Lugares con Historia (VII): Castel Sant'Angelo

Anderson, James (1813-1877) - n. 0638 - Roma - Veduta del fiume

Ahí está esa imponente fortaleza: pura piedra, dominando la rivera occidental del Tíber desde que fuera construida en tiempos de los romanos. Puede que no sea el edificio más bonito de Roma, pero mientras la mayor parte de las construcciones de su época yacen en el suelo como ruinas o se han convertido en meras atracciones turísticas, el castillo de Sant’Angelo ha conservado casi hasta la actualidad su importancia estratégica dentro de la capital italiana. Edificado a principios del siglo II como mausoleo para el emperador romano Adriano, a lo largo de sus casi diecinueve siglos ha sido también una fortaleza, la residencia de los papas de Roma, una prisión y actualmente un museo.

Cuando el fotógrafo James Anderson tomó la fotografía de Castel Sant’Angelo que encabeza esta entrada, el compositor de ópera Giacomo Puccini aún no había hecho que la infeliz Tosca se arrojara desde lo alto de sus muros, desesperada por la muerte de su amado Mario. Sin embargo, al viejo castillo de Sant’Angelo le basta su propia historia para ser por sí mismo un lugar emblemático, sin necesidad de dramas líricos. Esas piedras han visto pasar por delante a muchos emperadores de Roma; han sido testigos y víctimas del fin del Imperio y de la destrucción provocada por las hordas visigodas, vándalas y hérulas. Desde lo alto de sus murallas bien podría haberse contemplado el ejército de los hunos de Atila, acechando a la indefensa ciudad.

Castel Sant'AngeloA finales del caótico siglo XIII, el papa Nicolás III ordenó edificar un paso elevado (el Passeto) que conectara la Ciudad del Vaticano con el castillo de Sant’Angelo. Este paso debía servir como vía de escape rápida para los papas, pudiendo refugiarse estos en el castillo en caso de peligro. La Historia demostraría que la idea de Nicolás III fue acertada, porque varios papas tuvieron que recorrer aquellos ochocientos metros con mucha, mucha prisa…

En 1495, mientras Cristóbal Colón terminaba de descubrir casi todas las islas del Caribe en su segundo viaje, el papa Alejandro VI (famoso por su apellido italianizado, Borgia) se apresuraba a refugiarse en Sant’Angelo ante la imparable invasión de Roma por el rey de Francia Carlos VIII, que en medio de su guerra contra los aragoneses en Nápoles, había decidido neutralizar la oposición papal a su campaña. No en vano, fueron los papas de Roma quienes otorgaron el reino de Nápoles a los Anjou franceses para quitarse de encima el estorbo que les suponían los Hohenstaufen, y Santa Rita, Santa Rita, lo que se da no se quita. Aunque Carlos VIII hubo de retirarse finalmente debido a la falta de logística y suministros que le permitieran continuar la campaña, y no precisamente por haber sido derrotado en combate, Alejandro VI lo tomó como una victoria personal. Unos años más tarde, sin embargo, cuando el nuevo monarca francés, Luis XII, volvió a la carga contra los aragoneses de Nápoles, el Papa Borgia tuvo mucho cuidado de no alinearse en contra de Francia. Dio lo mismo, porque el Gran Capitán se encargó de hacer morder el polvo al Valois para entregar el reino de Nápoles a su rey Fernando, el Católico, no sin antes ajustar cuentas con él.

Algunos años más tarde, las cosas entre Francia y España seguían tan mal como siempre: el nuevo Sacro Emperador era Carlos V de Alemania, a la sazón Carlos I de España, y dominaba un territorio como pocos monarcas habían conseguido aglutinar desde los tiempos de los emperadores romanos. Francia era una isla en medio de un océano dominado por los Habsburgo que incluía España, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, todo el Sacro Imperio Romano-Germánico y amplias zonas de Austria y Hungría. Aunque el nuevo emperador parecía la única figura en Europa capaz de enfrentarse al empuje turco que venía del este, al papado le interesaba más conservar el equilibrio de poderes entre las naciones que le rodeaban, y no verse supeditado al mandato de un poder temporal que desvirtuara la soberanía papal, inspirada por el mismísimo Dios. El recién estrenado papa Clemente VII, florentino de nacimiento y descendiente de los orgullosos Médicis, no estaba dispuesto a lamerle las botas al Emperador Carlos V, y pretendía resucitar el viejo enfrentamiento por el Dominium Mundi que ya mantuvieran el emperador Federico II Hohenstaufen y el papa Gregorio IX en el siglo XIII.

