Galería de personajes siniestros (VI): Carlos Arias Navarro

“Españoles: Franco… ha muerto”.

(No es necesario tragarse el vídeo, incluido aquí sólo para documentar la entrada)

Carlos Arias Navarro

Mucho sentimiento desprendían en noviembre de 1975 las palabras del entonces presidente del gobierno de España, designado por el fallecido dictador Francisco Franco. Demasiado sentimiento para quien sin compasión alguna participó desde 1937 en el asesinato masivo de miles de malagueños tras la conquista de Málaga por las tropas sublevadas. Ya he hablado en otras ocasiones sobre la brutal represión ejercida por los fascistas en Málaga; pues bien: Arias Navarro fue uno de los fiscales más activos en aquellos juicios sumarísimos en los que las sentencias estaban dictadas de antemano, una actuación que le valió el apodo de “El Carnicerito de Málaga”, atendiendo además de a su mala leche, a su reducida estatura.

Tras la guerra, Arias fue escalando puestos en el escalafón del Régimen, siendo gobernador civil en varias provincias y llegando incluso a alcalde de Madrid, donde fueron sonados algunos de sus pelotazos/atentados urbanísticos. En los últimos años del franquismo fue ministro de la gobernación (lo que hoy se conoce como ministro del Interior) y, tras la muerte de Carrero Blanco, presidente del gobierno, culminando así una carrera política iniciada sobre miles de cadáveres de republicanos en la ciudad mártir de Málaga.

Como colofón a esta sangrienta ascensión por los vericuetos del poder, Arias Navarro fue corresponsable del asesinato de Salvador Puig Antich en 1974 y de los cinco fusilados de ETA y FRAP en 1975. Tras la muerte del dictador, el rey Juan Carlos I se dio toda la prisa posible en deshacerse de un individuo tan desacreditado a nivel nacional e internacional, y sólo entonces pudieron llevarse a cabo las primeras reformas que condujeran a un sistema democrático en España.

Arias Navarro terminó su carrera política como muchos otros altos cargos del régimen franquista: afiliado a Alianza Popular (conocido actualmente como Partido Popular, partido que hoy ostenta el gobierno del país y, qué curioso, también la alcaldía de Málaga), y murió en 1989. Aún hoy recibe los homenajes de sus herederos ideológicos del Partido Popular, como el que en 2010 dio nombre a un parque de Madrid a pesar de la Ley de Memoria Histórica que prohíbe expresamente el enaltecimiento de los altos cargos de la dictadura franquista.

Emperadores de Roma: Calígula

Al igual que pasa con Tiberio (con el cual reconozco haber sido un poco duro en anteriores entradas, échenle la culpa a Robert Graves), las fuentes clásicas coinciden en señalar que Calígula fue un mal emperador, aunque con matices.

Busto del emperador CalígulaCalígula provenía de la mejor estirpe que podía esperarse: hijo de Germánico y Agripina, nieto de Antonia, Druso, Agripa y Julia; y biznieto de Augusto, de Octavia, de Marco Antonio, de Livia, de Tiberio Claudio Nerón y de Escribonia. Calígula era el último superviviente de la saga de los Julios, excepción hecha de su lamentable tío Claudio, con el que nadie contaba. Calígula había sido desde pequeño el ojito derecho de las legiones de su padre, el talismán del ejército en las frías tierras de Germania. Su padre le vestía con un uniforme militar a su medida, y los legionarios le apodaron “botita” (Calígula), por las pequeñas botas militares que calzaba. Tuvo una infancia complicada, entre campamentos, guerras y rebeliones, y cuando volvió a Roma lo hizo junto con las cenizas de su padre, supuestamente asesinado por orden del mismo emperador en lo que se convirtió en el mayor escándalo de la época.

Los Julio-Claudios conformaban una peculiar familia cuya feroz ambición había devorado a sus propios hijos, como si de una alegoría del dios Saturno se tratara. Sólo la suerte o la pericia a la hora de alejarse de los puñales, el veneno y las islas desiertas pusieron a Calígula en el camino del trono imperial. Cuando Tiberio daba sus últimas boqueadas en Miseno durante la primavera del año 37, Calígula estaba allí junto al prefecto del pretorio Macro. Se dice que entre ambos finiquitaron al viejo emperador mientras se recuperaba de una indigestión de comida, vino y sexo, aunque como he dicho al principio, las fuentes parecen haberse comportado un tanto injustamente con Tiberio, así que mejor que cojamos este dato con prudencia. Calígula fue rápidamente proclamado emperador con la ayuda inestimable de los pretorianos, aunque realmente, no había nadie más donde escoger para el puesto vacante. El Senado, que había sufrido años de depuraciones y asesinatos bajo el gobierno de Tiberio y su valido Sejano, no estaba para oponerse a nada de lo que dijeran los guardias imperiales, así que validaron la sucesión. Además, el pueblo estaba encantado de que un hijo del añorado Germánico llegara al trono.

El actor Malcom McDowell interpreta a Calígula en la película del mismo nombre dirigida por tinto BrassAl leer el testamento resultó que Tiberio había dejado el trono conjuntamente a su sobrino-nieto Calícula y a su nieto Tiberio Gemelo, hijo del malogrado Cástor. No cabía duda: el viejo estaba loco, y así se lo hizo saber al Senado (con la persuasiva ayuda de sus pretorianos, claro), denunciando el testamento y declarando nula la sucesión de Tiberio Gemelo. De todas formas, como Calígula no estaba dispuesto a compartir el trono, unos meses más tarde le mandó asesinar, despejando el camino de posibles obstáculos.

