Zenobia

Zenobia nació en la ciudad de Palmira, a mediados del tortuoso siglo III, dentro de una familia de origen patricio y gran influencia en la ciudad. Su matrimonio con el rey Odenato de Palmira y la anarquía imperante en el Imperio Romano, del que el reino de Palmira era vasallo, condujeron a Zenobia hasta el trono de lo que se acabó convirtiendo en un imperio que dominó Oriente Próximo: el fugaz reino de Palmira.

Por entonces, Palmira era un reino fuertemente romanizado, a caballo entre Roma y el Imperio Sasánida, constantemente enfrentados. Palmira también compartía la inestabilidad política que se enseñoreaba de todos los dominios romanos, donde los generales luchaban por el título imperial mientras las fronteras del imperio quedaban descuidadas y a merced de las incursiones bárbaras. En 267, el asesinato de Odenato sin hijos mayores que le sucedieran hizo que Zenobia asumiera las riendas del poder. Ante el vacío de poder del Imperio, Zenobia se proclamó reina de una Palmira independiente, y adoptó el título de Augusta, dejando claro que, en aquella región del mundo, ella era la emperatriz.

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Moneda con la efigie de Zenobia. Puede apreciarse su título de Augusta: “ZENOBIA-AUG”. Origen: Wikimedia Commons.

El núcleo estable de poder que representaba Palmira contrastaba con la anarquía que imperaba a este y oeste, y Zenobia aprovechó la circunstancia para ampliar sus territorios, conquistando Anatolia, Egipto y toda la costa levantina de Oriente Próximo; las actuales Líbano, Israel, Palestina, Jordania…

Por desgracia para Zenobia y para el reino de Palmira, en Roma había ascendido al poder un nuevo general, exitoso en sus campañas contra godos y vándalos, coronándose como emperador con el nombre de Aureliano. Tras estabilizar el oeste, puso su mirada en la díscola Palmira, y en el año 272 Zenobia fue derrotada, y se convirtió en prisionera de Aureliano, que la exhibió en un desfile triunfal en Roma, encadenada con cadenas de oro. Luego se le permitió vivir retirada en una villa cerca de Roma. La mitología se encargó posteriormente de contar la vida de Zenobia en Roma como esposa de algún romano notable y madre de una progenie de la que ilustres personajes de la Edad Media aseguraron descender. A partir de entonces, Zenobia entró en la leyenda, inspirando retratos, obras literarias e incluso óperas.

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El triunfo de Aureliano, por Giovanni Battista Tiepolo, siglo XVIII. Origen: Wikimedia Commons.

Para los habitantes de la otrora poderosa ciudad de Palmira el futuro fue mucho menos halagüeño: en 273 volvieron a rebelarse contra la autoridad de Roma, y el emperador ordenó la destrucción de la ciudad, cuyas ruinas pueden ser visitadas hoy, si alguien tiene los arrestos suficientes para viajar a la devastada región de Homs, en Siria.

La gruta de las hadas

En los años cuarenta del siglo XIX, la Revolución Industrial se expandía por Francia, y el país se veía necesitado de gran cantidad de materias primas. El ferrocarril, inaugurado en la pasada década, sería el encargado de llevar estas materias primas hasta las nuevas fábricas, gracias a la genial invención de la máquina de vapor del señor James Watt.

Y el ferrocarril necesitaba de caminos lo más rectos posible, atravesando cualquier obstáculo, horadando montañas y cruzando ríos y desniveles. El ingeniero Albert Poirrier dirigía por entonces la excavación de un túnel, cuando se topó inesperadamente con una serie de cuevas naturales, en el interior de las cuales hizo un sorprendente descubrimiento.

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«Mousterian point» por Autor: José-Manuel Benito Alvarez – Trabajo propio. Disponible bajo la licencia Public domain vía Wikimedia Commons.

La que después fue conocida como “Gruta de las Hadas” (Grotte des Fées) contenía en su interior un valiosísimo tesoro en forma de restos óseos humanos y animales de la prehistoria, además de un sin fin de útiles tallados en piedra que los arqueólogos determinaron que pertenecían al llamado hombre de Neandertal. La importancia de esta gruta, sin embargo, no radicaba sólo en su contenido, sino sobre todo en las conclusiones que de su estudio pudieron extraerse.

