Hoy en Wikipedia: Las «décadas deportivas» (II)

Hace ya mucho que escribí una entrada en El ojo del tuerto con este mismo título en la que me quejaba de la proliferación de artistas, deportistas y personajes de segunda fila en las efemérides de Wikipedia. En aquel momento, iluso de mí, pretendía poner un poco de orden en aquel caos, intención de la que fui rápidamente desanimado por el interés inclusionista de muchos de los colaboradores de Wikipedia. Casi dos años y medio más tarde compruebo con tristeza que, lejos de mejorar, el proceso de destrucción por acumulación de detritus informativo en las páginas de efemérides diarias de Wikipedia sigue su curso implacable ante el desinterés de los bibliotecarios que patrullan con celo la enciclopedia libre.

Hoy, 24 de octubre de 2010, figuras históricas como el emperador romano Domiciano (que aunque no fue un buen emperador, al menos tuvo su relevancia en la historia), los científicos Anton van Leeuwenhoek (precursor de la fabricación de microscopios) y Wilhelm Weber (inventor del primer telégrafo electromagnético y cuya página en Wikipedia es un lamentable desastre y un ejemplo de abandono ante el vandalismo), el químico francés inventor de la margarina Hippolyte Mège-Mouriés, el músico alemán Ferdinand Hiller y otros deben compartir su protagonismo con un extenso elenco de cantantes, actrices y actores de poca monta, entrenadores de fútbol, etc. a los que no voy a nombrar para no aburrir a la concurrencia.

Tal vez sea éste el signo de nuestros tiempos. Puede que sean estos cantantes de rock, jugadores de fútbol y actrices del porno quienes protagonicen nuestra historia y por cuya imagen seamos recordados en la posteridad. Si es así, que paren el mundo, que yo me bajo.

Y por cierto, en las efemérides de Wikipedia en Español se han olvidado del nacimiento de personajes como la naturalista inglesa Marianne North, el matemático y criptógrafo ruso Alexander Gelfond o el científico francés Pierre-Gilles de Gennes, premio Nobel de física en 1991 por sus estudios sobre métodos para crear materiales complejos como cristales líquidos y polímeros. Esto por poner tres ejemplos de lo que me han parecido más sangrantes. Es posible, e incluso probable, que quien diseñó los procesos que hoy sirven para crear pantallas de alta resolución y plásticos biodegradables, entre otras muchas aplicaciones, no merezca un lugar en las efemérides de Wikipedia. Puede que no debamos confundir a la juventud sobre quienes deben ser sus verdaderos modelos a seguir metiendo a estos indeseables entre los auténticos héroes de la sociedad moderna, quienes como todo el mundo sabe, visten pantalón corto y calzan botas de tacos.

Dubrovka

Hay muchas formas de resolver situaciones tan complicadas como el secuestro de un teatro repleto de espectadores. En algunos países, la vida de cientos de civiles inocentes valdría tanto como para ceder en lo posible a las pretensiones de los secuestradores; en otros, lamentablemente, no. El entonces presidente ruso Vladimir Putin estaba dispuesto a hacer ver a los rebeldes chechenos que su voluntad de aplastar su guerra de secesión era inquebrantable, y que nada le importaba el coste en vidas chechenas o rusas que tal voluntad acarreara.

Tal día como hoy, el 23 de octubre de 2002, un grupo de cincuenta chechenos entraron en el teatro Dubrovka de Moscú en medio de la representación de un musical, y durante dos días mantuvieron secuestradas a cientos de personas, amenazando con volar el edificio si éste era asaltado por la policía o el ejército ruso. Los secuestradores, dirigidos por el líder guerrillero checheno Movsar Barayev, consiguieron poner en las primeras páginas de todos los diarios del mundo y en todos los informativos televisivos el soterrado conflicto checheno durante aquellos dos larguísimos días de octubre.

Pero tras aquellos dos días, la paciencia del presidente ruso se terminó, y ordenó finalmente el asalto al teatro. Para facilitar las cosas, el ejército ruso utilizó un gas anestésico (aunque a la vista de las consecuencias, algunos aseguran que se usó un gas nervioso como arma química contra los secuestradores y, por ende, contra los rehenes). Cuando las tropas de asalto entraron en el teatro, secuestradores y rehenes estaban prácticamente fuera de combate, y los chechenos fueron rematados allí mismo sin miramientos.

A la habitual tragedia de la guerra ahora se iba a sumar un trágico balance en vidas civiles, ya que más de ciento cincuenta rehenes morirían a causa del gas inhalado en el asalto, y otras muchas decenas lo harían en los días y meses que siguieron al ataque. Sin duda, el resultado en pérdida de vidas era inaceptable, pero dos años más tarde, el asalto checheno a la escuela de Beslán, con un saldo de casi cuatrocientos muertos, la mitad de ellos niños, iba a dejar pequeña la tragedia del teatro Dubrovka.