Por desgracia para el papa, Europa ya no vivía en el siglo XIII, y los reyes eran emperadores en sus reinos, no viéndose sometidos a la autoridad eclesiástica. Si esto era cierto para el común de los monarcas, no digamos ya para el Emperador Carlos. Las tropas hispano-alemanas habían estado sacudiendo de lo lindo al francés en el norte de Italia, en Navarra y en la misma Francia, deshaciendo las pretensiones de Francisco I de ampliar sus territorios a costa del Imperio y de las ciudades italianas. La debacle francesa fue total, y el rey francés tuvo que pasar una temporada en Madrid como “invitado” del Emperador.  Cuando el Papa, hasta entonces aliado del Imperio, se coaligó con Francia, Venecia y Florencia para parar los pies al creciente poder de Carlos V, el ejército imperial, que ya controlaba todo el norte de Italia, marchó “amotinado” hacia Roma. Al parecer, unas siempre mal pagadas tropas pretendían cobrarse la soldada con el botín arrancado a sus nuevos y ricos enemigos.

Los acontecimientos se precipitaron el 6 de mayo de 1527. Las defensas de Roma no podían resistir el avance de un ejército curtido en batalla que sextuplicaba en número a las fuerzas papales. Los lansquenetes, soldados profesionales alemanes que llevaban bastante tiempo sin cobrar, se cebaron en el saqueo de la Ciudad Eterna. Sólo la valentía y el arrojo de la guardia suiza que protegía al papa, compuesta de 150 hombres, consiguió salvar la vida de éste, aún a costa de ser masacrados por más de mil enemigos sedientos de sangre. Al final, en medio de una batalla encarnizada en el mismísimo altar de la basílica de San Pedro, consiguieron meter al papa Clemente VII en el Passeto di Borgo, 2006 Vatican €2desde donde corrieron por sus vidas hasta alcanzar la seguridad de Castel Sant’Angelo. A partir de aquel momento, el papa vivió recluido en aquella fortaleza un mes, hasta que se rindió el 6 de junio haciendo grandes concesiones territoriales al Imperio. Aunque Carlos V se hizo el disgustado, escribiendo lastimeras cartas al papa sobre lo infortunado del saqueo, Clemente VII no volvió a llevarle la contraria al Emperador en los años que le quedaron de vida. El Papa había aprendido muy bien la lección, y sabía ya cuál era su nueva posición en la política europea del siglo XVI. De hecho, su sumisión al Emperador fue tal a partir de ese momento que negó la anulación del matrimonio del rey inglés Enrique VIII con su esposa Catalina de Aragón, tía del emperador Carlos, lo que a la postre daría como resultado la desvinculación de Inglaterra de la obediencia religiosa a Roma y la creación de la iglesia anglicana.

Para la ciudad de Roma, el Saco fue lo peor que le había pasado en su historia. Ni siquiera las hordas bárbaras fueron tan exhaustivas en su recolección de botín, ni tan crueles con los habitantes de la ciudad, que quedó semidestruida y despojada de todas sus riquezas, incluyendo las del Vaticano. Sólo el castillo de Sant’Angelo y su ilustre inquilino se mantuvieron a salvo del enemigo.

Además de su función como fortaleza defensiva, el castillo también fue una prisión donde rumiaron su infortunio personajes tan destacados como Bartolomeo Platina (enlace a wikipedia en inglés, lo siento; al parecer el personaje no merece entrada en Wikipedia en español. Será porque no juega al fútbol o no se parece a Pikachu), Pomponio Leto, Giordano Bruno… podría decirse que lo mejorcito del humanismo italiano pasó por las mazmorras de este castillo por cortesía de unos papas no demasiado inclinados a las nuevas ideas. Hoy el castillo es un museo, el Museo Nazionale di Castel Sant’Angelo, de visita obligada para todo turista que visite Roma.

Para finalizar esta entrada, os dejo con E lucevan le stelle, de la ópera Tosca, donde Plácido Domingo, en el papel de Mario Cavaradossi, lamenta la inminente llegada de la muerte en una de las azoteas de Castel Sant’Angelo.

Entrada dedicada a @MrDodo, pájaro de cuenta que siempre tiene un puntito de inspiración para los mortales.

Emperadores de Roma: Claudio (II) – El emperador erudito

La guardia pretoriana encuentra a Claudio escondido detrás una cortina tras el asesinato de Calígula.De repente, y contra todo pronóstico, Roma tenía un nuevo e inesperado emperador. Hasta entonces, el Imperio había tenido que conformarse -con mejores o peores resultados- con un animal político ávido de poder, con un anciano maniaco sin interés alguno por el gobierno y con un joven demente sanguinario. Ahora Roma iba a probar algo nuevo y diferente: el gobierno de un erudito, de un estudioso de la historia que nunca tuvo intención de gobernar. A pesar de su reticencia, Claudio tenía la gran oportunidad de demostrar al mundo que un historiador podía ser mejor gobernante que un político o un militar.

