Indudablemente, la Segunda Revolución Industrial fue el resultado de un gran esfuerzo empresarial y de la acumulación de capitales en grandes empresas. Sin ellas no hubiera sido posible construir las grandes maquinarias que trajeron el progreso. También, no lo olvidemos nunca, esta Revolución fue el producto del sacrificado trabajo de millones de obreros, que con salarios de miseria y horarios imposibles, proporcionaron la imprescindible mano de obra que complementaba a las nuevas tecnologías para incrementar la producción industrial a un nivel nunca antes visto.
Pero ninguno de estos adelantos hubiera sido posible de no haber existido soñadores; excéntricos individuos que parecían vivir en una realidad alternativa; visionarios que idearon los más fundamentales adelantos de la tecnología de su época y supieron hacer de aquellos adelantos nuevas necesidades para la sociedad. La literatura de Julio Verne es un buen ejemplo de cómo el imparable progreso auguraba un futuro cercano donde todo era posible, desde el ferrocarril subterráneo hasta las naves espaciales, pasando por el submarino nuclear.
De entre todos estos visionarios destaca un hombre singular; un hombre que dio a la humanidad una nueva forma de entender la energía, independizando su uso de la producción de la misma. Hasta que él llegó era necesario obtener la energía necesaria (para cocinar, para alumbrarnos, para el transporte…) quemando in situ un combustible que proporcionara la energía necesaria. Después de él, ya nunca más sería necesario para el usuario urbano medio producir su propia energía, sino que éste únicamente tendría que preocuparse de consumirla. Su invento fue la corriente eléctrica alterna, y su nombre, Nikola Tesla. Gracias a este potente y novedoso caballo de batalla, que causaría sensación a finales del siglo XIX, Tesla consiguió no sólo iluminar a todo un mundo, sino también comunicarlo.
Pensando en los usos prácticos que podía tener su invento, Tesla trató de idear una forma de transmitir la energía eléctrica a través del aire y para ello construyó el primer radiotransmisor de la Historia. Aunque casi todo el mundo reconoce a Marconi como el inventor de la radio, lo cierto es que Tesla demostró años antes que el inventor italiano que tal forma de comunicación sin cables era posible, patentando también su invento antes que Marconi.
Pero Tesla estaba más interesado en las posibilidades comerciales de la electricidad como forma de transportar energía eficiente y limpia más que como una forma de comunicación a grandes distancias. Después de trabajar durante unos meses con el genial inventor y ladrón Thomas Alva Edison se inició una feroz enemistad entre ambos científicos. Edison era partidario de la corriente continua, y trató por todos los medios de desacreditar el trabajo de Tesla sobre la corriente alterna. Con ese fin Edison promovió el uso de la silla eléctrica basada en corriente alterna, que se impuso como instrumento para ejecutar a los condenados a muerte en muchos estados de los Estados Unidos. Edison esperaba que la opinión pública desconfiara de una forma de energía que servía para matar personas (aunque tuvo poco éxito, ya que actualmente la corriente alterna es la forma de transporte de la electricidad más común).
Junto con la aparición de las primeras bombillas incandescentes, la electricidad empezó a convertirse en la forma de energía más novedosa. Las primeras centrales eléctricas se instalaron dentro de las ciudades, y quemaban carbón o petróleo para generar vapor; el vapor, al circular a presión por unas turbinas alternadoras, permitían obtener la electricidad, y esta electricidad era distribuida a las industrias que la necesitaban, siendo posteriormente introducida de forma paulatina en los hogares. Con el tiempo, las centrales eléctricas hubieron de ser situadas fuera de las ciudades para evitar su impacto ambiental, y porque con el incremento de la demanda, estas instalaciones crecieron de tamaño hasta convertirse en los grandes complejos generadores actuales.
Gracias a los trabajos de Tesla sobre el transporte de la energía eléctrica, hoy podemos encender cómodamente la luz de nuestras casas sin preocuparnos sobre si la energía procede de una central térmica, solar o nuclear. El ferrocarril metropolitano y los tranvías que permiten la movilidad urbana en las grandes ciudades pueden circular impulsados por la energía eléctrica, siendo medios de transporte limpios y -relativamente- silenciosos. Una gran parte de las líneas férreas en casi todo el mundo se encuentran actualmente electrificadas, y muy pocas industrias generan por sí mismas la energía que consumen -salvo aquellas a las que les resulta rentable por la cantidad de energía que precisan-, confiando en el suministro eléctrico fiable y seguro para cubrir sus necesidades.
Nuestro mundo no sería igual sin el uso masivo y extensivo de la electricidad. Muchos describen a Tesla como el científico más importante de la Edad Moderna, el hombre que llenó de luz la faz de la Tierra, el padre de la Física o el hombre que inventó el siglo XX. Sin embargo, Tesla murió el 7 de enero de 1943 a los 86 años prácticamente arruinado y acosado por sus acreedores, aunque vivió lo sufienciente para ver el mundo transformado gracias a sus inventos.
A continuación, Juan Antonio Cebrián relata en uno de sus Pasajes de la Historia la intensa rivalidad entre Tesla y Edison:



Y todo esto lo realizó en un periodo histórico en el que Francia se convulsionaba políticamente. Mientras Champollion se devanaba los sesos sobre los enigmáticos jeroglíficos, Napoleón llegaba a la cima de su poder para luego caer bajo la séptima coalición de las naciones europeas. Luego, Luis XVIII enviaría a Champollion (de declarada simpatía bonapartista) a un exilio al campo que duraría poco tiempo. Al parecer, Francia estaba necesitada de mentes brillantes, y Champollion fue pronto repuesto como profesor. En 1822, nuestro genio ya había sentado las bases de su descubrimiento y finalmente en 1824 publicaba su Resumen del sistema jeroglífico de los antiguos egipcios, iniciando una nueva era en la egiptología.