Calígula se encontró el tesoro público romano lleno, porque Tiberio había sido un emperador bastante tacaño. Esta acumulación de oro en las arcas del Estado estaba teniendo un efecto perjudicial sobre la economía, así que en los meses siguientes dilapido las reservas económicas del Imperio poniendo en circulación millones de sestercios con los que se pretendía reactivar la economía. Supongo que Calígula nunca oyó hablar de la deflación, pero al parecer, todo aquel dinero sacó al Imperio de una crisis económica en el año 37 para meterlo en otra aún peor en el 39. Todo eso en la sociedad de la populosa Roma iba a importar poco, porque el emperador iba a darles motivos sobrados de preocupación por sí mismo. Tras una enfermedad padecida en otoño del mismo año 37 en que ascendió al trono, Calígula se transformó en una persona totalmente distinta. Si hacemos caso de las fuentes clásicas, Calígula se volvió loco de remate.

John Hurt interpreta a Calígula en la serie de televisión "Yo, Claudio"Llevados por la pasión, algunos ciudadanos destacados habían ofrecido a los dioses sus propias vidas si estos intercedían en la curación del emperador. Lo que no esperaban era que una vez curado, el mismo emperador les exigiera cumplir con el pago prometido a los dioses. De este modo envió a la muerte a aquellos que habían hecho tan atrevidas promesas; no era cosa de ofender a los dioses con promesas incumplidas…

Lo malo de ser un emperador maldito es que nadie verá con buenos ojos tus obras, aunque estas obras fueran intrínsecamente buenas. Durante su reinado Calígula ordenó los gastos del Estado, redujo los impuestos, democratizó un poco la vida pública y fomentó las obras sociales. Nada de esto le valía a un Senado acostumbrado a gobernar por su cuenta durante los años en que el anterior emperador había estado retirado en Capri. Calígula tendría en ellos a sus mayores rivales, y la pendencia iba a saldarse con sangre.

La crisis del 39 pilló al Estado ya sin dinero en las arcas, por lo que Calígula empezó a buscar nuevas e imaginativas fórmulas de financiación. Suetonio cuenta que viajó a la Galia a recaudar dinero, subastando los bienes de la antigua corte de Tiberio y Augusto. Para ello confiscó todos los carros, mulas y caballos que pudo encontrar con el fin de transportar muebles, alhajas y esclavos, y ello provocó el desabastecimiento de la ciudad por falta de medios de transporte. Su proyecto de unir los dos extremos de la bahía entre Baiae y Puteoli mediante un puente de barcos al parecer dejó a Roma sin capacidad para transportar el grano egipcio hasta sus silos, provocando también una hambruna considerable.

Además del agotamiento de las ideas y de la mala situación económica, Calígula empezó a ver por todas partes conspiraciones reales o imaginarias a consecuencia de las cuales ejecutó a un buen número de altos funcionarios del Imperio. En algunos casos, y siempre según unas fuentes clásicas de dudosa imparcialidad, asesinó a muchos hombres adinerados con el fin de confiscarles sus riquezas. Esto no hacía sino incrementar la cuenta de sus enemigos y multiplicar la inquietud de aquellos que tenían las riendas del poder por debajo de la persona del emperador.

Una de sus víctimas fue el rey de Mauritania Ptolomeo, hijo de Cleopatre Selene, quien a su vez era hija de Cleopatra VI de Egipto y de Marco Antonio, bisabuelo del emperador romano. Calígula le mandó asesinar en una de sus visitas a Roma y se anexionó el reino de Mauritania como dos provincias. Se puede considerar que ésta fue la única expansión territorial que tuvo el Imperio durante su reinado, porque la campaña en Britania no llegó a materializarse.

 Sobre Calígula se cuentan todo tipo de terroríficas historias acerca de crueldades, violaciones, orgías y asesinatos. Puede que todas estas historias fuesen ciertas, o puede que no tanto. Lo que sí es cierto es que estas historias generaron un mito alrededor de la crueldad de Calígula que perdura hoy en día en novelas, películas y series de televisión. Parece cierto que Calígula llegó a creerse un dios viviente, llevando al extremo el culto religioso a la figura del emperador. Entre sus actos más extravagantes se encuentran la instalación de un burdel en el palacio imperial, el nombramiento de su caballo Incitato como cónsul de Roma o su pretensión de colocar una estatua suya en pleno templo de Jerusalen, dando origen a una rebelión de los judíos que a punto estuvo de saldarse con una guerra en Judea.

Cripta donde, según las fuentes clásicas, fue asesinado el emperador CalígulaEn el año 41, un veterano soldado de las campañas de Augusto en Germania y comandante de la Guardia Pretoriana llamado Casio Querea se hartó definitivamente de la locura del emperador y de sus imprevisibles actos. Junto a otros conspiradores esperaron la oportunidad de abordar a Calígula en un descuido, y esa oportunidad se les presentó el 24 de enero del año 41 mientras el emperador presenciaba unos juegos. Los conspiradores, apoyados por una facción senatorial proclive a la restauración de la República, acabaron con la vida de Calígula, y posteriormente asesinaron también a su esposa Cesonia y a la hija pequeña de ambos, Julia Drusilla.

De nuevo, un insignificante Claudio consiguió eludir la matanza. La Guardia Pretoriana le encontró antes que los asesinos, escondido y aterrorizado. Previendo que la República prescindiría de la guardia imperial proclamaron a Claudio emperador de Roma, pero eso es ya otra historia…

Galería de personajes siniestros (V): Juan Yagüe, el Carnicero de Badajoz

El coronel Yagüe en 1938

Don Pío Moa y Don Ricardo de la Cierva me han dicho que no participó en ninguna matanza, que es un mito

María Eugenia Yagüe, periodista, en referencia a su padre, el coronel Juan Yagüe. 17 de octubre de 2008.

Parece que la señora María Eugenia Yagüe, a pesar de su profesión, prefiere ignorar las evidencias, confiando en el “criterio” de dos individuos que, tras su supuesta profesión de historiadores, han dedicado gran parte de su trabajo a desinformar sobre los acontecimientos que rodearon a la guerra civil española y al posterior periodo dictatorial que vivió nuestro país.

