Mis imágenes de cabecera explicadas (VI): Guernica, abril de 1937

Lo de Guernica fue un experimento, como tantos otros experimentos macabros que tuvieron como escenario la Guerra Civil Española, que fue una guerra cutre y pueblerina donde las exquisitas potencias democráticas de Europa no quisieron ensuciarse las manos, dejándonos en manos de los sublevados fascistas capitaneados por Franco y sus aliados Hitler y Mussolini.

Y qué mejor que una guerra para probar sobre el terreno lo que Hitler había estado preparando durante los últimos años: una forma de guerra novedosa donde atacar primero, atacar por sorpresa y darle al enemigo donde más le doliera era clave para obtener la victoria.

Había que dejar la moral de lado para hacer lo que se tenía que hacer, porque sólo así era posible justificar atrocidades perpetradas contra civiles indefensos como la masacre de Badajoz de agosto de 1936, el bombardeo de Málaga de febrero de 1937 (incluyendo el bombardeo y el ametrallamiento de los refugiados que huían por la carretera de Almería) y, por supuesto, el bombardeo de Guernica de abril de 1937.

Porque utilizar una fuerza aérea tan desproporcionada como la que se usó para bombardear Guernica (un pueblo que por entonces no pasaba de los 5.000 habitantes) sólo se puede explicar desde la óptica de la experimentación. Los alemanes querían saber si era posible reducir una población a escombros desde el aire, aniquilar la retaguardia enemiga de forma exhaustiva y romper la moral del adversario y sus líneas de abastecimiento, transporte y comunicaciones a un mismo tiempo.

El resultado fue un pueblo histórico reducido a cenizas, un número indeterminado de muertos (que el bando vencedor se preocupó muy bien de ocultar) y un escándalo a nivel internacional por el desprecio que el ejército fascista demostraba por la vida de los civiles. Escándalo que, si no fue a más, es porque las potencias estaban demasiado ocupadas apaciguando a Hitler.

Picasso empezó a pintar el Guernica un mes después del bombardeo de esta localidad vizcaína, siendo exhibido en la Exposición Internacional de París de 1937. Hoy puede contemplarse en el Museo Reina Sofía de Madrid.

A vista de pájaro: Taj Mahal


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¿Qué infinita desolación, que amarga tristeza por el amor vivido y perdido tuvo que sentir el Shah Jahan para construir esta maravilla, esta tumba y a la vez monumento imperecedero al amor?
Taj Mahal in March 2004El Shah Jahan construyó el Taj Mahal a mediados del siglo XVII como mausoleo para su esposa favorita, fallecida durante el parto de su decimocuarto hijo. Contemplar este monumento a vista de pájaro sería perder la exquisitez de los detalles, así que, para los que puedan permitírselo, es mejor viajar al norte de la India y visitarlo en persona.

Mis imágenes de cabecera explicadas (V): Vergara, 1839

En el pedestal de granito que sustenta la estatua del general Espartero en Madrid, frente al parque del Retiro, puede leerse en grandes letras mayúsculas de bronce:

A
ESPARTERO
EL PACIFICADOR
1839
LA NACIÓN AGRADECIDA

Baldomero Espartero 01Y no es para menos, porque el general Baldomero Espartero fue una pieza clave de la historia española del siglo XIX: un militar que luchó contra los franceses en la Guerra de Independencia, contra los independentistas americanos en Perú y contra los carlistas en tierras vascas y navarras. Fue tres veces presidente del Consejo de Ministros, regente del reino durante parte de la minoría de edad de Isabel II, vivió el exilio en Inglaterra, y tras el destierro de la Reina Isabel en 1868 se le llegó a ofrecer la corona de España, que rechazó. Hubiera sido cuanto menos interesante saber qué hubiera sido de este país de haber sido gobernado por una hipotética «dinastía Espartero».

Pero tal vez sea la imagen que ilustra esta entrada la más significativa de la biografía del afamado general. Tras seis años de una cruenta guerra civil entre los partidarios del infante Carlos María Isidro y los de la reina Isabel II, que desangró a España incluso más que la Guerra de Independencia contra la Francia de Napoleón, el 31 de agosto de 1839 se ponía punto y final a la Primera Guerra Carlista con el abrazo entre el general Maroto y el general Espartero en Vergara.

Aunque la triste historia de las guerras carlistas no terminaría allí, y el conflicto se prolongaría durante buena parte del siglo XIX, este momento de la historia fue uno de esos raros puntos de encuentro de la atribulada historia de nuestro país; un recordatorio de que incluso en la más absoluta confrontación fratricida cabe la reconciliación y la paz. Creo que es una buena lección para los tiempos que corren.

