El Parlamento rechaza la «Ley Sinde»

Llevaba tiempo queriendo poner aquí uno de los famosos vídeos de Hitler, y después de que ayer el Parlamento rechazara que la Ley Sinde se colara de rondón, ahora tengo la oportunidad de hacerlo.

Para los que vayan a comentar, aviso: no estoy de acuerdo con la descarga incontrolada (que no ilegal, porque hasta la fecha no lo es) de material protegido por derechos de autor, y soy partidario de una regulación del sector en la que todos, usuarios y creadores, ganemos. Lo que siempre me ha inquietado de la dichosa Ley Sinde es la abierta intención que ha tenido de suprimir la tutela judicial sobre los procesos administrativos contra las infracciones de derechos de autor en Internet. En democracia, y desde hace más de doscientos años, la separación de poderes es condición sine qua non para garantizar las libertades civiles. Ningún sector industrial debe arrogarse el derecho de abreviar estos procedimientos, por muchos ministros de su ramo que tenga en el gobierno.

José María Pérez Orozco

Don José María Pérez Orozco, catedrático de la lengua española, pasaría desapercibido entre el paisanaje de la Andalucía rural hasta el momento en que abriera ese pozo de sabiduría que tiene por boca. Ayer mismo recibí un curioso correo donde se enlazaban varios vídeos caseros grabados a este profesor ya jubilado donde explica varios aspectos de las «hablas andaluzas». Desde entonces he visto al menos media docena de vídeos del profesor Pérez Orozco, he consultado lo poco que de él dice Internet y buscado sus publicaciones. Se trata de un personaje interesantísimo, digno de ser conocido, y toda una autoridad en lo que se refiere a la cultura y la lengua andaluza, así como un estudioso del arte flamenco. Baste decir que fue director de la IV edición de la Bienal de Arte Flamenco de Sevilla en 1986, recibiendo duras críticas por su excesivo conservadurismo formal. En vista de cómo ha ido evolucionando la Bienal, mejor nos hubiera ido valorando más ese conservadurismo, porque a tanta innovación como se está introduciendo en la Bienal a veces cuesta trabajo llamarle flamenco. También dirigió, junto con Juan Alberto Fernández Bañuls la serie televisiva Caminos del Flamenco en 1987.

Su labor divulgativa se basa en el estudio científico de la lengua y la cultura andaluzas, pero la de verdad, la de a pie de calle, la de la gente normal, y cómo esta cultura echa sus raíces en la historia profunda de nuestra tierra. Este señor es capaz de dar una clase magistral sentado en la terraza de un bar con la misma familiaridad que lo hace en la Universidad de Sevilla.

Hoy os dejo con la ponencia del profesor Pérez Orozco en las jornadas sobre Morfología del humor de 2009. Espero que os guste tanto como a mí.

El franquismo en la cultura popular andaluza: El destierro

A Luis Cernuda le arrancaron España como a quien le arrancan un brazo o una pierna. También le arrancaron de la memoria de dos generaciones de españoles. En el nuevo ideario fascista de la España de Franco no interesaba un poeta andaluz, rojo y maricón como él, cuya única ventaja era haber escapado del destino que le esperaba a manos de los sublevados; el mismo destino que había sufrido Federico: un paseo por el campo al despuntar el alba y un tiro a traición por la espalda. Sólo un cuerpo más que enterrar en los cementerios de la Historia que son las cunetas de las carreteras españolas.

No, Cernuda tuvo la suerte de poder sobrevivir, de alejarse de aquella España negra y sin futuro, detenida en el tiempo, y seguir adelante en Inglaterra y en América. Sin embargo, Luis Cernuda ya no volvió a ser el mismo. Durante el resto de su vida se vio consumido por la nostalgia y el recuerdo de su patria; una nostalgia que se manifiesta en poemas como Quisiera estar solo en el sur, o en éste que hoy traigo, Un español habla de su tierra.

Hoy, casi cincuenta años después de su muerte, algunos españoles volvemos la vista atrás y buscamos entre las ruinas de una época para encontrar los retales de nuestra cultura. Cernuda ya lo vaticinó en su poema: “Un día tú, ya libre de la mentira de ellos, me buscarás. Entonces ¿qué ha de decir un muerto?” Creo sinceramente -y espero- que mucho, por nuestro propio bien.