Pero al principio, tras la violenta muerte de Calígula, las cosas estaban bastante revueltas en Roma. Mientras los asesinos del anterior emperador y el Senado clamaban por la restauración de la República, la guardia pretoriana protegía a Claudio, a quien habían proclamado emperador (un nombramiento a todas luces ilegal, pero que contaba con la validez que le daban las espadas de la guardia imperial). Sabiendo el Senado que no podía enfrenarse con las numerosas cohortes de pretorianos acantonadas en los alrededores de la ciudad, no tuvo más remedio que plegarse a este nombramiento y aceptar a Claudio como emperador.

Los temores del Senado sobre la capacidad de Claudio para ejercer el gobierno se disiparían muy pronto. Claudio no era ningún loco, y tampoco estaba ávido de poder. Claudio, de hecho, siempre había profesado ideas republicanas, al igual que su fallecido hermano Germánico. Por desgracia para él, sabía bien que no podía renunciar al cargo, ya que eso podía significar su muerte. Él, que siempre había sido un superviviente ante todas las intrigas que habían rodeado a su familia, ahora consideraba que permanecer como emperador era su mejor opción para conservar la vida. En fin, ya que no tenía más remedio que gobernar, al menos trataría de hacerlo lo mejor posible.

Entre sus primeras decisiones, devolvió la independencia al Senado de Roma, convirtiéndolo de nuevo en una cámara representativa de la ciudadanía, y liberándolo del servilismo en el que había caído durante los gobiernos de Tiberio y Calígula. Derogó la mayor parte de las enloquecidas disposiciones del gobierno de su sobrino y acometió una serie de importantes obras públicas destinadas a asegurar el abastecimiendo de agua y grano a Roma para evitar las cíclicas hambrunas que asolaban a la población. Mandó construir nuevos acueductos y acometer la necesaria reforma del puerto de Ostia para permitir el atraque bajo cualquier clima de los barcos que abastecían de alimentos a la capital imperial. Claudio intentó también devolver la seriedad a la judicatura romana, encargándose incluso de presidir personalmente gran número de juicios.

Después de años de terror político, el pueblo de Roma empezaba a respirar tranquilo. El nuevo emperador no parecía predispuesto al asesinato o a la violencia indiscriminada. Sin embargo, antes de considerarle definitivamente como un líder aceptable, Claudio debía demostrar que, además de un buen administrador, era también un líder militar victorioso. Sus antecesores se habían destacado en guerras civiles, en Hispania, Germania o Panonia, pero ahora las fronteras del Imperio se encontraban bastante pacificadas. Ni siquiera la díscola región de Oriente Medio, gobernada ahora por Herodes Agripa, amigo personal de Claudio, daba muestras de disturbios inminentes. Claudio necesitaba un terreno en el que demostrar sus aptitudes militares, expandiendo de paso el Imperio. Ese terreno sería Britania, la isla septentrional donde incluso Julio César había fracasado en su intento de conquista un siglo antes.

Carataco y su familia son presentados ante Claudio en su triunfo. Grabado según un çoleo de Robert Sminke.Los orgullosos britanos, lejos de consentir el dominio romano, ofrecieron una fuerte resistencia bajo el mando de Carataco, su más carismático líder. El orgullo y la bravura britanas no pudieron, sin embargo, impedir que la implacable maquinaria de guerra romana les pasara por encima, y Carataco terminó exhibido por el foro de Roma en el desfile triunfal de Claudio. Como gesto de indulgencia hacia el enemigo vencido, y rompiendo la tradición romana de ajusticiar a los líderes enemigos al finalizar el desfile triunfal, Claudio perdonó la vida de Carataco y su familia, permitiéndoles vivir en la campiña romana por el resto de sus días. Con este gesto se gano el aprecio del pueblo romano, así como el respeto de los britanos, más dispuestos a aceptar el dominio de un conquistador benevolente.

De esta forma Claudio afianzó su posición en Roma como jefe militar competente, capaz de proteger y ampliar el Imperio. Las incorporaciones de las nuevas provincias en África y Britania y la inestabilidad política en Oriente Medio le permitieron extender las fronteras de Roma más lejos de lo que nunca habían llegado, y eso significaba nuevos ingresos por botín de guerra, por concesiones administrativas sobre las explotaciones mineras y agrícolas en las nuevas tierras y por impuestos de cientos de miles de nuevos súbditos. Una nueva era de prosperidad se abría para Roma bajo el gobierno de Claudio; sin embargo, las intrigas dentro de la casa del emperador iban a marcar el futuro del Imperio. El emperador padecía una debilidad mucho mayor que la que afectaba a su maltrecho cuerpo: su dependencia emocional de sus mujeres, asunto que trataremos en una próxima entrada.

