El robo más grande de la historia de Cataluña

Éste es un vídeo que ha sido censurado por orden judicial en la revista Cafe amb Llet. Me parece importante reproducirlo aquí y darle difusión para que los poderes entiendan que para evitar las malas noticias no es suficiente con matar al mensajero. Y la mala noticia en este caso es que, muy probablemente, se está cometiendo una malversación de fondos públicos a gran escala en el sistema sanitario catalán mientras se racanea con medios y tratamientos para los pacientes que, al fin y a la postre, son los que pagan las facturas y las consecuencias nefastas de un sistema podrido.

No quiero ser malpensado, pero…

…estoy viviendo toda esta polémica sobre las aspiraciones independentistas de Cataluña con mucho escepticismo. Me explicaré:

Ambos partidos gobernantes, tanto en España como en Cataluña, son los únicos que siguen manteniendo que la solución a la actual crisis es su política de recortes salvajes, que tantas penurias están haciendo pasar a millones de personas. Ni qué decir tiene que esta política les va a pasar factura en las próximas elecciones, a menos que…

…A menos que tanto Mariano Rajoy como Artur Mas encuentren una forma de galvanizar los sentimientos nacionalistas tanto de nacionalistas catalanes como de nacionalistas españoles hasta el punto de hacerles olvidar sus nefastas acciones de gobierno, y centrar la atención de la opinión pública en el “enemigo exterior”, en un problema de identidad nacional que sea capaz de motivar a la gente para soportar cualquier cosa que estos gobiernos de ultraderecha quieran echarnos encima.

Así que mucho cuidadito con las declaraciones grandilocuentes respecto a la cuestión catalana, porque detrás podría haber una estrategia acordada entre dos dirigentes políticos en apuros para salvar sus respectivos culos aunque sea a costa de buscarnos a todos mucho más que una ruina.

Privilegiado

Sí, querido lector: al parecer, está usted leyendo a un privilegiado de la sociedad. Y le voy a explicar el porqué.

Resulta que ayer mismo alguien me dijo que era un privilegiado por tener trabajo. Me lo dijo sin acritud, desde la perspectiva de quien ya lleva un año en el paro y ve cómo el futuro de su familia se vuelve cada día más incierto. No se lo reprocho, pero me va a tener que permitir que disienta profundamente de esa concepción de la sociedad donde un simple trabajador es un privilegiado.

Tengo un puesto de trabajo muy digno, con un salario suficiente para vivir y un horario que me permite disfrutar de unas horas de tiempo libre cada día. Incluso me puedo permitir elegir las fechas de mis vacaciones o de mis días libres, hasta cierto punto. Llevo más de veinte años trabajando en la misma empresa y no tengo motivo de queja, más allá de detalles de poca importancia. Sin embargo, puedo decir que mi coche es más pequeño, más barato y más viejo que el de la persona que me llamó privilegiado, y que al contrario que ella, yo no tengo pisito en la playa para pasar los fines de semana. Así pues, y aunque vivo una vida digna, no es que me sobre para muchos lujos.

No soy un privilegiado. Decir eso es hacerle el juego a quienes mantienen al país en un permanente equilibrio inestable al borde del abismo económico, con una tasa de paro insostenible donde uno de cada cuatro trabajadores se encuentra sin empleo, y donde los otros tres, bien trabajan en condiciones muy precarias, bien esquivan cada día la espada de Damocles de la temida carta de despido (o SMS de despido, que hasta a eso se ha llegado ya).

Son los individuos que ostentan el poder (un poder que, resignémonos, todos les hemos entregado en bandeja de una u otra forma) los que, consciente y premeditadamente han conducido al país a esta situación, y todo con un objetivo claro: destruir el Estado del bienestar, los servicios públicos y los derechos laborales que tanta sangre obrera ha costado a lo largo del último siglo.

Hay que resignarse a contemplar cómo han tenido éxito en este desempeño: cómo han conseguido demonizar a los sindicatos hasta que los mismos trabajadores huyan de ellos; cómo no dudan en revocar leyes para favorecer la implantación de condiciones laborales aún más precarias que sólo favorecen a los grandes empresarios, mientras hunden al pequeño comercio, que no puede competir ni en precios ni en horarios ni en impuestos con estos tiburones de las grandes superficies; cómo lo que un día fue de propiedad pública acaba en manos de sus amigos a precio de saldo, arruinando la calidad de los servicios necesarios para la ciudadanía como los transportes, la sanidad o la educación en aras del desmesurado lucro de la oligarquía que acapara estos servicios. Un lucro que, por cierto, pagamos con el dinero de nuestros impuestos.

Mientras tanto, una cada vez mayor bolsa de población que ya alcanza a tocar la miseria con los dedos nos recuerda a los trabajadores que somos unos privilegiados por poder llevar un salario digno a casa. En estas condiciones, ¿quién se pone a reivindicar o ni siquiera a defender sus derechos laborales? En las últimas movilizaciones y huelgas he llegado a escuchar a personas desempleadas criticando a aquellos que luchan por sus derechos con el argumento de que bastante tienen con poder ir a trabajar, sin pararse a pensar en qué condiciones están los trabajadores que protestan. Ahora son ellos, los desposeídos de empleo, la mejor defensa del empresario y del gobierno; son ellos los que han puesto el listón de la lucha de clases por debajo de la  clase obrera, metiendo a los trabajadores en el mismo saco de empresarios, políticos, sindicalistas y banqueros, “privilegiados” sin autoridad moral para defender lo que creemos que nos corresponde. Sin embargo ellos, sin cabeza, sin objetivos definidos, sin líderes, sin más ideología que la indignación, pretenden ser la punta de lanza de la revolución por venir en el siglo XXI.

Pues me parece a mí que no.

Los parados perderán su prestación por desempleo si viajan al extranjero

El Estado velará especialmente por la salvaguardia de los derechos económicos y sociales de los trabajadores españoles en el extranjero y orientará su política hacia su retorno.

Art. 42, Constitución Española

No sé… ¿alguien más nota alguna incongruencia entre la letra de la Constitución y el último real decreto del gobierno?

El franquismo en la cultura popular andaluza: el paseo

Parece mentira que, a día de hoy, decenas de miles de españoles permanezcan enterrados en miserables cunetas, mientras la justicia hace oídos sordos a las reclamaciones de sus familiares y mientras el gobierno les insulta, acusándoles de “querer reabrir viejas heridas”. Haciendo una analogía cercana, es como si el gobierno alemán se negara a dar una sepultura digna a los millones de asesinados por el régimen nazi.

Y sin embargo, aquí seguimos, desenterrando por nuestra cuenta cadáveres de ciudadanos asesinados sin que ningún juez de guardia se digne a hacer siquiera acto de presencia.

Nadie está pidiendo venganza. No es una cuestión de revanchismo político. España necesita una declaración formal que repare el genocidio cometido por las tropas franquistas durante la guerra y la posguerra. España necesita que ni uno solo de sus ciudadanos tenga que soportar la humillación de tener a sus familiares enterrados al lado de una carretera, o en una fosa común anónima de cualquier cementerio. Sólo así podrán cerrarse de verdad las heridas que tanto molestan a nuestro actual presidente del gobierno.

Para ilustrar esta entrada, hoy os dejo con el Romance de Juan García, un valiente martinete grabado en 1968 por José Menese con letra de Francisco Moreno Galván. Al igual que Juan García, fueron muchos los españoles sentenciados “a golpe de mosquetón, sin jueces ni defensor”.