos ríos de galaxias que podemos observar en esta imagen; nuestro planeta no es más que una minúscula esfera rocosa que gira alrededor de esa diminuta estrella, junto con otros muchos planetas, lunas y cometas que la rodean.

Es importante hacer este ejercicio de perspectiva cósmica porque, basándonos en nuestra insignificancia y en la magnitud del Universo, es fácil afirmar que cualquier cosa es no sólo posible, sino probable, dentro de su vastedad. Existen cientos de miles de millones de estrellas semejantes a la nuestra, perdidas dentro de cientos de miles de millones de galaxias semejantes a la Vía Láctea. ¿Cómo sería entonces posible que nuestro planeta fuera el único en todo el Universo donde se ha desarrollado la vida y la inteligencia? ¿Qué clase de pretencioso chovinismo nos lleva a decir algo semejante? No tenemos nada de especial para presumir de ser los únicos seres vivos en el Universo. En todo caso, y como algunos argumentan, tal vez la existencia de un satélite gigante (la Luna), que provoca fuerzas de marea en la Tierra que podrían ser fundamentales en el proceso de creación de la vida (hipótesis que está por demostrar). Aún admitiendo esa peculiaridad, ¿cuántos cientos de miles de millones de planetas tendrán lunas semejantes a la nuestra, o incluso mejores condiciones que favorezcan la aparición de la vida que la Tierra? Me atrevo a decir más: ¿Por qué la vida debería ser en otros lugares como la conocemos en la Tierra? ¿Cuántas formas de organización de la materia o de la energía podrían considerarse ellas mismas como vivas?

Puede que sea verdad que estemos aislados en el Universo: que las distancias cósmicas sean demasiado grandes para encontrar algún día formas de vida desarrolladas en mundos que giran alrededor de otras estrellas, o ni siquiera para comunicarnos con ellas, pero la pregunta «¿estamos solos en el Universo?» se contesta a sí misma con esta imagen: NO.

Eratóstenes

A finales del siglo III a.C. Roma y Cartago se desangraban en sus Guerras Púnicas por el poder en el Mediterráneo. En Oriente, el efímero imperio conquistado en el siglo anterior por Alejandro Magno se había deshecho en varias partes, cada una de las cuales era lo suficientemente grande como para convertirse por sí misma en una potencia mundial. A los descendientes del general macedonio Ptolomeo les había correspondido gobernar el poderoso y antiguo Egipto.

Pero los Ptolomeos no eran ni mucho menos egipcios: los Ptolomeos eran y seguirían siendo Griegos. Para distinguirse de los anteriores reyes de Egipto, se establecieron en la nueva ciudad fundada por Alejandro: Alejandría. Además de ser la capital de Egipto, Alejandría estaba convenientemente aislada del resto de Egipto. En la corte alejandrina se hablaba griego, y allí acudían los mejores eruditos del mundo griego, al calor del mecenazgo que los Ptolomeos proporcionaban a través de su fastuosa Biblioteca de Alejandría.

Al frente de la Gran Biblioteca se encontraba el sabio Eratóstenes, un personaje que había dedicado su vida a cultivar todas las ramas posibles del conocimiento humano y que dominaba una buena parte de ellas: matemáticas, astronomía, filosofía, poesía,… A su alrededor, más de 900.000 ejemplares de las obras literarias de la antigüedad, recopiladas y catalogadas durante décadas por él mismo y sus antecesores, le proporcionaban toda la información disponible en aquella época sobre todo tipo de descubrimientos y observaciones.

En su afán por conocer el mundo que le rodeaba, Eratóstenes leía todo tipo de documentos, hasta que uno de ellos le llamó especialmente la atención: un papiro manuscrito afirmaba que en la ciudad egipcia de Siena (la actual Asuán), en el día del Solsticio de verano, y justo al mediodía, cuando el sol se encontraba más alto en el cielo, las columnas no daban sombra alguna, y la luz del sol penetraba hasta lo más profundo de los pozos, reflejándose en el agua de su interior. En definitiva, al mediodía de ese día en concreto, el sol se encontraba justo sobre la vertical de la ciudad de Siena.

Por sus propias observaciones, Eratóstenes sabía que durante el mediodía del Solsticio de verano, en la ciudad de Alejandría las columnas ofrecían una sombra apreciable, cuya longitud formaba respecto a la altura de la columna un ángulo de 7º. El hecho de que en una ciudad el sol no proyectara sombras mientras en otra situada más al norte sí lo hiciera significaba, lisa y llanamente, que la superficie de la Tierra no era plana, sino que describía una curva.

Muchos otros pensadores griegos de la antigüedad ya habían especulado con la posibilidad de que la Tierra tuviera forma esférica, pero allí, en Alejandría, y gracias a las observaciones del papiro de Siena y las realizadas por Eratóstenes, ahora podría saberse con exactitud cuál era el tamaño de esa esfera. Antes, sin embargo, debía conocer la distancia exacta que separaba a ambas ciudades, y para ello Eratóstenes contrató a un hombre para que caminara de una ciudad a otra, contando sus pasos durante el camino (Según otras versiones, buscó el dato en la misma biblioteca, o hizo que un regimiento recorriera esa distancia). En todo caso, de la exactitud de esta medida dependía por completo el resultado de sus cálculos. Finalmente, la distancia obtenida fue de unos 800km.

Gracias a la geometría y la trigonometría, desarrolladas por los griegos durante los siglos anteriores, Eratóstenes sabía que una circunferencia podía dividirse en 360 secciones, cada una de ellas describiendo un segmento de arco correspondiente a 1º. Si un segmento de arco de 7º medía 800km, la cuenta estaba clara:

A partir de este cálculo, Eratóstenes dedujo que la longitud de la circunferencia de la Tierra debía ser de unos 41.142 kilómetros. Comparado con la longitud real de la circunferencia terrestre, calculada actualmente en 40.076 km, no es una mala aproximación, especialmente si tenemos en cuenta los medios técnicos de los que disponía Eratóstenes.

Pero Carl Sagan cuenta esta misma historia en la serie Cosmos de una forma mucho más emocionante. Para los que quieran oírla en español, pulsad en este enlace.

MANIFIESTO POR UNA UNIVERSIDAD LIBRE DE PSEUDOCIENCIA Y OSCURANTISMO

Como no puede ser de otro modo, y tras conocer que la universidad en la que estudio (UNED) ha decidido fomentar las pseudociencias y la superchería como si de verdaderos estudios académicos se tratasen, El ojo del tuerto se suma al manifiesto por una universidad libre de pseudociencia y oscurantismo redactado por J. M. Hernández en La ciencia y sus demonios. Hay que poner pie en pared AHORA ante el avance de estos timos académicos que pretenden igualar la práctica del chamanismo y la brujería con la verdadera medicina, ya que se está poniendo en riesgo la salud de miles de personas al permitir que individuos con pocos escrúpulos y mucho afán de lucro engañen a la gente con métodos y pseudomedicamentos cuya inutilidad ha sido sobradamente demostrada.

Ante la cada vez más abundante proliferación de conferencias, cursos, seminarios y todo tipo de actividades que diferentes corrientes pseudocientíficas están desarrollando dentro del marco de las universidades españolas y latinoamericanas, tendencia que cristaliza en la reciente creación de una Cátedra de Investigación sobre Homeopatía en la Universidad de Zaragoza, los abajo firmantes (científicos, profesores, alumnos y ciudadanos en general) nos vemos en la necesidad de manifestar lo siguiente:

La colaboración entre la Universidad y la Empresa, así como con otros organismos y agentes sociales es enriquecedora, productiva y debe ser considerada como una de las prioridades de la política universitaria. Los acuerdos y contratos para la transferencia de resultados de la investigación a la empresa privada pueden representar una importante fuente de financiación para las universidades públicas; los cuales, desarrollados convenientemente, permiten una mayor productividad científica y la optimización de las aplicaciones de tal actividad. Sin embargo, creemos que no es justificable que la Universidad busque vías de financiación a cualquier precio, y aún menos si con ello pervierte su filosofía y fines fundamentales.

La Universidad Pública, como cualquier otro organismo de la administración, debe estar al servicio del ciudadano, manteniendo un contacto permanente con la sociedad de la que forma parte, mediante una comunicación constante que permita la sintonía entre el mundo universitario y las necesidades sociales. Para cumplir estos objetivos, la Universidad debe ser un adalid en lo referente a innovación y a exploración de nuevos caminos para el conocimiento. La Universidad nunca debe ser una estatua, sino una animación en constante movimiento.

No es posible entender la función investigadora y el compromiso social de la Universidad sin la imbricación con su papel fundamental en la formación de ciudadanos libres, capaces de enfrentarse al mundo mediante una mentalidad crítica que les permita escapar de las cadenas de la irracionalidad, la superstición y la ignorancia. Esta función docente, completamente consustancial a la institución universitaria, va más allá de las aulas, al representar la Universidad un referente en cuanto a conocimiento y racionalidad para toda la sociedad.

En este sentido, la Universidad juega un papel muy importante ante el avance que en la sociedad contemporánea están teniendo determinadas corrientes anticientíficas y antirracionales, que pueden suponer un significativo retroceso hacia el oscurantismo y la superstición, algo que se encuentra en el polo opuesto de los objetivos universitarios. Nos preocupa, como universitarios y como ciudadanos, que bien entrado el siglo XXI cada vez prolifere un mayor número de terapias más próximas a la magia que a la medicina, en muchas ocasiones amparadas por instituciones y empresas médicas profesionales; nos preocupa que presidentes de gobierno consulten astrólogos; que pulseras mágicas declaradas oficialmente fraudulentas sean portadas por ministros de sanidad y constituyan el regalo más vendido de las últimas navidades; que cada vez haya más ciudadanos que crean firmemente que las vacunas son tóxicas y nefastas para la salud; que aumente el número de enfermos que abandonan el tratamiento médico para abrazar alternativas esotéricas; nos preocupa muy seriamente que gran parte de la población vuelva a confiar más en los curanderos que en la medicina científica.