Emperadores de Roma: Claudio (I) – El tullido tras la cortina

Robert Graves, autor de la novela histórica Yo, Claudio.Claudio es uno de los emperadores sobre los que existe más literatura. Es un emperador que, de la mano de Robert Graves, y su fabulosa novela Yo, Claudio,  se hace querer por el aficionado a la historia. Este emperador representó para Roma un descanso después de años de dejadez, desgobierno y locuras imperiales, pero para mí significa además la victoria de la inteligencia sobre los prejuicios, del gobierno sobre la ambición y del hombre sobre el poder absoluto.

Claudio nació en el año 10 a.C., cuando el poder de Octavio Augusto era ya incontestable y Roma conocía por fin la paz después de un siglo de guerras civiles. Nuestro futuro emperador era hijo de Druso y de Antonia, nieto por lo tanto de Livia y Tiberio Claudio Nerón por parte de padre y de Marco Antonio y Octavia por parte de madre. Sobrino y tío de emperadores, podría haber sido un destacado miembro de la familia imperial, además de un firme aspirante al poder (lo que a buen seguro hubiera hecho que su vida fuese mucho más corta de lo que fue, habida cuenta de la despiadada lucha por el trono en el seno de la familia), pero Claudio nació con unas taras físicas tan importantes que no podían ser ignoradas: cojo, tartamudo, medio inválido y aquejado por múltiples tics, Claudio era considerado desde pequeño por los suyos como un monstruo, un engendro indigno de su augusta familia que debió haber sido abandonado en el bosque. Debido a estos defectos físicos, todos pensaban además que Claudio era un idiota, un retrasado mental que, por descontado, estaba al margen de la vida familiar y pública.

El actor Derek Jacobi interpreta a claudio en la miniserie Yo, Claudio, basada en la novela de Robert Graves.

Así que Claudio tuvo que conformarse con ser criado por sus niñeras y los esclavos de la casa, con no ser invitado nunca a participar en las comidas familiares y con mantenerse apartado del camino. Asumiendo su condición de subnormal tullido, Claudio se dedicó entonces a estudiar, aprendiendo la lengua de los antiguos etruscos y la historia de Roma y Cartago. Claudio se convirtió en un historiador bastante competente. De hecho, sus trabajos sobre la última guerra civil entre Augusto y su abuelo Marco Antonio le granjearon la desconfianza del entonces emperador Octavio Augusto.

Sin embargo, Claudio estaba muy lejos de ser un idiota. Apartado como estaba de la lucha por el poder asistió a la muerte de la mayoría de los candidatos a ocuparlo. Lucio, Cayo, Póstumo, su padre Claudio Druso, su propio hermano Germánico… También sobrevivió a las purgas de Sejano en tiempos de Tiberio, entre otras cosas porque consintió en casarse con una hermana de Sejano, Elia. Elia fue su segunda esposa, después de que Claudio se divorciara de la primera, Urgulanilla, acusando a ésta de adulterio.  En el año 31, mientras en el Senado pintaban bastos para Sejano, Claudio aprovechaba para divorciarse de Elia. Con eso no sólo se libraba de una esposa probablemente impuesta por el hombre fuerte de Tiberio, sino que también se desligaba de las previsibles consecuencias que la caída de Sejano acarrearía para sus partidarios.

Pero la prueba de fuego para las habilidades de supervivencia del pobre Claudio aún estaba por llegar. En el año 37 moría el emperador Tiberio, tío de Claudio. Como herederos del Imperio sólo quedaban vivos su sobrino Calígula y Tiberio Gemelo, nieto del fallecido emperador. En el testamento de Tiberio se encomendó el trono a ambos, obviando a un Claudio que por edad (47 años en aquellos momentos) y por conocimientos estaba mucho mejor preparado que ellos para gobernar. Inconvenientes (o ventajas) de ser el tonto de la familia. Como ya conté en la anterior entrada de esta serie, Calígula despachó muy pronto a su coemperador y dio comienzo a los cuatro años más enloquecidos del gobierno imperial. Calígula puso a Roma patas arriba, robando y asesinando a cuantos tenían el menor viso de representar un peligro para el emperador. También fueron asesinados muchos ciudadanos adinerados para expropiarles sus bienes.

Busto en bronce de Claudio, British Museum.Claudio fue nombrado cónsul por Calígula, si bien el joven emperador nunca respetó a su tío y siempre le tomó por un imbécil. Claudio se cuidó muy bien durante aquellos años de no acumular demasiadas riquezas y de seguirle la corriente al demente de su sobrino para evitar ser asesinado por orden de éste, pero al final, cuando Calígula fue asesinado, la consigna de muerte para la familia imperial parecía que por fin iba a terminar con su suerte. Tras el asesinato de Calígula, Claudio se escondió de los asesinos y de los guardias germanos de su sobrino, que estaban asesinando a todo aquél que les pareciera sospechoso de haber atentado contra la vida del emperador. Agazapado tras una cortina, esperaba la muerte a manos de cualquiera de los guardias armados que recorrían el palacio cuando fue encontrado por la guardia pretoriana.