Las playas, parameras
al rubio sol durmiendo,
los oteros, las vegas
en paz, a solas, lejos;

los castillos, ermitas,
cortijos y conventos,
la vida con la historia,
tan dulces al recuerdo.

Ellos, los vencedores
Caínes sempiternos,
de todo me arrancaron.
Me dejan el destierro.

Una mano divina
tú tierra alzó en mi cuerpo
y allí la voz dispuso
que hablase tu silencio.

Contigo solo estaba,
en ti sola creyendo;
pensar tu nombre ahora
envenena mis sueños.

Amargos son los días
de la vida, viviendo
sólo una larga espera
a fuerza de recuerdos.

Un día, tú ya libre
de la mentira de ellos,
me buscarás. Entonces
¿qué ha de decir un muerto?

Cantiga de los clérigos de Talavera

El celibato de los curas ha sido desde antiguo un tema polémico. Era práctica habitual durante la Edad Media que los sacerdotes convivieran con mujeres en amancebamiento, contra las órdenes expresas de Roma, que exigía la más estricta observancia de la castidad en el clero. Juan Ruiz, arcipreste de Hita se hace eco de esta circunstancia en su Cantiga de los clérigos de Talavera:

Allá por Talavera, a principios de abril,
llegadas son las cartas de Arzobispo don Gil,
en las cuales venía un mandato no vil
que, si a alguno agradó, pesó a más de dos mil.

Este pobre Arcipreste, que traía el mandado,
más lo hacía a disgusto, creo yo, que de grado.
Mandó juntar Cabildo; de prisa fue juntado,
¡pensaron que traía otro mejor recado!

Comenzó el Arcipreste a hablar y dijo así:
-«Si a vosotros apena, también me pesa a mí.
¡Pobre viejo mezquino! ¡En qué envejecí,
en ver lo que estoy viendo y en mirar lo que vi!»

Llorando de sus ojos comenzó esta razón:
Dijo: -«¡El Papa nos manda esta Constitución,
oS lo he de decir, sea mi gusto o no,
aunque por ello sufra de rabia el corazón.»

Las cartas recibidas eran de esta manera;
Que el cura o el casado, en toda Talavera,
no mantenga manceba, casada ni soltera:
el que la mantuviese, excomulgado era.

Con aquestas razones que el mandato decía
quedó muy quebrantada toda la clerecía;
algunos de los legos tomaron acedía.
Para tomar acuerdos juntáronse otro día.

Estando reunidos todos en la capilla,
levantóse el Deán a exponer su rencilla.
Dijo: -«Amigos, yo quiero que todos en cuadrilla
nos quejemos del Papa ante el Rey de Castilla.

»Aunque clérigos, somos vasallos naturales,
le servimos muy bien, fuimos siempre leales
demás lo sabe el Rey: todos somos carnales.
Se compadecerá de aquestos nuestros males.

»¿Dejar yo a Venturosa, la que conquisté antaño?
Dejándola yo a ella recibiera gran daño;
regalé de anticipo doce varas de paño
y aún, ¡por la mi corona!, anoche fue al baño.

»Antes renunciaría a toda mi prebenda
y a la mi dignidad y a toda la mi renta,
que consentir que sufra Venturosa esa afrenta.
Creo que muchos otros seguirán esta senda.»

Juró por los Apóstoles y por cuanto más vale,
con gran ahincamiento, así como Dios sabe,
con los ojos llorosos y con dolor muy grande:
-«Novis enim dimittere -exclamó – quoniam suave!-»

Habló en pos del Deán, de prisa, el Tesorero;
era, en aquella junta, cofrade justiciero.
Dijo: -«Amigos, si el caso llega a ser verdadero,
si vos esperáis mal, yo lo peor espero.

»Si de vuestro disgusto a mí mucho me pesa,
¡también me pesa el propio, a más del de Teresa!
Dejaré a Talavera, me marcharé a Oropesa,
antes que separarla de mí y de mi mesa.

»Pues nunca tan leal fue Blanca Flor a Flores,
ni vale más Tristán, con todos sus amores;
ella conoce el modo de calmar los ardores,
si de mí la separo, volverán los dolores.

»Como suele decirse: el perro, en trance angosto,
por el miedo a la muerte, al amo muerde el rostro;
isi cojo al Arzobispo en algún paso angosto,
tal vuelta le daría que no llegara a agosto!»