Nos preocupa que la Universidad pueda convertirse en un mercadillo que de cabida a cualquier alternativa irracional al conocimiento científico. Sólo una mal entendida apertura de mentalidad puede justificar que se enseñe alquimia en las Facultades de Química, ufología en las de Física o el diluvio universal en las de Historia. Ofrecer el foro universitario a las pseudociencias, en igualdad de condiciones con el conocimiento racional, no se traduce en ningún enriquecimiento cultural, sino en una validación universitaria de la superstición y la charlatanería. Difícilmente podremos educar a nuestros hijos sobre la inexistencia de bases empíricas en la predicción astrológica si van a encontrar en el campus universitario cursos de postgrado en astrología.

Reza una de las máximas en ciencia que la razón no debe aceptar algo como cierto sólo porque lo afirme mucha gente o porque lo suscriban personajes importantes, y que siempre es necesario detenerse ante cualquier afirmación y dudar sobre si es o no cierta. Esto obliga a actuar mucho más despacio, a sopesar cuidadosamente las opciones, a avanzar con cautela ante cualquier tipo de propuesta. Y esta es una de las cosas que creemos firmemente que debe enseñarse en las universidades.

Por todo ello, nos preocupa que la Universidad de cabida a cursos sobre acupuntura, a conferencias sobre creacionismo, a seminarios sobre astrología y a cátedras sobre homeopatía. Nos preocupa especialmente si no se enfocan como un debate crítico y un análisis racional, sino con un presupuesto de funcionalidad y validación científica de los que no sólo carecen, sino que están en frontal oposición al espíritu crítico universitario.

En el caso concreto de la homeopatía, aunque de igual aplicación para el resto de pseudociencias, no se ha demostrado científicamente ni su fundamento teórico (que contradice nuestros conocimientos sobre química y medicina más elementales), ni su efectividad más allá de un placebo. Décadas atrás, se destinaron importantes estudios a buscar una posible base en los postulados homeopáticos, los cuales no han variado significativamente en doscientos años, base que jamás se encontró.

Nos resulta extremadamente paradójico que mientras gobiernos europeos retiran fondos y apoyos estatales a la práctica homeopática, en España se instauren cátedras dentro de las universidades públicas. El aval que esto supone, sitúa a la homeopatía, a la astrología o al espiritismo dentro de la categoría de disciplinas universitarias; máxime cuando no nos encontramos exclusivamente ante una actividad de investigación sobre un fenómeno dudoso, sino ante una institucionalización dirigida a la formación y divulgación de estos postulados.

Consideramos por último, que si bien está justificado profundizar y destinar fondos a cualquier aspecto que pueda ser investigado, la especial situación económica actual convierte la inversión de esfuerzo y medios en este tipo de disciplinas totalmente desacreditadas en un acto de puro despilfarro de recursos, que podrían emplearse en líneas de investigación y docencia muchísimo más prioritarias.

Las personas que desde distintos estamentos y colectivos de la sociedad suscribimos este manifiesto, deseamos llamar la atención sobre este importante aspecto al conjunto de la población y, especialmente, a las autoridades académicas y gubernativas, confiando en que la razón acabe imponiéndose sobre la superstición y el oscurantismo.

La ciencia en España no necesita tijeras

No al recorte del Presupuesto en I+DPorque a lo largo de nuestra historia hemos perdido demasiados trenes. Porque el progreso no espera a los tacaños. Porque lo que inventan otros, lo cobran otros. Porque la investigación nunca es un depilfarro, sino la mejor de las inversiones (junto con la educación). Porque a pesar de las crisis económicas, un país siempre debe saber que su futuro es lo que realmente importa. Porque invertir en ciencia y en el desarrollo tecnológico es la más socialista de las políticas. Porque nuestros científicos tienen derecho a quedarse en su propio país, y aportar lo mejor de sí mismos aquí. Porque ya hay demasiados fuera de España, y porque durante muchos años han sido muchas las grandes mentes españolas que han tenido que irse. Porque nuestros investigadores son lo mejor de entre nosotros, y no deben tener un empleo precario. Porque para cambiar el modelo productivo de España, antes hay que inventar un nuevo modelo productivo…

Por todo ello, y un sinfín de razones que ahora no se me ocurren, pero que a buen seguro mis compañeros de iniciativa habrán sabido explicar, El ojo del tuerto se opone a cualquier reducción presupuestaria en las partidas destinadas a la investigación y el desarrollo para 2010.