Sabedores de que una república se desharía rápidamente de los guardias encargados de la seguridad del emperador, la guardia pretoriana le proclamó emperador allí mismo. Claudio era el último superviviente varón de la familia Claudia, y para asegurar su supervivencia prometió a los guardias pagarles una elevada suma cuando asumiera el control del Iimperio. Fue un mal precedente, porque en años posteriores los aspirantes al trono deberían satisfacer sumas cada vez mayores al ejército por su apoyo, pero a Claudio le sirvió para salir del paso en aquel momento. El tonto de la familia Claudia ahora sería el gobernante del Imperio Romano.

Asterix Gladiador – Comparativa histórica (I)

Como bien dice el artículo de Wikipedia, los cómics de Asterix tienen elementos de sobra para divertir a todos los públicos. Para los niños presenta una trama entretenida donde los héroes (galos) siempre derrotan a los malos (romanos). Para los mayores incorpora giros del lenguaje y juegos de palabras, dejando caer pinceladas de sarcasmo y humor satírico a lo largo de todo el cómic. Para los aficionados a la historia resulta una delicia comprobar la exactitud de sus dibujos respecto a la época en la que se desarrolla la trama. Por supuesto, Uderzo y Goscinny se permiten ciertas licencias y anacronismos que no dejan también de ser divertidos.

Asterix Gladiador fue publicada en 1964 (hace ya la friolera de 45 años), y cuenta los avatares de la más famosa pareja de galos en la Roma del año 50 a.C. En la historia real, el 50 a.C. es un año muy conflictivo para la república: Julio César, conquistador de la Galia y comandante de los mejores ejércitos de Roma, se enfrenta a una facción del senado que pretende juzgarle por supuestos crímenes cometidos durante su anterior consulado. Para impedirlo, César cruzará con sus tropas el río Rubicón, dando comienzo a la Segunda Guerra Civil de la República. Algunos de estos hechos son citados en otros cómics de la serie, pero no en éste.

PortadaCasco de gladiador tracioDesde la misma portada, el dibujante nos ofrece una recreación realista de un gladiador tracio y un reciario. El tracio lucha con la espada y el escudo, mientras el retiario lo hace con el tridente y la red. Los gladiadores eran por lo general esclavos obligados a luchar, aunque la gran afición de los romanos por estas luchas acarreaba también una gran fama para los vencedores. Muchos hombres libres optaron por luchar voluntariamente en las arenas del circo a pesar del evidente peligro de tal oficio en busca de esa fama y de la gran cantidad de dinero que un gladiador exitoso podía ganar.

Galera feniciaRecreación de una galera fenicia.Aunque se puede viajar desde la Galia hasta Roma por tierra (no iban a faltar buenas calzadas para hacerlo), Asterix y Obelix casi siempre prefieren viajar en barco. En esta ocasión son recogidos por una galera fenicia que transporta mercancías al puerto de Ostia. Como puede verse en las imágenes, la exactitud de la galera fenicia respecto a las recreaciones históricas es mucho más de lo que se le puede pedir a un tebeo. Más o menos lo mismo puede decirse de las embarcaciones romanas, que también son reproducidas con mucho detalle. A continuación, la liburnia romana que aparece en el cómic y un modelo de una verdadera liburna romana:

Los piratas son unos personajes que entran dentro del terreno de los anacronismos. No se duda de que las aguas mediterráneas e incluso atlánticas estuvieran plagadas de piratas, aunque es casi seguro que no navegaban en drakkars vikingos del siglo X…

El barco de los piratas aborda a la galera fenicia.Recreación de un drakkar vikingo.Para finalizar por hoy, quiero destacar el realismo de los asustadizos legionarios romanos en Asterix. La impedimenta y las armas responden fielmente al auténtico legionario romano del siglo I a.C.:

Emperadores de Roma: Calígula

Al igual que pasa con Tiberio (con el cual reconozco haber sido un poco duro en anteriores entradas, échenle la culpa a Robert Graves), las fuentes clásicas coinciden en señalar que Calígula fue un mal emperador, aunque con matices.

Busto del emperador CalígulaCalígula provenía de la mejor estirpe que podía esperarse: hijo de Germánico y Agripina, nieto de Antonia, Druso, Agripa y Julia; y biznieto de Augusto, de Octavia, de Marco Antonio, de Livia, de Tiberio Claudio Nerón y de Escribonia. Calígula era el último superviviente de la saga de los Julios, excepción hecha de su lamentable tío Claudio, con el que nadie contaba. Calígula había sido desde pequeño el ojito derecho de las legiones de su padre, el talismán del ejército en las frías tierras de Germania. Su padre le vestía con un uniforme militar a su medida, y los legionarios le apodaron “botita” (Calígula), por las pequeñas botas militares que calzaba. Tuvo una infancia complicada, entre campamentos, guerras y rebeliones, y cuando volvió a Roma lo hizo junto con las cenizas de su padre, supuestamente asesinado por orden del mismo emperador en lo que se convirtió en el mayor escándalo de la época.

