La tía de rojo

Una aburrida tarde de biblioteca puede volverse de lo más interesante cuando menos te lo esperas…

Este corto participa en la X edición del festival de cortometrajes NoTodoFimlFest.com.

Si algo bueno tienen los cortos es que guionistas, actores y directores deben saber contar una historia sorprendente, divertida, abierta, en el menor tiempo posible, utilizando todos los recursos a su alcance. El resultado suele ser una obra bien acabada y que no deja al espectador indiferente.

A mí me ha encantado este corto, y espero que también a vosotros.

El Parlamento rechaza la «Ley Sinde»

Llevaba tiempo queriendo poner aquí uno de los famosos vídeos de Hitler, y después de que ayer el Parlamento rechazara que la Ley Sinde se colara de rondón, ahora tengo la oportunidad de hacerlo.

Para los que vayan a comentar, aviso: no estoy de acuerdo con la descarga incontrolada (que no ilegal, porque hasta la fecha no lo es) de material protegido por derechos de autor, y soy partidario de una regulación del sector en la que todos, usuarios y creadores, ganemos. Lo que siempre me ha inquietado de la dichosa Ley Sinde es la abierta intención que ha tenido de suprimir la tutela judicial sobre los procesos administrativos contra las infracciones de derechos de autor en Internet. En democracia, y desde hace más de doscientos años, la separación de poderes es condición sine qua non para garantizar las libertades civiles. Ningún sector industrial debe arrogarse el derecho de abreviar estos procedimientos, por muchos ministros de su ramo que tenga en el gobierno.

La madre de Whistler

Estoy convencido de que cuando James Whistler pintó el retrato de su señora madre, allá por 1871, nunca pensó que su obra daría lugar a una de las escenas más escabrosamente hilarantes de la historia del cine. Antes de ver el vídeo que viene a continuación, quedan avisados de que estas imágenes pueden herir la sensibilidad de algunas personas. Mi señora, por ejemplo, vio la escena en el cine y se ha negado rotundamente a verla de nuevo.

Algún día igual me decido a escribir una entrada sobre la hornada de cómicos y actores británicos de la Oxford University Dramatic Society a la que pertenecen, entre otros, gente como Rowan Atkinson, Mel Smith, Dudley Moore, Michael York (el prota de La fuga de Logan) o Hugh Grant.

El buen libro

En un día tan señalado como hoy, en el que algunos no faltarán a su misa anual por el alma podrida de cierto señor bajito con bastante mala leche, a mí me apetece poner un vídeo de Tim Minchin, un buen cómico con cara de desquiciado que, sorprendentemente, tiene una idea muy acertada sobre la utilidad de un buen libro.

Aviso: gente religiosa deseando ofenderse, meapilas asiduos al Valle de los Caídos y falangistas de lágrima fácil, abandonen esta página inmediatamente o aténganse a las consecuencias. Luego no quiero lloriqueos en los comentarios.

P.D. Gracias a @AliveRC por recordármelo.

El día de la blasfemia

Nota importante: Si eres una persona religiosa y piensas que tus creencias pueden resultar ofendidas con facilidad, no sigas, repito, NO SIGAS leyendo esta entrada. Si lo haces y finalmente te sientes ofendido, te ruego encarecidamente que no corras a lloriquear a los comentarios. No garantizo una contestación satisfactoria.

Hoy, como todos los años por estas fechas, algunos fervorosos vecinos de mi pueblo han decidido que el resto de sus conciudadanos no debían seguir durmiendo a partir de las 6:00 am, hora en la que ellos dan por concluido -o a la que comienzan; no lo sé muy bien y tampoco es que me importe- el rezo nocturno del santo rosario. Lanzar potentes cohetes de feria por el «rosario de la aurora» es una costumbre ancestral a la que no cabe oponerse, ya que cuenta con el beneplácito de las autoridades que, año tras año, consienten en esta alteración del orden público tan lesiva para bebés, personas mayores o enfermas y trabajadores que ven alterado su periodo de sueño.

Y este año incluso habría que darles las gracias, porque parece que el coheterío se ha moderado bastante en comparación con otros años, así que en principio no pensaba escribir nada al respecto. Luego me he ido enterando de que hoy se celebra mundialmente el día de la blasfemia, y eso casi me decidió a vengarme un poco desde éste mi pequeño espacio en Internet. A pesar de ello, me contuve… hasta ahora.

No soy yo persona de blasfemar gratuitamente, aunque muchos consideran que bastantes de mis expresiones y opiniones sobre religión rebasan la barrera de la blasfemia a menudo, y no pocos pueden sentirse ofendidos por mi vehemencia dialéctica, razón por la que me excuso doblemente: en primer lugar por la ofensa infligida y en segundo lugar porque pienso seguir diciendo lo que me venga en gana sobre las religiones y sus prosélitos, aun a riesgo de seguir ofendiendo al personal.

Pero hoy voy a ceder la palabra a alguien con más sentido del humor que yo, agradeciendo a Mauricio Schwarz, alias @elnocturno en Twitter -cuenta cuyo seguimiento aprovecho para recomendar- que haya dejado caer por allí un enlace al vídeo que podréis ver a continuación, cosa que me terminó de decidir para escribir esta entrada. Se trata de un monólogo del cómico George Carlin sobre la mejor forma de condensar y comprimir los diez mandamientos para adaptarlos al siglo XXI y que dejen de ser el código de conducta ideal de una tribu de camelleros piojosos del siglo VIII a.C.

Que lo disfrutéis y/o soportéis con humor, y como se suele decir: «Si no quieres que me ría de tus creencias, pues no tengas creencias tan graciosas».