Habló después de aqueste, Chantre Sancho Muñoz.
Dijo: -«Aqueste Arzobispo, ¿qué tendrá contra nos?
Él quiere reprochamos lo que perdonó Dios;
por ello, en este escrito apelo, ¡avivad vos!

»Pues si yo tengo o tuve en casa una sirvienta,
no tiene el Arzobispo que verlo como afrenta;
que no es comadre mía ni tampoco parienta,
huérfana la crié; no hay nada en que yo mienta.

»Mantener a una huérfana es obra de piedad,
lo mismo que a viudas, ¡esto es mucha verdad!
Si el Arzobispo dice que es cosa de maldad,
¡abandonad las buenas y a las malas buscad!

»Don Gonzalo, Canónigo, según vengo observando,
de esas buenas alhajas ya se viene prendando;
las vecinas del barrio murmuran, comentando
que acoge a una de noche, contra lo que les mando.»

Pero no prolonguemos ya tanto las razones;
apelaron los clérigos, también los clerizones;
enviaron de prisa buenas apelaciones
y después acudieron a más procuraciones.

Yo sólo diré que, de aquellos polvos, estos lodos.

(Origen: A media voz)

Esperando a Solveig

Operarios de la empresa "La Generala" atentando contra el patrimonio cultural español.Hoy ha sido un día intenso para el barrio de San Esteban de Murcia. A primera hora de la mañana se presentaban los operarios de la empresa constructora La Generala para empezar a “desmantelar” el yacimiento arqueológico descubierto en el lugar donde el Partido Popular de Murcia, a través de las instituciones autonómicas, pretendía construir un gran aparcamiento subterráneo. La imagen, recogida por la agencia European Pressphoto Agency y reproducida en esta entrada, no puede ser más desoladora: unos cuantos peones sin preparación alguna se dedican a “desmontar” (a destruir, claro) los restos arqueológicos. Por suerte, la movilización ciudadana y una infrecuentemente rápida actuación judicial han conseguido paralizar este atentado al patrimonio cultural español, este memoricidio que el ejecutivo murciano pretendía perpetrar a plena luz del día y contra la opinión de todos los expertos en la materia, anteponiendo el interés urbanístico y económico de unos cuantos al interés general y a la conservación de nuestra Historia.

Ya con la resolución judicial en la mano ordenando la paralización del expolio, el presidente de la Comunidad Murciana, Ramón Luis Valcárcel, se ha apresurado a bajarse los pantalones ante lo inevitable y a subirse (tarde) al tren de la defensa del patrimonio, tal vez sin darse cuenta de que ese tren le ha pasado por encima a él y a todo su gobierno, especialmente a esa pintoresca Consejería de Cultura que no sólo consiente, sino que autoriza semejantes atropellos contra el interés común.

Así que, leyendo todas estas noticias, y además de alegrarme por la salvación del yacimiento de San Esteban, no he podido dejar de recordar a una persona que se enfrentó hace muchos años a las excavadoras de la especulación inmobiliaria para salvar el patrimonio cultural de España: la arqueóloga sueca Solveig Nordtröm. En pleno auge del desarrollismo franquista, esta mujer tuvo el valor suficiente como para enfrentarse a los especuladores afines a la dictadura y atraer la atención de la prensa internacional para detener el avance de las máquinas hacia los restos de la ciudad íbera, cartaginesa y romana de Lucentum. Aquellos restos arqueológicos, condenados a convertirse en escombros para mayor gloria de la urbanización salvaje de la costa mediterránea, pasaron a ser declarados patrimonio nacional y monumento histórico-artístico gracias al arrojo de Solveig. Un regalo eterno para un país de desmemoriados que nunca agradecerá lo suficiente aquella gesta.

A lo mejor nosotros, acomodados españolitos del siglo XXI, estamos demasiado interesados por el deporte televisivo y por las refriegas políticas y judiciales que nos brinda una clase política carcomida por la corrupción como para perder el tiempo en proteger nuestra Historia y nuestra identidad de la avaricia de algunos indeseables. Quizá estemos esperando que venga de nuevo Solveig Nordström o cualquier otro extranjero a sacarnos de la inopia y a defender lo que es nuestro.