Según el registro arqueológico de la cueva, el lugar estuvo habitado por el hombre de Neandertal, lo que no difiere del resto de Europa. Pero el descubrimiento realmente novedoso fue que sobre el 35.000-30.000 BP (Before Present, antes del presente) este hombre de Neandertal desarrolló una cultura del trabajo en piedra mucho más avanzada que en tiempos anteriores en los que los trabajos en piedra eran más rudimentarios. Al conjunto de herramientas de piedra de este periodo y lugar se le denominó chatelperroniense, por la cercanía de la localidad de Châtelperron, alrededor de la cual se encuentran multitud de yacimientos arqueológicos de este periodo y cultura.

Cuchillo chatelperroniense. Origen: Paleoscenic.

Cuchillo chatelperroniense. Origen: Paleoscenic.

La deducción del mundo acadé-mico sobre esta revolución neandertal en el trabajo de la piedra es que, en un corto lapso, el hombre de Neandertal se vio rodeado por el Homo sapiens, el hombre moderno, cuya habilidad y conocimientos superaban a los del Neandertal en casi todos los aspectos. El chatelperroniense fue el último intento del hombre de Neandertal por competir con el Homo sapiens, aunque el rápido crecimiento de este último y su mayor capacidad cultural terminaron desplazando y aislando al Neandertal hasta que éste se extinguió alrededor del 28.000 BP.

Efemérides: Salvador Allende

Hace muchos años que escribo en este blog, y hasta hoy, por algún motivo que no consigo explicarme, no me ha dado por conmemorar un momento de la historia que considero trascendental. Es un momento de epifanía; un momento único, en el que un jefe de Estado democrático, totalmente sobrepasado por la fuerza enemiga, decide que no va a quitarse de en medio mientras una horda fascista aplasta su país, que va a dar ejemplo con si vida de lo que debe ser la dignidad de un político. Es una imagen alejada de la que nos dan la mayoría de gobernantes, más preocupados de sus espléndidas jubilaciones que del bienestar de su pueblo.

Por esto, siempre guardaré en la memoria a Salvador Allende, y desde esta humilde página quiero rendir mi pequeño homenaje hoy, 11 de septiembre, aniversario de su sacrificio.

Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Postales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción Que sean ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la abuela que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

Breaking Bad: el día que Walter White se convirtió en un chico malo

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Aviso de spoiler. Si sigues leyendo esto, luego no quiero quejas.

¿Qué convierte a un sencillo profesor de instituto, pluriempleado de cajero de lavacoches, esposo y padre ejemplar en el enemigo público número uno? Walter White, dejando a un lado sus innegables capacidades para poner en práctica sus conocimientos académicos, somos cualquiera de nosotros, es decir, es lo que cualquier persona normal podría llegar a ser bajo las circunstancias adecuadas.

Creo que pocos tuits pueden definir a una serie tan bien como éste. De hecho, creo que ahí reside la crítica, el mensaje crítico que acompaña a toda la serie: cómo un sistema sanitario insolidario, insuficiente e injusto puede arrastrar a una persona a una lucha por su supervivencia y su dignidad hasta convertirlo en un monstruo.

Pero Walter White no puede ser juzgado sólo bajo la óptica del ciudadano superviviente. Hay algo más; una rebelión contra la muerte anunciada, una negativa a desvanecerse en la enfermedad y el olvido, la reivindicación del derecho a sentirse vivo, a liarla parda, a que el mundo se acuerde de ti para los restos.

En fin, que os recomiendo esta serie, de lo mejor que he visto en televisión en los últimos años.

Diez segundos

Después de diez horas observando atentamente el desfilar de cifras en una pantalla y de aporrear con frenesí un teclado mientras bailaba con su mano derecha sobre un ratón, el suave ronroneo, la música y el movimiento le parecían un bálsamo para los sentidos. Mientras disfrutaba del momento, en un un giro del cuello para sacudirse la tensión acumulada, la vio a ella.

Ella tenía la mirada fija, perdida en un horizonte inexistente, tal vez disfrutando de las mismas sensaciones que él, en su burbuja de soledad donde nadie podía alcanzarla. En diez segundos, él inventó para ella toda una vida, imaginando cuál sería su trabajo, cuáles sus aficiones, sus anhelos, sus frustraciones. La miró tocarse el cabello sin dejar de mirar al frente, y entonces decidió que la amaba.

Justo en ese momento, mientras la contemplaba extasiado, se dio cuenta de que ella también le miraba, y se ruborizó como lo haría un niño cazado in fraganti. Esperaba indiferencia, pero de repente, ella le sonrió, derribando ese muro social invisible que separa a los desconocidos y los encierra en cárceles de soledad, y decidió que la recordaría toda su vida por aquello.

Entonces la luz del semáforo se puso en verde, y el coche de ella empezó a rodar. Él tomó la primera salida a la derecha, y allí terminó la mejor historia de amor de su vida, que había durado exactamente diez segundos.

El licenciado Márquez Torres

Tal día como hoy, 27 de febrero, en 1615, el licenciado Francisco Márquez Torres daba curso a la aprobación de la segunda parte de El quijote de Miguel de Cervantes tras su censura previa. Entre otros halagos al autor y a su obra, el licenciado Márquez Torres dejaba caer la anécdota que más abajo reproduzco, tal vez sabiendo que tanto el libro como su documento de aprobación pasarían a la historia de nuestro país y de la literatura mundial; una pequeña aunque dolorosa espina para cualquier español que tenga un mínimo de vergüenza.

Certifico con verdad que en veinte y cinco de febrero d’este año de seiscientos y quince, habiendo ido el ilustrísimo señor don Bernardo de Sandoval y Rojas, cardenal arzobispo de Toledo, mi señor, a pagar la visita que a Su Ilustrísima hizo el embajador de Francia, que vino a tratar cosas tocantes a los casamientos de sus príncipes y los de España, muchos caballeros franceses, de los que vinieron acompañando al embajador, tan corteses como entendidos y amigos de buenas letras, se llegaron a mí y a otros capellanes del cardenal mi señor, deseosos de saber qué libros de ingenio andaban más validos; y tocando acaso en este que yo estaba censurando, apenas oyeron el nombre de Miguel de Cervantes, cuando se comenzaron a hacer lenguas, encareciendo la estimación en que, así en Francia como en los reinos sus confinantes, se tenían sus obras: la Galatea, que alguno d’ellos tiene casi de memoria la primera parte d’esta, y las Novelas. Fueron tantos sus encarecimientos, que me ofrecí llevarles que viesen el autor d’ellas, que estimaron con mil demostraciones de vivos deseos. Preguntáronme muy por menor su edad, su profesión, calidad y cantidad. Halleme obligado a decir que era viejo, soldado, hidalgo y pobre, a que uno respondió estas formales palabras: “Pues, ¿a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario público?” Acudió otro de aquellos caballeros con este pensamiento y con mucha agudeza, y dijo: “Si necesidad le ha de obligar a escribir, plega a Dios que nunca tenga abundancia, para que con sus obras, siendo él pobre, haga rico a todo el mundo”.

Ojalá pudiera decir que las cosas han cambiado desde entonces, pero no: España siempre ha sido una mala madre para sus más preclaros hijos, negándoles en vida el pan y la sal mientras se deshace en lisonjas para con sus genios muertos.

Y esta entrada quiero dedicársela a tantos y tantos escritores, profesores, científicos, doctores e investigadores a los que algún día su país dedicará premios, semanas culturales y edificios públicos, pero que hoy languidecen en el desempleo, en el desamparo o fuera de nuestras fronteras.

Gravity: deconstrucción de satélite al aroma de astronauta triturado

Vale, antes de empezar a leer esto, debes tener en cuenta que, si no has visto la película, puede que te estropee la sorpresa (o sea, que esto va a ser lo que los anglos llaman un “spoiler”, y yo llamo una mala faena si no se avisa previamente). Dicho lo anterior, voy al grano con el asunto:

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Vaya por delante que Gravity me ha parecido una película estupenda, con una fotografía y unos efectos especiales de los que luego hablaré y que, en mi opinión, la hacen merecedora del Óscar, PERO…

…cuando uno está curtido en el arte de la simulación espacial (como, humildemente hablando, éste que escribe), ves que los pufos se suceden una y otra vez a lo largo de la película, empezando por el origen de la trama, en la que un misil ruso impacta contra un satélite y lo destruye. Hasta ahí, vale, y que eso genere una cierta cantidad de basura espacial, también, PERO…