En vista de éste y otros acontecimientos similares a los que ya estamos tristemente acostumbrados, podemos ponernos a filosofar sobre lo pernicioso de las acciones terroristas contra civiles inocentes, pero nunca podemos olvidar (y las actuales noticias sobre la guerra sucia protagonizada por los Estados Unidos en Iraq son muestra de ello) que existen muchas formas de terrorismo, todas ellas injustas y terribles, sea este terrorismo ejercido por grupos irregulares o por estados soberanos, algunos de los cuales tienen además la desfachatez de autodenominarse democráticos.

Valga esta entrada como homenaje a las olvidadas víctimas del teatro Dubrovka, cuyo único delito fue salir una noche a divertirse, así como en recuerdo de todos los que alguna vez han tenido la desgracia de tropezar con gente que se comporta como lobos con sus semejantes (con perdón de los lobos).

Mario Terán

Mario Terán es un hombre viejo. Tan sólo es otro pobre anciano olvidado de latinoamérica. Hace poco, unos médicos cubanos de gira solidaria por Bolivia le devolvieron la vista, largo tiempo perdida debido a las cataratas. Él fue el primero en considerarlo como una ironía más de este extraño mundo en que vivimos.

Hubo un tiempo en el que Mario Terán tuvo su lugar en la Historia. Durante años, montones de artistas compusieron poemas y cantaron canciones a su hazaña a uno y otro lado del océano… en cierto modo. Él lo recuerda con un sabor agridulce. Dulce por la juventud y el vigor de aquellos años y agria por las ilusiones perdidas y el recuerdo de palabras imborrables.

«¡Póngase sereno y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!»

Como soldado, le hubiera gustado poder tener ese momento de gloria que él vivió en primera persona desde el lado equivocado de la vida, echarle cojones al miedo y ponerse en pie para mirar cara a cara a su verdugo como quien mira a un insecto, o como quien mira a un hermano. Durante aquellos años de combates en las sierras bolivianas, Mario nunca tuvo un blanco tan fácil y al mismo tiempo tan difícil.

No muchos tienen la ocasión de matar a una leyenda viva: Bruto mató a Julio César, Charlotte Corday mató a Marat, Birla Bhavan mató a Gandhi, Chapman mató a John Lennon, y él, Mario Terán, mató al Che Guevara un 9 de octubre de 1967.

Dudé 40 minutos antes de ejecutar la orden. Me fui a ver al coronel Pérez con la esperanza de que la hubiera anulado. Pero el coronel se puso furioso. Así es que fui. Ése fue el peor momento de mi vida. Cuando llegué, el Che estaba sentado en un banco. Al verme dijo: «Usted ha venido a matarme». Yo me sentí cohibido y bajé la cabeza sin responder. Entonces me preguntó: «¿Qué han dicho los otros?». Le respondí que no habían dicho nada y él contestó: «¡Eran unos valientes!». Yo no me atreví a disparar. En ese momento vi al Che grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente. Sentía que se echaba encima y cuando me miró fijamente, me dio un mareo. Pensé que con un movimiento rápido el Che podría quitarme el arma. «¡Póngase sereno —me dijo— y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!». Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé la primera ráfaga. El Che, con las piernas destrozadas, cayó al suelo, se contorsionó y empezó a regar muchísima sangre. Yo recobré el ánimo y disparé la segunda ráfaga, que lo alcanzó en un brazo, en el hombro y en el corazón. Ya estaba muerto.

Mario Terán. Entrevista en Paris Match (1977). Fuente: Wikipedia.

Soldadito de bolivia, soldadito boliviano,
armado vas de tu rifle, que es un rifle americano
que es un rifle americano, soldadito de Bolivia,
que es un rifle americano.

Te lo dio el señor Barrientos, soldadito boliviano,
regalo de Mister  Johnson, para matar a tu hermano,
para matar a tu hermano, soldadito de Bolivia,
para matar a tu hermano.

No sabes quien es el muerto, soldadito boliviano.
El muerto es el Che Guevara, y era argentino y cubano,
y era argentino y cubano, soldadito de Bolivia,
y era argentino y cubano.

El fue tu mejor amigo, soldadito boliviano;
el fue el amigo del pobre, del oriente al altiplano,
del oriente al altiplano, soldadito de Bolivia,
del oriente al altiplano.

Está mi guitarra entera, soldadito boliviano
de luto pero no llora, aunque llorar es humano,
aunque llorar es humano, soldadito de Bolivia,
aunque llorar es humano.

No llora por que la hora, soldadito boliviano
no es de lágrima y pañuelo, sino de machete en mano,
sino de machete en mano, soldadito de Bolivia,
sino de machete en mano.