Los Julio-Claudios conformaban una peculiar familia cuya feroz ambición había devorado a sus propios hijos, como si de una alegoría del dios Saturno se tratara. Sólo la suerte o la pericia a la hora de alejarse de los puñales, el veneno y las islas desiertas pusieron a Calígula en el camino del trono imperial. Cuando Tiberio daba sus últimas boqueadas en Miseno durante la primavera del año 37, Calígula estaba allí junto al prefecto del pretorio Macro. Se dice que entre ambos finiquitaron al viejo emperador mientras se recuperaba de una indigestión de comida, vino y sexo, aunque como he dicho al principio, las fuentes parecen haberse comportado un tanto injustamente con Tiberio, así que mejor que cojamos este dato con prudencia. Calígula fue rápidamente proclamado emperador con la ayuda inestimable de los pretorianos, aunque realmente, no había nadie más donde escoger para el puesto vacante. El Senado, que había sufrido años de depuraciones y asesinatos bajo el gobierno de Tiberio y su valido Sejano, no estaba para oponerse a nada de lo que dijeran los guardias imperiales, así que validaron la sucesión. Además, el pueblo estaba encantado de que un hijo del añorado Germánico llegara al trono.

El actor Malcom McDowell interpreta a Calígula en la película del mismo nombre dirigida por tinto BrassAl leer el testamento resultó que Tiberio había dejado el trono conjuntamente a su sobrino-nieto Calícula y a su nieto Tiberio Gemelo, hijo del malogrado Cástor. No cabía duda: el viejo estaba loco, y así se lo hizo saber al Senado (con la persuasiva ayuda de sus pretorianos, claro), denunciando el testamento y declarando nula la sucesión de Tiberio Gemelo. De todas formas, como Calígula no estaba dispuesto a compartir el trono, unos meses más tarde le mandó asesinar, despejando el camino de posibles obstáculos.

Calígula se encontró el tesoro público romano lleno, porque Tiberio había sido un emperador bastante tacaño. Esta acumulación de oro en las arcas del Estado estaba teniendo un efecto perjudicial sobre la economía, así que en los meses siguientes dilapido las reservas económicas del Imperio poniendo en circulación millones de sestercios con los que se pretendía reactivar la economía. Supongo que Calígula nunca oyó hablar de la deflación, pero al parecer, todo aquel dinero sacó al Imperio de una crisis económica en el año 37 para meterlo en otra aún peor en el 39. Todo eso en la sociedad de la populosa Roma iba a importar poco, porque el emperador iba a darles motivos sobrados de preocupación por sí mismo. Tras una enfermedad padecida en otoño del mismo año 37 en que ascendió al trono, Calígula se transformó en una persona totalmente distinta. Si hacemos caso de las fuentes clásicas, Calígula se volvió loco de remate.

John Hurt interpreta a Calígula en la serie de televisión "Yo, Claudio"Llevados por la pasión, algunos ciudadanos destacados habían ofrecido a los dioses sus propias vidas si estos intercedían en la curación del emperador. Lo que no esperaban era que una vez curado, el mismo emperador les exigiera cumplir con el pago prometido a los dioses. De este modo envió a la muerte a aquellos que habían hecho tan atrevidas promesas; no era cosa de ofender a los dioses con promesas incumplidas…

Lo malo de ser un emperador maldito es que nadie verá con buenos ojos tus obras, aunque estas obras fueran intrínsecamente buenas. Durante su reinado Calígula ordenó los gastos del Estado, redujo los impuestos, democratizó un poco la vida pública y fomentó las obras sociales. Nada de esto le valía a un Senado acostumbrado a gobernar por su cuenta durante los años en que el anterior emperador había estado retirado en Capri. Calígula tendría en ellos a sus mayores rivales, y la pendencia iba a saldarse con sangre.

La crisis del 39 pilló al Estado ya sin dinero en las arcas, por lo que Calígula empezó a buscar nuevas e imaginativas fórmulas de financiación. Suetonio cuenta que viajó a la Galia a recaudar dinero, subastando los bienes de la antigua corte de Tiberio y Augusto. Para ello confiscó todos los carros, mulas y caballos que pudo encontrar con el fin de transportar muebles, alhajas y esclavos, y ello provocó el desabastecimiento de la ciudad por falta de medios de transporte. Su proyecto de unir los dos extremos de la bahía entre Baiae y Puteoli mediante un puente de barcos al parecer dejó a Roma sin capacidad para transportar el grano egipcio hasta sus silos, provocando también una hambruna considerable.