Pío Moa, ex-terrorista e "historiador"El primero de ellos, Pío Moa, es un antiguo terrorista de extrema izquierda que militó en el GRAPO. Según explica Wikipedia, en 1975 remató en el suelo a martillazos a un agente de policía herido. Con el paso de los años, realizó un extraordinario viaje ideológico que le llevó a militar en posiciones filofascistas, siendo hoy uno de los mayores responsables de la campaña de revisionismo histórico acerca de la guerra civil y el franquismo. No me pregunten cómo se puede llegar a producir semejante metamorfosis intelectual en una persona, porque no tengo ni idea. Seguramente las cuentas corrientes del señor Moa sepan más que yo acerca de este particular.

Ricardo de la Cierva, otro "historiador" revisionista del franquismoEl otro prendalerenda en el que la señora Yagüe basa su convencimiento de que papá era un pedazo de pan es Ricardo de la Cierva, un franquista convencido que ostentó cargos políticos de relevancia relacionados con la cultura y la Historia durante el largo periodo dictatorial (reescribiendo la Historia de España a conveniencia de los ideales franquistas). Con el regreso de la democracia fue senador y luego ministro de cultura (¡¡!!) durante el gobierno de UCD, pasando a las filas de Alianza Popular (actualmente conocido como Partido Popular) tras la debacle de la coalición centrista. Según sus propias palabras…

Soy un claro anticomunista, antimarxista y antimasónico, y desde luego porque soy católico, español y tradicional en el sentido correcto del término. (…)  siempre he defendido al General Franco, y su régimen y los principios del 18 de Julio, pero también era capaz de ver los errores que había dentro y de decírselos al propio Franco.

(Fuente: Wikipedia)

…Vamos, lo que se dice la pura encarnación de la imparcialidad histórica.

Pues no, señora Yagüe. Su señor padre, por mucho que estos juntaletras engañabobos quieran decir, fue uno de los mayores asesinos de la historia reciente de España, a la altura de otros asesinos famosos de su quinta como Queipo de Llano, Millán Astray o el mismísimo Francisco Franco. Entre todos formaban una banda de traidores a su país cuyo único mérito fue ganar por la fuerza para la derecha y el fascismo lo que el pueblo les negaba en las urnas. Toda la parafernalia ideológica de la que posteriormente se rodearon no era sino un disfraz político con el que justificar sus abusos y atrocidades.

Pero señora Yagüe: tiene usted la oportunidad de no añadir más oprobio a la infamante historia de su familia. Bastaría con que guardara un respetuoso silencio acerca de su macabro progenitor; por respeto a las víctimas y sus familias, sobre todo, pero también por el respeto que una persona como usted, mujer pública con presencia destacada en los medios audiovisuales, le debe a la inteligencia del conjunto de los españoles, ahora ofendida por sus declaraciones. Vamos a contar aquí un poquito de la verdadera historia de su querido papá:

Juan Yagüe, coronel del ejército sublevado en 1936 no hubiera pasado a la historia siniestra de este país de no haber sido por su responsabilidad en los sucesos acontecidos a partir del 14 de agosto de 1936 en la ciudad extremeña de Badajoz. De no haber sido por estos sucesos, habría quedado simplemente como un fascista traidor más. Ese día 14 de agosto, la columna que dirigía Yagüe alcanzó la ciudadela amurallada de Badajoz, último bastión de la legalidad republicana en Extremadura. Esta columna, compuesta por elementos de la legión y de los regulares con base en Marruecos, tomó la ciudadela tras un intenso bombardeo artillero y la inestimable ayuda de los bombarderos Stuka proporcionados por Adolf Hitler para aplastar la democracia en España. La lucha fue encarnizada, ya que tampoco los defensores de la ciudadela tenían retirada posible, y conocían de antemano el destino que les esperaba a manos de los soldados más brutales y sanguinarios de que disponían los sublevados. La legión y los regulares era gente curtida en abusos y maltratos sobre los marroquíes, mercenarios que mataban por la paga.

Sin embargo, y a pesar de la brutalidad del enfrentamiento, se podría aducir que fueron avatares de la guerra, inevitables en un enfrentamiento armado entre dos ejércitos. Lo que ya resulta difícilmente justificable es lo que sucedió en Badajoz una vez fue tomada por las fuerzas rebeldes. A pesar de los reiterados intentos de los pseudohistoriadores antes citados por tapar las atrocidades cometidas por Yagüe y sus hombres, varios corresponsales de medios extranjeros comprobaron con sus propios ojos cómo las tropas nacionales se dedicaron durante varios días al exterminio de cualquier vecino de la ciudad al que se le sospechara simpatía por la República. Las crónicas en los periódicos de media Europa dan fe de ello:

(…) alrededor de mil doscientas personas han sido fusiladas (…) Hemos visto las aceras de la Comandancia Militar empapadas de sangre (…) Los arrestos y las ejecuciones en masa continúan en la Plaza de Toros. Las calles de la ciudad están acribilladas de balas, cubiertas de vidrios, de tejas y de cadáveres abandonados. Sólo en la calle de San Juan hay trescientos cuerpos (…)

Jacques Berthet, 15 de agosto de 1936. Fuente: Wikipedia.

Elvas, 17 de agosto. Durante toda la tarde de ayer y toda la mañana de hoy continúan las ejecuciones en masa en Badajoz. Se estima que el número de personas ejecutadas sobrepasa ya los mil quinientos. Entre las víctimas excepcionales figuran varios oficiales que defendieron la ciudad contra la entrada de los rebeldes: el coronel Cantero, el comandante Alonso, el capitán Almendro, el teniente Vega y un cierto número de suboficiales y soldados. Al mismo tiempo, y por decenas, han sido fusilados los civiles cerca de las arenas.

Le Populaire, 18 de agosto de 1936. Fuente: Wikipedia.

