El franquismo en la cultura popular andaluza: el paseo

Parece mentira que, a día de hoy, decenas de miles de españoles permanezcan enterrados en miserables cunetas, mientras la justicia hace oídos sordos a las reclamaciones de sus familiares y mientras el gobierno les insulta, acusándoles de “querer reabrir viejas heridas”. Haciendo una analogía cercana, es como si el gobierno alemán se negara a dar una sepultura digna a los millones de asesinados por el régimen nazi.

Y sin embargo, aquí seguimos, desenterrando por nuestra cuenta cadáveres de ciudadanos asesinados sin que ningún juez de guardia se digne a hacer siquiera acto de presencia.

Nadie está pidiendo venganza. No es una cuestión de revanchismo político. España necesita una declaración formal que repare el genocidio cometido por las tropas franquistas durante la guerra y la posguerra. España necesita que ni uno solo de sus ciudadanos tenga que soportar la humillación de tener a sus familiares enterrados al lado de una carretera, o en una fosa común anónima de cualquier cementerio. Sólo así podrán cerrarse de verdad las heridas que tanto molestan a nuestro actual presidente del gobierno.

Para ilustrar esta entrada, hoy os dejo con el Romance de Juan García, un valiente martinete grabado en 1968 por José Menese con letra de Francisco Moreno Galván. Al igual que Juan García, fueron muchos los españoles sentenciados “a golpe de mosquetón, sin jueces ni defensor”.

Tiempo de Leyenda

Lo que sucedió en el mundo del flamenco en la segunda mitad de los años setenta del pasado siglo podría pasar a la historia de este arte como una revolución; una revolución de los estilos, de los ritmos y de los artistas que con estas nuevas formas cambiaron para siempre la forma de entender un folclore cuyas raíces se hunden en la historia de nuestra tierra.

En aquellos años, estos artistas recibieron no pocas críticas por alejarse de la ortodoxia flamenca, pero con la perspectiva del tiempo, puede que ellos iniciaran una evolución necesaria para que esta forma de expresión cultural no quedara anquilosada en el pasado y pueda hoy seguir perteneciendo al pueblo.

El siguiente documental de RTVE relata los acontecimientos de aquel tiempo de leyenda, cuya culminación sería el disco La Leyenda del Tiempo, de Camarón de la Isla.

José María Pérez Orozco

Don José María Pérez Orozco, catedrático de la lengua española, pasaría desapercibido entre el paisanaje de la Andalucía rural hasta el momento en que abriera ese pozo de sabiduría que tiene por boca. Ayer mismo recibí un curioso correo donde se enlazaban varios vídeos caseros grabados a este profesor ya jubilado donde explica varios aspectos de las «hablas andaluzas». Desde entonces he visto al menos media docena de vídeos del profesor Pérez Orozco, he consultado lo poco que de él dice Internet y buscado sus publicaciones. Se trata de un personaje interesantísimo, digno de ser conocido, y toda una autoridad en lo que se refiere a la cultura y la lengua andaluza, así como un estudioso del arte flamenco. Baste decir que fue director de la IV edición de la Bienal de Arte Flamenco de Sevilla en 1986, recibiendo duras críticas por su excesivo conservadurismo formal. En vista de cómo ha ido evolucionando la Bienal, mejor nos hubiera ido valorando más ese conservadurismo, porque a tanta innovación como se está introduciendo en la Bienal a veces cuesta trabajo llamarle flamenco. También dirigió, junto con Juan Alberto Fernández Bañuls la serie televisiva Caminos del Flamenco en 1987.

Su labor divulgativa se basa en el estudio científico de la lengua y la cultura andaluzas, pero la de verdad, la de a pie de calle, la de la gente normal, y cómo esta cultura echa sus raíces en la historia profunda de nuestra tierra. Este señor es capaz de dar una clase magistral sentado en la terraza de un bar con la misma familiaridad que lo hace en la Universidad de Sevilla.

Hoy os dejo con la ponencia del profesor Pérez Orozco en las jornadas sobre Morfología del humor de 2009. Espero que os guste tanto como a mí.

El franquismo en la cultura popular andaluza: Los caciques

El cacique es como un pequeño virrey que hace su santa voluntad en el latifundio. Ha sido un fiel representante del colonialismo centrista y de sus consecuencias, como la emigración. Uno de los principales culpables de la emigración es “el señorito”, que hasta ha carecido del sentido de la explotación de sus propias tierras. Donde ha puesto la mano el cacique ha nacido paro y emigración, porque en el fondo no ha querido más que tener un coto de caza en Andalucía.