Además del agotamiento de las ideas y de la mala situación económica, Calígula empezó a ver por todas partes conspiraciones reales o imaginarias a consecuencia de las cuales ejecutó a un buen número de altos funcionarios del Imperio. En algunos casos, y siempre según unas fuentes clásicas de dudosa imparcialidad, asesinó a muchos hombres adinerados con el fin de confiscarles sus riquezas. Esto no hacía sino incrementar la cuenta de sus enemigos y multiplicar la inquietud de aquellos que tenían las riendas del poder por debajo de la persona del emperador.

Una de sus víctimas fue el rey de Mauritania Ptolomeo, hijo de Cleopatre Selene, quien a su vez era hija de Cleopatra VI de Egipto y de Marco Antonio, bisabuelo del emperador romano. Calígula le mandó asesinar en una de sus visitas a Roma y se anexionó el reino de Mauritania como dos provincias. Se puede considerar que ésta fue la única expansión territorial que tuvo el Imperio durante su reinado, porque la campaña en Britania no llegó a materializarse.

 Sobre Calígula se cuentan todo tipo de terroríficas historias acerca de crueldades, violaciones, orgías y asesinatos. Puede que todas estas historias fuesen ciertas, o puede que no tanto. Lo que sí es cierto es que estas historias generaron un mito alrededor de la crueldad de Calígula que perdura hoy en día en novelas, películas y series de televisión. Parece cierto que Calígula llegó a creerse un dios viviente, llevando al extremo el culto religioso a la figura del emperador. Entre sus actos más extravagantes se encuentran la instalación de un burdel en el palacio imperial, el nombramiento de su caballo Incitato como cónsul de Roma o su pretensión de colocar una estatua suya en pleno templo de Jerusalen, dando origen a una rebelión de los judíos que a punto estuvo de saldarse con una guerra en Judea.

Cripta donde, según las fuentes clásicas, fue asesinado el emperador CalígulaEn el año 41, un veterano soldado de las campañas de Augusto en Germania y comandante de la Guardia Pretoriana llamado Casio Querea se hartó definitivamente de la locura del emperador y de sus imprevisibles actos. Junto a otros conspiradores esperaron la oportunidad de abordar a Calígula en un descuido, y esa oportunidad se les presentó el 24 de enero del año 41 mientras el emperador presenciaba unos juegos. Los conspiradores, apoyados por una facción senatorial proclive a la restauración de la República, acabaron con la vida de Calígula, y posteriormente asesinaron también a su esposa Cesonia y a la hija pequeña de ambos, Julia Drusilla.

De nuevo, un insignificante Claudio consiguió eludir la matanza. La Guardia Pretoriana le encontró antes que los asesinos, escondido y aterrorizado. Previendo que la República prescindiría de la guardia imperial proclamaron a Claudio emperador de Roma, pero eso es ya otra historia…

La dinastía Julia-Claudia

No me ha resultado fácil elaborar este esquema, porque las relaciones entre los miembros de esta familia son dignas del más intrincado culebrón venezolano, pero aquí está. Evidentemente, faltan personajes que podrían ser relevantes, pero creo que no falta ninguno de los imprescindibles. Pulsa sobre la imagen para obtener el esquema en PDF, o aquí para bajar el original en formato OpenOffice Draw.

Dinastía Julia-ClaudiaNota: Esta imagen se publica bajo los términos de la licencia GFDL.

Emperadores de Roma: Tiberio (II) – El libertino y el asesino

Una vez proclamado Tiberio como emperador, Roma iba a descubrir qué clase de personaje estaba ahora al frente del Imperio. Tener cincuenta y seis años en el siglo I equivalía a ser un anciano, pero Tiberio aún conservaba una mente ágil y unos instintos salvajes. Su ágil mente le decía que debía protegerse a toda costa de cualquier intento de asesinato. Él carecía por completo del carisma que había demostrado su antecesor, y se encontraba en una de las situaciones más peligrosas en las que puede encontrarse un hombre.

Por eso se hizo el estrecho a la hora de asumir títulos y poderes ante el Senado, aunque en realidad continuó acumulando poder y desmontando los pocos resortes que quedaban de las antiguas instituciones republicanas, como el nombramiento de los magistrados por las asambleas de ciudadanos. También multiplicó por tres el número de guardias pretorianos, hasta un número equivalente a dos legiones. Esta jugada le permitía tener el control militar permanente sobre la capital del Imperio, a pesar de los peligros que conllevaba tal acumulación de tropas junto a los centros del poder.

Inmediatamente después del ascenso de Tiberio al trono comenzó otra feroz carrera por la sucesión, donde las posiciones de partida no estaban ni mucho menos claras. En un principio se contaba con el sobrino de Tiberio, Germánico, quien había conseguido desbaratar un motín de las legiones en Germania e incluso había realizado una campaña más allá del Rín para recuperar las famosas águilas de Quintilio Varo que tantos dolores de cabeza dieron a Octavio Augusto. Preocupado por su fulgurante carrera militar, Tiberio mandó llamar a Germánico de vuelta a Roma, y después de dejarle celebrar un triunfo por su campaña, le envió a las provincias orientales donde murió en extrañísimas circunstancias. El muerto se lo colgaron al gobernador de la provincia de Siria, Cneo Calpurnio Pisón, quien en todo caso habría actuado por órdenes “de arriba”. Pisón tuvo que suicidarse para impedir que su familia perdiera todas sus posesiones, y con eso terminó el asunto. Uno menos en el reparto. Corría el año 19 de nuestra era.

La viuda y los hijos de Germánico transportan sus cenizas a Roma. Obra de Benjamin West. Origen: Wikimedia CommonsCuatro años más tarde moría también Druso el Joven, hijo de Tiberio y de Vipsania y desde la muerte de Germánico un claro aspirante al trono. Las fuentes clásicas coinciden en señalar que Druso fue envenenado por Sejano, prefecto de la guardia pretoriana y nuevo hombre fuerte de Roma. Druso odiaba a Sejano, e incluso llegó a golpearle en una ocasión. El muchacho estaba casado con su prima Livila, hija de Antonia y Claudio Druso Nerón, el hermano de Tiberio. Se da como cierto que Livila tenía una relación amorosa con Sejano, y que entre ambos perpetraron el crimen. Como se puede observar, la familia imperial se superaba por momentos en intrigas y maldades.

A Tiberio todas aquellas intrigas le tenían desquiciado. Harto de la vida en Roma decidió retirarse a vivir a sus palacios de Capri, lejos de aquel estanque de tiburones que era Roma. A su edad, había desarrollado una sexualidad perversa, entregándose sin freno a todo tipo de experimentos, para lo cual contaba con un nutrido grupo de esclavos y un número inagotable de doncellas extraídas de todas las capas sociales de Roma. A partir del año 23, cuando el Emperador contaba ya con sesenta y cinco años, decidió desentenderse del gobierno y dejarlo en manos de su hombre de confianza Sejano.

El actor Patrick Stewart interpreta a Sejano en la serie de televisión Yo Claudio.Mientras vivía la madre del Emperador, que seguía siendo una mujer de imponentes influencias en Roma, Sejano manejó las riendas del poder con cierta prudencia, pero una vez muerta desató una campaña de terror político que sacudió Roma y sus dominios. Llevó a juicios por traición a cientos de senadores y caballeros, ejecutando a todos sus enemigos políticos -que eran muchos- y confiscando sus bienes. Sejano instauró un régimen de terror, afianzándose cada vez más como hombre fuerte de Roma y buscando descaradamente la sucesión del Imperio. Los posibles herederos de Tiberio no escaparon a la persecución, y así eliminó a dos de los hijos de Germánico, Druso y Nerón, y envió al exilio a Agripina, su viuda. El único hijo varón que quedaba de Germánico era Calígula, que terminó yendo a Capri con Tiberio.

La historia de Sejano es digna de ser contaba aparte, pero baste decir por ahora que Tiberio empezó a sospechar de las intenciones de su muy leal amigo, y escribió una carta al Senado condenando a su prefecto del pretorio por traición. Al Senado, harto de los abusos del hombre de confianza del emperador, le faltó tiempo para ejecutar a Sejano -y de camino fueron ejecutados los hijos de éste, la viuda de Druso el Joven, Livila, a quien su madre encerró para que muriera de inanición, y en general se “limpió” Roma de todos los que habían colaborado con Sejano, incluyendo a un buen número de pretorianos-. Era el año 31 d.C.

Eliminado Sejano, el Imperio siguió funcionando, pero sin cabeza visible. Tiberio siguió aislado en su isla de Capri, cada vez más achacoso y entregado a sus excesos. Mientras tanto, el Imperio se había quedado sin herederos. Los únicos varones disponibles eran su nieto Tiberio Gemelo, hijo de Druso el Joven, y Calígula, hijo de Germánico y sobrino-nieto del emperador. Calígula fue adoptado por Tiberio y ambos fueron nombrados herederos al trono.

Tiberio murió en el año 37, dejando un Imperio que funcionaba solo, con una economía sólida y unas fronteras más o menos seguras. En realidad las fuentes clásicas coinciden en señalar que, como gobernante, Tiberio no hizo prácticamente nada, y le presentan como un ejemplo de dejación de funciones.