Cadáveres de fusilados a los que seprendió fuego con gasolina para hacer desaparecer los cuerposSe calcula que, en total, alrededor de cuatro mil personas fueron fusiladas en Badajoz tras la toma de la ciudad por el bando sublevado a las órdenes de Yagüe. Evidentemente, el cementerio de la ciudad se quedó rápidamente pequeño para semejante aglomeración de cadáveres, por lo que estos empezaron a ser amontonados y quemados para, posteriormente, arrojarlos a una fosa común… a una de esas muchas fosas comunes que el actual líder del partido en la oposición Mariano Rajoy (en cuyo partido milita -o al menos militaba- el ínclito historiador Ricardo de la Cierva) no quiere destapar por aquello de “no reabrir heridas”. ¡Tiene coj… narices la cosa!

Fusilados en la tapia del antiguo cementerio de BadajozSegún algunas versiones, incluso se llegó a convertir la matanza en un espectáculo público-festivo, al llevar a muchos prisioneros a la plaza de toros, donde eran fusilados tras haber sido objeto de todo tipo de vejaciones y torturas.

Tras la contienda civil, Yagüe fue promovido a altos cargos en el ejército aunque, al igual que sucediera con Queipo de Llano, Franco soportaba muy mal la crítica, ya que él era Caudillo de España por la Gracia de Dios, como bien rezaba en las antiguas pesetas. De este modo, y con algún que otro vaivén en su carrera militar, Juan Yagüe terminó abandonando este mundo en 1952, pasando a la historia como un fascista asesino y cobarde… uno más, por mucho que la señora Yagüe piense que no.

Galería de personajes siniestros (IV): Gonzalo Queipo de Llano

Creo que traer hoy aquí a este personaje es apropiado, por cuanto hay quien pretende “limpiar” su imagen de villano sanguinario, edulcorando la historia y falseándola cuando se hace necesario. Teniendo en cuenta que los instigadores de semejante lavado de cara son los pseudo-historiadores revisionistas César Vidal y Pío Moa, y lo bien posicionada que se encuentra la familia del ex-asesino Queipo de Llano en el mundo universitario, y más concretamente en las cátedras de Historia, no me extrañaría que la maniobra les saliera bien, convenciendo a la masa borrega de derechas de la veracidad de sus patrañas. Al fin y al cabo, se trata de una masa bien entrenada, tanto por los dos escritores antes citados como por otros elementos de la misma catacumba ultraderechista, como Federico Jiménez Losantos. Desde luego, la visión del personaje que hoy quiero mostrar aquí nada tiene que ver con la que se esperaría del revisionismo filofascista.

Gonzalo Queipo de Llano y Sierra llegó al mundo en 1875, el mismo año en que los borbones recuperaban el trono con la ayuda, claro está, del general golpista Pavía. El año anterior, con absoluto desprecio de las instituciones, la Guardia Civil y el mismo Pavía a lomos de su caballo entraban en el Congreso, terminando con la Primera República Española y con el sueño del federalismo que hubiera podido vertebrar un Estado Español más coherente. De aquellos polvos, estos barros.

La cosa es que Gonzalito se crió durante el reinado de Alfonso XII, echando los dientes en el ejército a medida que España iba perdiendo sus posesiones coloniales. Primero en cuba, y luego en África, Queipo fue ascendiendo en el escalafón hasta que en 1923, cuando Miguel Primo de Ribera (el papá de José Antonio, el de la Falange) se hizo con el poder, ya era general. Muy pronto iba a ponerse de manifiesto que la lealtad de Don Gonzalo a sus mandos dependería en gran medida de sus propios intereses personales. Como buen trepa, su máxima era “Quítate tú pa’ ponerme yo”, fuera quien fuese ese “tú”. Conspiró contra Primo de Rivera, cosa que le costó la destitución. De aquella época es el pasaje anecdótico en que Queipo de Llano tuvo que subsistir fabricando jabón y vendiéndolo por los comercios. Después de ser rehabilitado por la dictablanda de Berenguer, volvió a conspirar contra el gobierno, y esta vez tuvo que salir por patas, refugiándose en una Portugal ya gobernada por la interminable dictadura militar lusa que perduraría hasta 1974.

Hasta entonces, nadie diría que Gonzalo alcanzaría el poder que luego alcanzó. La oportunidad de su vida iba a dársela la Segunda República, que le permitió volver a España y reincorporarse al ejército. Los republicanos suponían que, habiendo intrigado contra Primo de Rivera, Queipo sería un afecto a la causa republicana. ¡Qué equivocados estaban! Le entregaron el equivalente a una capitanía general, e incluso emparentó con el Presidente Alcalá Zamora, pegando uno de los mejores braguetazos políticos posibles en la época.

La cosa le iba de perlas, hasta que las izquierdas llegaron al poder tras las elecciones de 1936. Entonces, algunos de los mandos más reaccionarios de las fuerzas armadas decidieron que la lealtad al gobierno tenía un límite, y que había que salvar a España de sí misma. Si por el camino había que exterminar a la mitad de los españoles, qué se le iba a hacer. Queipo de Llano, que siempre anduvo bien de olfato, rápidamente se olió de dónde venía el viento, y se alió con los golpistas, comprometiéndose a secundarles llegado el momento.

Y el momento llegó, y con él la oportunidad de Queipo para iniciar una carrera criminal que le llevaría a obtener todo tipo de condecoraciones, títulos y honores. Como principal autoridad  militar de Andalucía, se mantuvo en una postura ambigua durante los primeros estadios del golpe militar del 18 de julio de 1936, asegurando su fidelidad a la República mientras al mismo tiempo iba cerrando la trampa contra la resistencia organizada por los republicanos, sobre todo en Sevilla y Granada. Cuando la trampa estuvo completada, finalmente abandonó la ambigüedad que había mantenido hasta entonces y se hizo con el control del ejército. Una hábil, aunque cobarde maniobra que le permitió de camino mantenerse un tiempo al margen mientras averiguaba si la cosa esa del golpe saldría adelante o no.

Queipo no dudó ni por un momento en utilizar todos los medios a su alcance para “pacificar” a la ciudadanía. Usó con una desproporción sin precedentes la artillería contra los barrios populares sevillanos, así como el asesinato indiscriminado de todo aquel que se opusiera a los golpistas o fuese sospechoso de simpatizar con la República. La mayor parte de las veces, una simple denuncia sin verificar de un vecino podría bastar para dar el paseo a cualquiera, tuviese o no relación con la política. Queipo fue el iniciador de una serie de atrocidades que muy pronto iban a convertirse en la tónica general de la contienda: el secuestro, el encarcelamiento, el asesinato o la desparición sin ningún tipo de base legal ni evidencias en contra de las víctimas.

Durante la contienda, Queipo de Llano se deleitaba aterrorizando a la población tanto de la zona republicana como de la que ya se encontraba bajo el dominio de los sublevados a través de la radio. Sus arengas incitando al asesinato y a la violación de civiles forman parte ya de la vil historia del fascismo más reaccionario:

“Nuestros valientes Legionarios y Regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombre de verdad. Y, a la vez, a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen.

Mañana vamos a tomar Peñaflor. Vayan las mujeres de los “rojos” preparando sus mantones de luto.

Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: ¡Morón, Utrera, Puente Genil, Castro del Río, id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar como a un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros; que si lo hiciereis así, quedaréis exentos de toda responsabilidad”.

A Queipo de Llano se le atribuye la orden directa de asesinar, entre otras nueve mil personas, a Federico García Lorca, ordenando que “le den dos tiros en el culo por rojo y por maricón”, aunque su frase favorita era “que le den café”. Cuando Queipo invitaba a alguien a tomar café, la familia del invitado ya podía preparar la ropa de luto. Queipo es el principal responsable de las decenas de miles de asesinados que pueblan las cunetas de Andalucía, ya que a su afán sanguinario, que le llevó a dictar cientos de sentencias de muerte de su propia mano, se unía la alegría con la que alentaba a sus cómplices para imponer el terror asesinando a todo el que se le pusiera por delante. Al término de la guerra, Andalucía era ya un inmenso cementerio, pero tal vez lo peor vendría después.

Además de en un cementerio, Queipo convirtió a Andalucía en su cortijo particular. Gonzalo, Gonzalito, aquel al que los golpistas del 36 habían enviado a Sevilla “la roja” casi seguros de su derrota, no sólo había triunfado en la parte que le correspondía de la guerra, sino que había decidido con su encarnizado proceder el transcurso de la misma. Ahora Andalucía era suya, y allí se hacía lo que él dictara. Era un “minidictador” dentro de una dictadura, con poder sobre la vida y la muerte de los andaluces. Gonzalo Queipo de Llano empezó también a llevárselo calentito a base de repartir prebendas, licencias y terrenos arrebatados a sus legítimos y en muchos casos asesinados propietarios; pero claro, cualquiera le chistaba al carnicero de Sevilla

Ahora viene la anécdota personal: Mi anciana abuela, que murió recientemente, siempre contaba a todo el que quisiera oirla cómo durante la guerra y hasta años después de terminada la misma, debía esperar muchas mañanas a que fusilaran a los condenados delante de la tapia del cementerio de San Fernando de Sevilla antes de poder pasar a trabajar en la ciudad. Me crié con esa lección de memoria histórica contada en primera persona, y nunca olvidaré el tono con que lo contaba. Muchos de aquellos asesinatos se realizaron bajo el mandato absolutista del virrey de Andalucía, Don Gonzalo Queipo de Llano.

Curiosamente, sólo había una cosa en el mundo que asqueara a Queipo de Llano más que los rojos: el mismo Caudillo Francisco Franco. Queipo solía referirse en público a Franco como “Paca la culona”, una expresión inusitada por lo atrevida, y que sólo puede comprenderse por el enorme poder personal que atesoraba este criminal de guerra y de posguerra, que además había sido el superior de Franco durante la campaña Africana. Sin embargo, teminada la guerra civil, los traidores a la República se vieron en la obligación de articular un remedo de estado y de inventarse una “legalidad” donde por descontado, los excesos personales de Queipo no cabían. El nuevo régimen personalista de Franco no podía dejar suelto a semejante energúmeno, que ya había demostrado su afición imparable a levantarse contra sus superiores, de manera que le ofrecieron largarse por las buenas (imagino que insinuándole alguna escabrosa solución alternativa).

Durante un tiempo estuvo en la Italia de Mussolini, literalmente “quitado de enmedio”, pero en 1942 le dejaron regresar a Sevilla, aunque ya como general en retiro forzoso. Así y todo, su influencia sobre la vida sevillana fue enorme, y aún se deja notar en muchos ámbitos. Los barrios de San Gonzalo y de Santa Genoveva deben su nombre al sanguinario virrey y a su esposa, Doña Genoveva Martí. El que aquí les escribe, sin ir más lejos, cursó parte de sus estudios de primaria en el Colegio Nacional Queipo de Llano (hoy convenientemente rebautizado Colegio Arias Montano, un personaje histórico infinitamente más decente que el protagonista de esta entrada). La virgen de la Esperanza Macarena procesiona cada año ciñendo el fajín de general de tan ilustre genocida, y no se le cae su finamente tallada cara de vergüenza por ello, y a los hermanos macarenos tampoco a pesar del escándalo. No en vano, el carnicero de Sevilla se encuentra enterrado junto con su esposa dentro de la basílica de la Macarena, en loor de santidad. Desde ya afirmo que, de existir un Cielo (cosa que me sorprendería mucho), y en el improbable caso de que este tipo estuviera en él, yo quiero ir al Infierno, donde seguro que encontraré a muchos de los justos a los que Queipo de Llano mandó asesinar. Ya se sabe: “Dime con quien andas…”

(Imagen cementerio: Foro por la Memoria)

Galería de personajes siniestros (III): Pol Pot

Del mismo modo que cuando hace calor salen las cucarachas de sus cubiles para buscar alimento, existen individuos que esperan su oportunidad para medrar en la política o en el poder.

Pol Pot era una de esas cucarachas… perdón; era uno de esos individuos. El calorcito para su ascensión al poder iban a proporcionarlo, como no podía ser de otro modo, los Estados Unidos de América. Un calorcito con olor a napalm.

Pero empecemos esta triste historia desde el principio…

Pol Pot era hijo de la élite burguesa camboyana. Nació en 1925 y fue criado cerca de la corte. Incluso estaba emparentado “políticamente” con la familia real Norodom. Esto le abrió las puertas a algo a lo que poquísimos camboyanos tenían acceso en 1948: Estudiar en París, la metrópolis que gobernaba en la Indochina de posguerra.

Y desde luego, Pot Pot (que por entonces se llamaba Saloth Sar), iba a aprovechar su estancia en Francia. Estudiar, lo que se dice estudiar, no estudió. Supongo que es lo que pasa cuando un provinciano con recursos llega a París con 23 añazos. Lo que sí hizo fue ponerse en contacto con todo tipo de movimientos comunistas europeos, e incluso fundó una célula nacionalista camboyana de corte comunista. Era el embrión de los que luego adoptarían el temido nombre de Jemeres Rojos. Pol Pot es el vivo ejemplo de lo pernicioso que resulta un niño pijo con veleidades políticas. A su vuelta a Camboya en 1953, expulsado de Francia por desaprovechar descaradamente su beca de estudios, se daría mucha prisa por hacerse un sitio entre los incipientes partidos independentistas.

Pol Pot no admitía injerencias políticas provenientes de los países vecinos, sobre todo de Vietnam. Allí tenían un líder fuerte: Ho Chi Minh, que en 1954 le había dado un considerable sopapo a los franceses en Dien Bien Phu, obteniendo la independencia de facto de Vietnam del Norte. En una ocasión futura hablaré de lo que me parecen los movimientos nacionalistas “de izquierdas”. Por ahora, baste con decir que todos estos líderes regionales combinaban el ideario comunista con un nacionalismo cerril, exacerbado, que a la postre iba a conducirles a la guerra dentro de sus propios países y contra sus vecinos.

Aquel año de 1954, Francia decía adiós a sus posesiones en Indochina. Vietnam, Laos y Camboya comenzarían su camino como estados independientes. Poco después comenzaría la Guerra de Vietnam, donde el Norte, comunista y gobernado por Ho Chi Minh, se enfrentaría al Sur, capitalista y apoyado por los Estados Unidos. En breve, toda la Indochina se vería incendiada por esta guerra ilegal, promovida por los Estados Unidos en su intento de restar espacios al comunismo.

Aunque el príncipe Norodom Sihanouk, jefe del estado camboyano, declaró a su país neutral en el conflicto, los Estados Unidos, con la excusa de que se estaba dando apoyo al Vietcong desde Camboya, bombardeó el país en 1969. Fue éste un bombardeo ilegal, secreto y, a la postre, inútil, ya que sus consecuencias iban a ser mucho peores que el mal que los Estados Unidos trataban de erradicar. Al parecer, los errores militares de los Estados Unidos son un hecho recurrente en la Historia. En 1970, el principe Sihanouk fue depuesto por un golpe de estado militar pro-norteamericano, y después de años de clandestinidad y anonimato, Pol Pot tuvo su oportunidad de hacerse con el poder.

Enarbolando la bandera del nacionalismo, Pol Pot y su grupo de secuaces crearon la guerrillla de los Jemeres Rojos, refugiándose en las selvas del norte del país. Estaban apoyados por China y por el Vietcong, y entre 1970 y 1975 fueron ganando territorios contra el gobierno del dictador Lon Nol hasta que consiguieron poner sitio a la capital del país: Phnom Penh. Aquel año, los Estados Unidos se retiraban también definitivamente de un Vietnam en manos de los comunistas, y Pol Pot se quedó de repente sin oposición alguna a sus ambiciones.

Lo que sucedió después se conoce en el mundo entero como el Genocidio Camboyano. Pol Pot puso en marcha una terrible maquinaria de “purificación” que le llevaría a exterminar a la cuarta parte de los camboyanos. En total, más de un millón y medio de personas fueron asesinadas por el régimen totalitario más salvaje y descerebrado de la Historia. Millones de personas fueron trasladadas a los campos para trabajar como esclavos. Los intelectuales, o aquellos de los que se sospechara simplemente que podían serlo, fueron sometidos a torturas y asesinatos. Miles de personas fueron exterminadas por el simple hecho de haber sido “delatadas” por alguien bajo tortura.

Pol Pot y su camarilla se emplearon a fondo en la “deconstrucción” del país, con el fin de crear un estado comunista perfecto. Abolieron la moneda, los mercados… destruyeron las infraestructuras y convirtieron a toda la población en agricultores. En pocas palabras, devolvieron el país a la Edad Media, de forma consciente y sin reparar en los sufrimientos del pueblo camboyano.

Durante los tres años siguientes, el mundo vivió ajeno a lo que sucedía dentro de las fronteras de Camboya. En su locura nacionalista, Pol Pot creyó que podría arrebatar a los vietnamitas la provincia de Kampuchea Krom, en manos de Vietnam desde el siglo XIX, y ese fue el error que condujo al fin de su régimen. Los vietnamitas eran un pueblo acostumbrado a la guerra, y contaban con miles de veteranos de la reciente guerra contra Estados Unidos. Además, contaban con un importante número de refugiados camboyanos que se sumaron de forma entusiasta a la invasión de Camboya.

Tratándose Camboya de un país eficientemente destruido, a Vietnam le costó menos de un mes hacerse con el control. En enero de 1979, casi toda Camboya estaba conquistado por Vietnam. A pesar del apoyo de China a los genocidas de Pol Pot, que les llevó incluso a invadir Vietnam en represalia, la carrera asesina de Pol Pot había terminado. Tras formarse un nuevo gobierno en Camboya, hasta sus Jemeres Rojos le abandonaron, cargándole el mochuelo del genocidio y de todos los males del país. En gran parte, tenían razón, pero lo sucedido en Camboya entre 1975 y 1978 no fue obra de una sola persona, sino de muchos que terminarían escapando a las consecuencias de sus actos.

Pol Pot viviría veinte años más, durante los cuales fue arrinconado en la selva, donde su guerrilla se debilitaba día a día. Entre 1978 y 1988, incluso los Estados Unidos quisieron utilizarle como contrapeso contra los vietnamitas, lo que da muestra de la falta de principios de algunos políticos, sobre todo cuando el horrible genocidio camboyano era noticia en todo el mundo. También China mantuvo durante un tiempo su apoyo al ex-dictador para oponerlo a los vietnamitas.

Con el tiempo, la situación política iría estabilizándose en Indochina, y en 1997, Pol Pot fue hecho prisionero de sus propios guerrilleros, que le “juzgaron” y condenaron a prisión perpetua. Al año siguiente, este gusano, vergüenza de la especie humana, murió en las selvas camboyanas. Aquel mismo año de 1998 (anteayer, como quien dice), los últimos Jemeres Rojos eran desarticulados, y algunos de sus líderes terminarían entre rejas, mientras otros disfrutarían del indulto del gobierno.

Como homenaje a tantas víctimas camboyanas inocentes, les dejo con este tema de la película “The Killing Fields”, titulada en España como Los Gritos del Silencio: Una historia real sobre la peripecia de un fotógrafo que sobrevivió a los campos de la muerte de Pol Pot.

Galería de personajes siniestros (II): Joseph Mengele

La Historia pone siempre a las personas en el lugar que les corresponde. Cuando todos los que nos conocen hayan muerto, será el frío análisis histórico el que ponga en la balanza las buenas y las malas obras, para decidir quién fue el héroe y quién el villano. Mientras tanto, los que somos hijos de una época tenderemos a juzgarla a ella y a sus protagonistas bajo el prisma de nuestros sentimientos.

Pero para algunos personajes no es necesario esperar tanto. El siglo XX ha sido pródigo en personajes monstruosos que sólo han sabido aportar muerte y destrucción, que no resisten ni el más benevolente de los juicios morales. De entre ellos sobresale como ninguno el personaje que hoy traigo a esta página: el doctor Joseph Mengele.

Como dice Luis en un comentario a la primera entrega de esta serie, parece que las dictaduras necesitan de este tipo de personajes siniestros para que les hagan el trabajo sucio. En este caso, la Alemania Nazi necesitó un verdadero ejército de personajes siniestros para llevar a cabo su macabro plan de exterminio de las minorías étnicas de Europa. Un ejército de monstruos que, en muchos casos, terminaron sus días apaciblemente tomando el sol en las playas de Sudamérica o en la Costa del Sol española. También éste fue el caso de nuestro personaje de hoy. Como curiosidad, Mengele comparte apodo con el primer personaje siniestro de la serie, Alfredo Astiz: “El Ángel de la Muerte”, si bien el despreciable Astiz no llegaba en monstruosidad ni a las suelas de los zapatos de Mengele. Digamos que, en cuestión de genocidios, Astiz jugaba en Tercera Regional, mientras Mengele es el indiscutible ganador de la Champions League de los monstruos.

El mundo tuvo la desgracia de recibir a Joseph Mengele el 16 de marzo de 1911. Nacido en una acaudalada familia de la burguesía alemana, Joseph estudió medicina en las mejores facultades de Alemania, mientras papá Mengele iba tomando contacto con la élite del Partido Nazi, incluso invitando a Hitler a su propia casa. Así Joseph se vio rápidamente introducido en el centro de lo que, con el tiempo, se iba a convertir en la maquinaria del poder en Alemania. Sus ideas ayudaban, porque ya desde muy joven fue un racista y un nazi convencido, muy predispuesto para la labor que iba a llevar a cabo.

Lo más curiososo es que Joseph participó en los combates del Frente Ruso durante la Segunda Guerra Mundial, incluso siendo herido en uno de ellos, y no comenzó su trabajo como médico en los campos de exterminio hasta 1943, cuando Alemania había ya empezado el lento retroceso que le conduciría a la derrota final. En este año, 1943, Joseph Mengele ingresó como oficial médico en el campo Auschwitz-Birkenau que pasó a la Historia con el nombre de Auschwitz; un campo de exterminio sobre el que ya hemos hablado algo en este blog en una reciente entrada.

No voy a relatar los experimentos a los que este villano sometió durante 22 meses a los prisioneros, porque de nada sirven ni a la ciencia ni a la memoria. Baste decir que este individuo cometió las atrocidades más indecibles con todo tipo de personas, ya fueran hombres, mujeres, niños, ancianos, y que casi todas estas prácticas terminaban con la muerte del infeliz sujeto de la experimentación. También seleccionó personalmente a miles de personas para que fueran conducidas a las cámaras de gas y a los hornos crematorios del campo de exterminio. Incluso en el caso de que Mengele hubiera sido detenido y juzgado por sus crímenes, ningún castigo conocido podría estar en proporción a los crímenes que cometió.

Pero no. El destino de Mengele no sería sentarse en los banquillos de los acusados de Nuremberg. El Ángel de la Muerte escapó de la debacle nazi de 1945 gracias a una identidad falsa y, presumiblemente, a su buena red de contactos en Alemania. Europa no era un lugar seguro para él, así que se desplazó a Sudamérica, donde residió en Paraguay, Uruguay, Argentina y Brasil, siempre amparado por los regímenes totalitarios o de extrema derecha imperantes, que le protegieron de la persecución internacional encabezada por el cazador de nazis Simon Wiesenthal. Ni siquiera el Mossad, el temido servicio de inteligencia israelí, fue capaz de echarle el guante.

Finalmente, el mundo se libró de tan despreciable ser en 1979. Un nazi menos. Nótese que, a medida que he ido escribiendo la entrada, me he ido calentando, lo que no era mi intención original. Suerte que no estoy en Wikipedia y me puedo pasar el Punto de Vista Neutral por el forro, que si no…

Para saber más:

  • Joseph Mengele, el “Ángel de la Muerte”, en sgm.casposidad.com
  • Cabrones históricos (I) – Joseph Mengele (El Ángel de la Muerte), en Avalon
  • Entrevista a Ella Lingens, en Diario El País

Galería de personajes siniestros (I): Alfredo Astiz

Los apodos del ex-capitán de fragata de la Armada Argentina, Alfredo Ignacio Astiz, lo dicen casi todo de él. Para la historia negra de la Argentina será conocido siempre como El Ángel Rubio y El Ángel de la Muerte. Militar golpista, espía infiltrado, torturador y asesino, vive hoy en libertad en Argentina mientras existe una orden de detención internacional dictada contra él por Francia, donde se le ha condenado a cadena perpetua en rebeldía.

Es difícil adentrarse en la biografía de un sujeto como éste sin sentir de cerca la náusea que provoca un villano de tal magnitud. Baste con decir que desde los primeros momentos del golpe de estado militar argentino de 1976, Astiz fue destinado a la siniestra Escuela de Mecánica de la Armada, que iba a convertirse en el mayor centro de tortura y exterminio de la dictadura. Está documentado que no menos de 5.000 personas desaparecidas pasaron por estas instalaciones; presumiblemente también por las manos de Alfredo Astiz. El 95% de las personas secuestradas en este lugar, después de ser torturadas, eran sedadas y conducidas a un aeródromo donde las embarcaban en los macabros vuelos de la muerte, siendo arrojadas al océano desde gran altura como método para hacer desaparecer sus cuerpos.

Astiz participaba de todas las fases de la represión fascista argentina. Infiltrado en los grupos opositores y haciéndose pasar por familiar de un desaparecido, recababa información sobre identidades y lugares de reunión para, posteriormente, secuestrar a los opositores, conducirlos a la ESMA, torturarlos y, finalmente, asesinarlos. De esta forma acabó con la vida de los componentes del grupo de derechos humanos de la Iglesia de Santa Cruz, entre los que se encontraban las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet, así como algunas de las Madres de la Plaza de Mayo, un grupo compuesto por mujeres que hasta en los peores tiempos se enfrentaron a la dictadura exigiendo la devolución de sus hijos y familiares desaparecidos.

Precisamente la desaparición de las monjas francesas y de una muchacha de nacionalidad danesa llamada Dagmar Hagelin (fotografía a la derecha) fue lo que provocó que tanto Francia como Suecia se interesaran por los crímenes de Astiz. Unos crímenes por los que finalmente no ha llegado a pagar por la incompetente actuación de… el Reino Unido. Me explico:

Cuando en 1982 estalló el conflicto de las Malvinas, los crímenes de este individuo eran ya sobradamente conocidos en Europa y Estados Unidos. Su fotografía incluso había aparecido en la prensa internacional como responsable directo del secuestro y asesinato de la joven danesa Dagmar Hagelin, y los testimonios que le involucraban en otros crímenes eran abundantes. Astiz participó en la Guerra de las Malvinas, aunque no se puede decir que la “valentía” demostrada ante las tropas británicas fuese tan firme como la que exhibió contra los opositores desarmados al régimen militar argentino.

Según se dice, rindió el pabellón argentino al primer disparo, y fue hecho prisionero por los ingleses. Vamos, que en cuanto tuvo que enfrentarse a alguien medianamente peligroso se comportó como lo que realmente es: un auténtico cobarde. La foto de la izquierda muestra el heroico momento en que Astiz firma su rendición.

Entonces, Astiz fue hecho prisionero por los ingleses. Aunque terminada la guerra se produjo una fuerte presión internacional para que fuera extraditado a Francia o Suecia, la entonces primera ministra Margaret Thatcher le devolvió a Argentina tomando en consideración únicamente la Convención de Ginebra. Aquel día, Europa perdió la oportunidad de juzgar por sus crímenes a un verdadero genocida.

Por suerte, la dictadura argentina no sobrevivió a la derrota en las Malvinas, pero poco después, una tímida democracia elaboró las llamadas “leyes de obediencia debida y de punto y final” por las cuales prácticamente todos los asesinos de la dictadura podrían quedar impunes de los crímenes cometidos. Astiz fue uno de los beneficiados, aunque las órdenes internacionales de detención dictadas contre él le impedirían abandonar Argentina para siempre.

Recluido en su propio país, su vida fuera de la Armada no ha sido todo lo apacible que él hubiera querido. Ya son varias las ocasiones en las que, al aparecer en un lugar público, ha sido agredido al ser reconocido por la gente. En realidad, y aunque no se encuentre físicamente en la cárcel, vive condenado al ostracismo, sin tener muy claro que un buen día pueda terminar dando con sus huesos en una prisión argentina o francesa. Esperemos que así sea, y que sea pronto.

Nota:

Espero que los posibles lectores, argentinos o no, sepan perdonar y corregirme las imprecisiones y errores que haya cometido. He tratado de contar “grosso modo” la historia de este personaje, aunque entiendo que desconozco gran parte del contexto histórico en el que se produjeron los hechos narrados. En todo caso, vayan mis disculpas por anticipado.

Actualización (27 de octubre de 2011):

El ex-capitán de la marina argentina Alfredo Astiz ha sido condenado por un tribunal argentino a cadena perpetua por los delitos de lesa humanidad cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada. Me parece oportuno reseñar este hecho aquí, ya que estaba extrañado por los recientes comentarios realizados por simpatizantes del genocida Astiz, y ahora, con esta noticia, entiendo mucho mejor el desasosiego que movía a estos comentaristas para volcar su dialéctica pro golpista en mi página. A todos ellos: se siente. Tarde o temprano, el que la hace la paga.