Carlos Cano (Biografía por Fernando González Lucini)

Forges - Villancicos muy tradicionales

La España caciquil echa sus raices en los años de la Restauración Borbónica, convirtiéndose durante el último cuarto del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX en un eficiente mecanismo para anular la voluntad popular y erigir a los gobiernos liberales o conservadores que se alternaron en el poder durante varias décadas. La dictadura de Primo de Rivera dio al traste con la alternancia de la Restauración, descabezando la organización caciquil, pero sin hacer desaparecer a los caciques, que siguieron imponiendo su influencia sobre las poblaciones rurales. Al finalizar la dictadura de Primo de Rivera fue en gran medida la falta de esta organización, que salvaguardaba los esquemas de la Restauración, lo que provocó el advenimiento de la Segunda República. Los caciques rurales, alarmados por la intención de los gobiernos republicanos de efectuar la tan necesaria reforma agraria, alentaron, respaldaron y financiaron el golpe de estado de julio de 1936. Terminada la guerra empezaba para las pocas familias terratenientes de Andalucía una época dorada donde ellos ejercían un poder efectivo sobre el mundo rural. Ellos ponían y quitaban alcaldes, mandos de la guardia civil e incluso párrocos. Ellos elegían diaria y personalmente qué jornaleros podrían trabajar y cuáles no. El más mínimo gesto de protesta, la más mínima muestra muestra de insumisión al cacique, podía significar el hambre para toda una familia. Aunque en las ciudades no fue un fenómeno demasiado evidente o relevante, la figura del cacique fue decisiva en el entorno rural durante los años del franquismo, y así lo relata Francisco Moreno Galván en esta guajira que José Menese incluyó en su disco de 1976 La Palabra.

Esta familia honorable
de mi pueblo, donde dicen
que a mil ochocientos quince
se remonta su linaje.
Con un mediano pelaje,
pero llevaban prendío
un largo y sonao apellío,
dones, doñas y excelencias
y que traían con paciencia
a su pueblo protegío.
Ellos no malgastarían
el lujos ni en vanidad,
sus obras de caridad
que jamás olvidarían
eran dar los buenos días
cuando pasaba algún pobre
y algunos consejos nobles
que por caridad le daban
para que nunca olvidaran
quién le hacía estos favores.
Llevaban tierra de campo
en leguas, de un lao pa otro,
y por si esto fuera poco
regateaban a diario
el denigrante salario
que ganábamos, dejando
detrás de la yunta, arando,
o con la hoz en la siega,
sangre y sudor con la briega
gotita a gota en el campo.
Sabemos que algunos váis
los caminos desviando
-nos decían medio rezando-.
Hijos, por qué os apartáis
si otro camino no hay
que el único y verdadero,
ese que nos lleva al cielo,
rechazando tentaciones
que las ideas y ambiciones
son peligroso veneno.
En este pueblo han sembrao
“que cualquiera pué aprender”
y deberíais saber
que el leer pué ser pecao;
con que andarse con cuidao
y elegir bien la compaña
que con tanta idea extraña
están vustros sesos minando;
¡El diablo os va guiando,
que anda suelto por España!
Años de hambre venían,
si uno malo, otro peor,
y no cuajaba una flor
por lluvias o por sequías,
y la familia dio un día
con el remedio al rezarle
de la mañana a la tarde
y en la comunión diaria
plegarias y más plegarias
por los que morían de jambre.
Y se fueron agotando
estas quebrantadas vidas
que llevaban compartidas
de novena a balneario,
de la baraja al rosario,
hasta que fueron muriendo
y poco a poco iban yendo
al cielo que bien ganaron
y su casa la heredaron
las monjas de un beaterio.

Francisco Moreno Galván/José Menese

Lole

Dolores Montoya Rodríguez, Lole, es gitana de Triana. Particularmente, una de mis cantaoras favoritas por su peculiar estilo y la constante innovación de la que siempre ha hecho gala en su cante. Pero Lole es algo más: las raices de su cultura familiar se hunden en la tradición bereber argelina. Su madre, Antonia Rodriguez, La Negra, nació en Orán en 1936, y allí aprendió los ritmos bereberes de la cercana Cabilia que, con el tiempo, enseñaría a sus hijas.

Cuando la Negra y Lole mezclan el flamenco con estos ritmos magrebíes, resulta una fusión deliciosa, natural, alejada de artificios y de la corrupción comercial de la música. Es como la buena comida casera; un recordatorio de lo cercana que es la cultura del otro lado del Estrecho y de que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa del norte de África. Ésta es una grabación de los archivos de TVE del año 1972, cuando Lole contaba sólo con dieciocho años y aún no había comenzado su carrera artística profesional. Detrás del rebosante talento y de la sugerente voz, que bien podría pertenecer a una artista de El Cairo o Damasco, se adivina una joven a la que las cámaras aún provocan el sonrojo de la principiante. Suban el volumen y disfruten de la fiesta.

Cante Jondo: Antonio Mairena

En este año 2009 se conmemora el centenario del nacimiento de Antonio Mairena, nacido con el nombre de Antonio Cruz García en una humilde familia gitana de la localidad sevillana de Mairena del Alcor. Aquel niño que venía al mundo poco después de los sucesos de la Semana Trágica, y delante del cual se desplegaba toda la trágica historia de la España contemporánea, estaba llamado a ser uno de los más importantes cantaores de la historia del flamenco. Antonio sería testigo presencial de la Guerra de África, de la Guerra Civil y, sobre todo, de la extraordinaria evolución del folclore andaluz en la primera mitad del siglo XX; una evolución de la que, además de ser testigo de excepción, iba a convertirse en uno de sus actores fundamentales.