…de ahí a que esa basura impacte casi inmediatamente con otros satélites, y que eso afecte a dos estaciones espaciales y a un transbordador situados en distintas órbitas (y de eso ya hablaremos luego), hay un trecho. Es como si alguien disparara una ráfaga de ametralladora en abanico en Marruecos y acertara a darle a un camellero durmiendo al pie de la Gran Pirámide… mirando hacia el Mar Rojo. O sea, imposible no, pero muy, muy, muy improbable, sí. Y aunque así fuera…

…la basura espacial, aun siendo un grave problema real en las misiones espaciales, no es ni mucho menos tan espectacular como aparece en la película. A las velocidades de las que estamos hablando, la más pequeña de las tuercas atravesaría de parte a parte cualquier nave espacial, causando unos destrozos muy considerables, no hablemos ya de esos pedazos enormes que se ven en pantalla. En la vida real, y por poner un ejemplo, una minúscula mota de pintura en órbita tropezó en 1983 contra el cristal de la cabina del transbordador espacial Challenger (tres años antes del fatídico accidente que supuso su destrucción); pues bien, la dichosa mota de pintura a punto estuvo de atravesar el cristal (que ya os digo yo que es bien gordo) y provocar un accidente catastrófico, y sólo era una miserable motita de pintura. Desde entonces, y como precaución, los transbordadores viajaban dando la popa a su vector de velocidad.

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Por otra parte, la película empieza con una misión de reparación del Hubble, que orbita la Tierra a 600km de altura y una inclinación de 28,48º respecto al ecuador. La ISS, por su parte, orbita la Tierra a 396km y una inclinación de 51,6º respecto al ecuador. De la estación espacial china ya ni hablamos, primero porque aún no existe como tal, y segundo porque, de existir, es casi seguro que los chinos preferirán usar la altura e inclinación que más les convenga (y yo apuesto a que utilizarán una órbita coplanar con la Luna, no me preguntéis por qué). Viajar entre una y otra órbita es, en términos de combustible, costosísimo, y en términos de cálculos de trayectoria, complicadísimo. Me explico:

Para cambiar el plano de una órbita necesitas apuntar tu nave hacia el norte o el sur (dependiendo del lugar de la órbita en que se haga), aprovechar el momento en que tu órbita se cruza con la órbita deseada, y encender los motores hasta que la diferencia de inclinaciones sea lo más cercana posible a cero. Si además quieres cambiar de altitud, tienes que apuntar tu nave en el sentido de tu velocidad o en el contrario (si quieres descender), y encender motores para cambiar el apoapsis (punto de mayor altitud), o el periapsis (punto de menor altitud). Luego, al otro lado de la órbita, debes volver a encender los motores para circularizarla, o irás orbitando entre la altura inicial y el nuevo apoapsis o periapsis, según haya sido la maniobra.

¿Ya os habéis perdido? Pues los guionistas de Gravity pensaron eso mismo, y se dijeron: “¡Qué narices! Hagamos que el Hubble, la ISS y la estación china estén cerquita, y nos quitamos de problemas”, PERO…

…eso podría estar bien si la acción se desarrollara en el espacio interestelar, sin influencia de ningún cuerpo celeste, pero con la Tierra curvando el espacio-tiempo tan cerca (sí, lo de espacio-tiempo es una chulería mía, pero aquí viene al caso), cien kilómetros pueden convertirse en una eternidad para un astronauta con sólo un equipo portátil casi consumido, aunque sea George Clooney, quien por otra parte está magnífico y en ningún momento se sale del papel ni del traje de astronauta. En fin, que básicamente hay que hacer varias complicadas maniobras sólo para encontrarte con un objeto en tu misma órbita a apenas unas decenas de kilómetros, no hablemos ya de más de cien.

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Con todo esto no quiero dar la impresión de que no haya nada que me guste en la película. El fuego en gravedad cero estaba muy bien reproducido, como todo lo relativo a un ambiente de ingravidez. Las descompresiones, los movimientos de las cosas, lo que yo voy a llamar aquí “la física cercana”, es casi perfecta.

Por lo demás, a mí me ha encantado la película, aunque detallitos como que Sandra Bullock efectúe la reentrada con una nave que no conoce y con los mandos en chino pulsando botones en plan “pito, pito, gorgorito” (literal), no se los traga ni el más crédulo.