Con el cobre que te paga, soldadito boliviano,
que te vendes que te compra, es lo que piensa el tirano,
es lo que piensa el tirano, soldadito de Bolivia,
es lo que piensa el tirano.

Pero aprenderás seguro, soldadito boliviano
que a un hermano no se mata, que no se mata a un hermano,
que no se mata a un hermano, soldadito de Bolivia
que no se mata a un hermano.

Soldadito boliviano, Paco Ibañez. Letra: Nicolás Guillén.

Efemérides: El gran apagón de 2003

Todavía recuerdo –por qué no decirlo, con un poco de miedo– el  calurosísimo verano de 2003. En Sevilla sufrimos la inclemencia del calor extremo con más o menos paciencia, refugiados en la penumbra de las casas y tratando de mantenernos frescos bajo el aire acondicionado. Por las tardes, el cielo llegaba a oscurecerse a causa de la calima. Salir a la calle era como explorar la superficie de Venus a pie. En fin, hay que vivir aquí para entender lo que digo.

Hoy se cumplen siete años del fabuloso apagón que dejó sin electricidad a amplias zonas del noreste de Estados Unidos y a gran parte de Canadá. Aquel 14 de agosto de 2003 fue un día especialmente caluroso en la costa este norteamericana, y al parecer, las redes eléctricas no estaban preparadas para la sobrecarga que se produjo a causa del excesivo consumo de electricidad por parte de varias de las más pobladas ciudades de ambos países.

En pocos segundos a partir de las 16:11 horas, la red de distribución eléctrica cayó sometida al llamado «efecto dominó», y comenzó el previsible caos, incrementado por la paranoia de terror en la que se encontraban sumidos los Estados Unidos desde los atentados del 11-S. Las autoridades movilizaron de inmediato a todos sus efectivos policiales y de emergencias para controlar la situación, y gracias a ello se evitó en gran medida la catástrofe social acontecida durante el anterior gran apagón de 1977.

Sin embargo, poco podía hacerse para remediar el colapso circulatorio. Millones de personas quedaron atrapadas en atascos monumentales que durarían muchas horas, mientras otras miles quedarían varadas en los aeropuertos, cerrados por falta de electricidad. Cientos de aviones en el aire se vieron obligados a desviarse hacia otros destinos, lejos de aquel área mayor que la superficie de España que, de repente, se había quedado a oscuras.

Situaciones como éstas deben ser un paraíso para los sociólogos, que tienen la oportunidad de estudiar las reacciones de grandes masas de gente sometida a una situación extrema. Para los afectados, sin embargo, fueron horas de zozobra y preocupación. La red de telefonía móvil dejó de funcionar, y nadie podía obtener noticias de sus seres queridos ni conocer su paradero. En ese momento parecía que toda la costa este había regresado al siglo XIX.

Afortunadamente, y a pesar de la gran extensión del apagón, se fue recuperando paulatinamente el servicio eléctrico. En algunos lugares el apagón duró sólo unas horas. En otras, la gente tuvo que esperar varios días hasta ver restablecida la energía. El apagón del 14 de agosto de 2003 pasó a convertirse en el segundo mayor apagón de la historia.

Efemérides: Alcazarquivir

Un 4 de agosto como hoy, en 1578, una épica batalla acontecida en tierras de Marruecos iba a cambiar la historia de España y Portugal durante sesenta años. Ese día, el rey portugués Sebastián I pereció en la batalla de Alcazarquivir en combate contra las tropas del sultán Abd el-Malik, quien también perdió la vida en el enfrentamiento. A la batalla de Alcazarquivir se la conoce también como «La Batalla de los Tres Reyes», ya que en ella murió también el depuesto sultán Muley al-Mutawakil, a quien Sebastián ayudaba a recuperar el trono contra Abd el-Malik.

La desaparición de Sebastián, cuyo cuerpo nunca fue encontrado, provocó el luto en Portugal, y con el tiempo degeneró en una legendaria profecía según la cual el rey Sebastián volvería algún día para regir los destinos del país. Mucho más prosaicamente, el poderosísimo rey de España, Felipe II, aprovechó el vacío de poder para reclamar el trono portugués, y en 1580 se proclamó rey de Portugal, unificando políticamente todos los territorios ibéricos por primera vez desde tiempos de los visigodos. Esta unión se mantuvo durante los siguientes sesenta años, hasta que Portugal recuperó su independencia en 1640, durante el reinado en España de Felipe IV.

Para la población judía de Marruecos, esta efeméride se convirtió en motivo de celebración, toda vez que el joven e impulsivo rey Sebastián, en un alarde de fanatismo religioso, prometió pasar a cuchillo a todo judío de Marruecos que no aceptara la conversión al catolicismo como acto de «acción de gracias» por su victoria.

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