Mis imágenes de cabecera explicadas (IV): Nôtre Dame, 1804

El día 2 de diciembre de 1804, a despecho del resto de las potencias absolutistas europeas, se celebraba un acontecimiento histórico bajo las bóvedas de piedra de la catedral de Nôtre Dame de París: el cónsul de la República Francesa se convertía en Emperador de los Franceses por aclamación popular.

Napoleón Bonaparte está considerado como el personaje clave para entender el tránsito entre la Edad Moderna y la Edad Contemporánea. Su meteórica ascensión militar y política, conseguida exclusivamente gracias a su talento innato para el arte de la guerra, a su carisma para con el ejército y el pueblo y a su agudo instinto político, le llevaron desde un humilde puesto de teniente a convertirse en el general más joven de la República, y posteriormente al gobierno de la misma como Cónsul.

Mi verdadera gloria no está en haber ganado cuarenta batallas; Waterloo eclipsará el recuerdo de tantas victorias. Lo que no será borrado, lo que vivirá eternamente, es mi Código Civil.

Napoleón Bonaparte, en su exilio de Santa Elena.

Fuente: Wikipedia.

Como Cónsul de Francia, Napoleón llevó la política por fin al terreno social, impulsando un nuevo código de leyes más moderno (que hoy se sigue estudiando en Derecho como «Código Napoleónico», modelo para los códigos civiles actuales en muchos países), así como creando los Liceos para fomentar la educación. El pueblo francés -excepción hecha, claro está, de los monárquicos partidarios del regreso de los borbones- estaba encantado con el gobierno de Napoleón, y cuando se realizó un referéndum para proclamarle emperador el sí fue abrumadoramente mayoritario.

Los liberales europeos veían a Napoleón como un rayo de esperanza ante un sistema monárquico caduco, y despertaba simpatías en muchos países, aunque este acto de coronación imperial rompió los sueños de algunos de sus simpatizantes. Entre estos se encontraba el compositor alemán Ludwig van Beethoven, quien hacía poco que acababa de componer su Tercera Sinfonía, a la que había titulado Bonaparte en honor al cónsul francés. Tras conocer la noticia de la coronación de Napoleón, Beethoven tachó el nombre de Bonaparte del título de su sinfonía, tildando al corso como «un tirano más».

Así pues, puede decirse que aquel 2 de diciembre de 1804 Napoleón ganó un imperio pero perdió una sinfonía.

Mis imágenes de cabecera explicadas (III): Córdoba, año 1000

Mientras en Bagdad el Califato Abasí se desintegraba por las guerras civiles y en Europa agonizaban los últimos restos del Imperio Carolingio, la ciudad de Córdoba era la capital de un poderoso estado gobernado por los califas de la dinastía Omeya, quienes se autoproclamaban últimos descendientes del mismísimo Mahoma.

Seguramente la Mezquita de Córdoba sea el monumento más representativo de la España del siglo X. Su construcción comenzó a finales del siglo VIII y el edificio fue ampliándose a medida que también crecía la influencia, la riqueza y la independencia política y religiosa de Al-Ándalus respecto del resto del mundo musulmán, hasta que a finales del siglo X el gran caudillo Almanzor le dio su forma definitiva.

Hasta la construcción de la Mezquita Azul de la Constantinopla otomana, ya en el siglo XVI, la Mezquita de Córdoba fue el segundo templo musulmán más grande del mundo, sólo por detrás de la Gran Mezquita de la Kaaba en La Meca.

Mihrab de la Mezquita de Córdoba. Origen: Wikimedia Commons. (CC BY-SA 3.0)

El interior de la mezquita es un espacio mágico, donde el visitante se encuentra dentro de lo que Wikipedia define muy bien como «un bosque de 1.300 columnas de mármol, jaspe y granito sobre las que se apoyan trescientos sesenta y cinco arcos de herradura bicolores». También puede admirarse la exquisitez de la decoración en el muro de la Quibla y su Mihrab, que curiosamente (ya fuera por motivos de espacio o por razones políticas) debe ser de los pocos que no están construidos en dirección a La Meca.

En la actualidad la Mezquita de Córdoba alberga en su interior la iglesia catedral de la ciudad, perteneciendo esta obra maestra de la arquitectura califal al Cabildo Catedralicio de Córdoba. Esto significa que, técnicamente, la Mezquita de Córdoba es una propiedad privada, aunque todos la consideremos como parte inalienable de nuestro patrimonio nacional.