Antonio Mairena, además de una voz portentosa, capaz de ejecutar cualquier palo o estilo del flamenco, poseía un extraordinario interés por la recopilación de cantes antiguos que poco a poco iban quedando relegados de la tradición oral, hasta el punto de que algunos de ellos corrían grave peligro de desaparecer por completo. Antonio recuperó muchos de estos cantes y los hizo suyos, adaptándolos a su estilo y a los nuevos tiempos que corrían para el flamenco a mediados del siglo XX.

Aunque pocos se atreven a criticar el cante de Antonio Mairena, se trata sin duda de un artista polémico; no tanto por sus interpretaciones como por sus discutibles opiniones sobre la historia del flamenco y sobre la división entre “cantes gitanos” o “grandes” y “cantes castellanos” o “chicos”; opiniones que dejó impresas en varios libros sobre flamenco. Además de dejar como legado una forma de cantar imitada por muchos y una extensísima discografía, Antonio dejó también a los aficionados al flamenco una antigua polémica aún no zanjada entre aquellos que critican sus palabras y quienes las toman como si de las sagradas escrituras se tratasen.

Decir que “Flamencología” está en la base de todo estudio posterior sobre el Flamenco no es exagerar en modo alguno, pero si hay una obra donde esa incidencia se hace especialmente acusada es en “Mundo y Formas del Cante Flamenco”, escrito al alimón entre el poeta cordobés Ricardo Molina (miembro del grupo Cántico) y el cantaor sevillano Antonio Mairena. Despojada del lenguaje tecnicista la obra explora la historia y la conformación del cante y describe la total variedad de palos y estilos, resultando una obra de indiscutible valor referencial a la par que polémica. Ésta viene dada por la defensa a ultranza que los autores hacen de lo que después se llamó la “tesis gitanista”, en la que se establece erróneamente que el Flamenco es obra exclusiva de los gitanos y que lo habrían mantenido en la intimidad hasta la eclosión del profesionalismo. Asimismo se diferenciaba entre cante grande (aquel de más inequívocas influencias gitanas) y cante chico (aflamencamiento formal de tonadas folclóricas y coloniales).

Fuente: Wikipedia.

En medio, ajenos a la polémica, los aficionados ignorantes como yo nos limitamos a disfrutar de un artista de cuyo cante han bebido generaciones enteras de flamencos de dos siglos.

Locura de amor

Juana estaba loca, o por lo menos, eso es lo que algunos aseguraban. La reina Juana, primera monarca que reinó sobre todos los territorios de la actual España, se había educado para ser cualquier cosa menos un gobernante. No había sido preparada para eso.

Cuando la casaron con Felipe de Habsburgo, poco podía imaginar Juana que iba a dar al mundo dos emperadores, inaugurando de camino una nueva dinastía que convertiría a España en un imperio mundial: Los Austrias.

Algo había de cierto en las habladurías. A Juana se le fue la pinza con Felipe. Estaba locamente enamorada de él, y el trono de Castilla se le importaba una higa comparado con su flamante marido nórdico. El Hermoso, le llamaban… sería por algo. Felipe, sin embargo, pasaba bastante de la obsesiva Juana, aunque no perdía la oportunidad de pegarle un revolcón de cuando en cuando, para regocijo de su real majestad castellana. Así fue como tuvieron media docena de hijos, a cual más trascendente en la historia de Europa.

Pero en la flor de la edad, a Felipe le dio un chungo en Burgos, y se quedó en el sitio, cosa que en el siglo XVI era de lo más habitual. Unos dicen que murió por beber agua muy fría en pleno acaloramiento; otros que fue envenenado, y otros que se lo llevó la peste. Lo único cierto es que la muerte de Felipe supuso para Juana poco menos que el fin del mundo. Se llevó a su difunto esposo en peregrinación a través de las tierras de España hasta Granada, donde hoy se encuentra el sepulcro de ambos. Poco después de la muerte de Felipe, su padre Fernando el Católico, la encerró en el castillo de Tordesillas y se proclamó a sí mismo regente de Castilla, a la espera de la mayoría de edad de Carlos I. Entre estos dos pájaros de cuenta se encargarían de que la verdadera reina de Castilla nunca más volviese a pisar la calle.

Y no estaría tan loca Juana en realidad cuando, llegado Carlos con sus ínfulas de pretendiente al trono imperial, provocó con su injusto proceder la revuelta de los comuneros. Estos fueron a Tordesillas a solicitar a la reina madre que asumiera el trono que por derecho le correspondía, pero Juana, muy desengañada, nada quiso saber ya de lo que sucedía fuera de las paredes de su encierro, y permaneció allí hasta su muerte en 1555 a los 76 años; una edad a la que pocos llegaban por entonces.

Hoy os traigo este cachito de arte flamenco-histórico. Un romance por bulerías con letra de Salvador Guerrero e interpretado por Bernarda de Utrera con la maestría y el inigualable arte que caracteriza a esta imponente cantaora: