Labordeta

Ésta es la entrada que uno nunca quisiera escribir. Después de un largo periodo de inactividad bloguera, tengo que venir aquí de nuevo para reseñar en El ojo del tuerto el fallecimiento de José Antonio Labordeta.

Labordeta fue, ante todo, un humanista íntegro: poeta, cantante, historiador, político… José Antonio era un hombre del renacimiento, que nos demostraba a diario que, en pleno siglo XXI, más allá de las modas y el consumismo, una persona podía cultivar el conocimiento y las artes como forma de realización personal. En todo aquello que hizo puso el alma, atrayendo la simpatía del pueblo por su forma sincera y directa de hacer política, sin eufemismos ni medias tintas. Muchos hemos recorrido nuestro país metidos dentro de la mochila de Labordeta, explorando rincones casi mágicos que jamás hubiéramos pensado que existían de verdad.

Gracias, José Antonio, por haber pasado por aquí y por haber trabajado siempre para dejar un mundo mejor que el que encontraste.

Habrá un día en que todos
Al levantar la vista
Veremos una tierra
Que ponga libertad (bis)

Hermano aquí mi mano
Será tuya mi frente
Y tu gesto de siempre
Caerá sin levantar
Huracanes de miedo
Ante la libertad

Haremos el camino
En un mismo trazado
Uniendo nuestros hombros
Para así levantar
A aquellos que cayeron
Gritando libertad

Sonarán las campanas
Desde los campanarios
Y los campos desiertos
Volverán a granar
Unas espigas altas
Dispuestas para el pan

Para un pan que en los siglos
Nunca fue repartido
Entre todos aquellos
Que hicieron lo posible
Para empujar la historia
Hacia la libertad

También será posible
Que esa hermosa mañana
Ni tú, ni yo, ni el otro
La lleguemos a ver
Pero habrá que empujarla
Para que pueda ser

Que sea como un viento
Que arranque los matojos
Surgiendo la verdad
Y limpie los caminos
De siglos de destrozos
Contra la libertad

FUD

El acrónimo del inglés FUD (Fear, Uncertanty and Doubt) significa, traducido al español, Miedo, Incertidumbre y Duda.

Aunque Wikipedia contempla este término como una estrategia comercial destinada a perjudicar a la competencia, es fácil extrapolarlo a nuestro actual estilo de vida. A lo largo de la Historia, el mundo se ha movido principalmente por el miedo de la gente: miedo a perder la vida, a perder las propiedades, a lo desconocido… Todos los gobiernos del pasado y todas las religiones pasadas y presentes se han aprovechado de estos miedos para manejar a su antojo a la población.

Pero hasta bien entrado el siglo XX, los miedos de la gente eran de un carácter más local, ya que la falta de medios de comunicación hacía que los acontecimientos lejanos llegaran muy distorsionados y con una considerable demora. Hoy, en plena sociedad de la información, podemos afirmar con orgullo que somos participes de los mismos miedos a nivel planetario: si surge un brote de gripe en México, podemos empezar a preocuparnos hoy mismo en España -o en China-; si la crisis -y una política económica ciertamente irresponsable- atenaza la economía de Islandia, de Grecia o de España, el miedo se extenderá por los mercados en cuestión de minutos hasta afectar a toda Europa… la lista de ejemplos sería interminable, pero la conclusión es que, de no existir esa intercomunicación global en la que nos hallamos inmersos, casi todas estas noticias nos traerían al pairo.

Lo cierto es que me cuesta mucho sentirme aludido por la avalancha de noticias catastróficas que diariamente pueblan los noticiarios televisivos y los medios escritos. En muchas ocasiones da la sensación de que se intenta desde los medios provocar un estado de ánimo, influir en los sentimientos y en las opiniones de la gente para llevarlas a uno u otro terreno. No podemos olvidar en ningún caso que la mayor parte de los medios de comunicación son propiedad de empresas con intereses comerciales e incluso políticos, al servicio de clientes que pagan grandes cantidades de dinero por exponer su publicidad en dichos medios. Raramente podremos ver en un diario una información negativa sobre algunos de sus mejores patrocinadores publicitarios. ¿Podemos entonces fiarnos de la veracidad de estos medios?

En estos momentos nos encontramos en un intervalo entre grandes terrores, a la espera de que los todopoderosos medios nos sorprendan con una nueva catástrofe o epidemia que nos acojone de forma colectiva; ese caramelo informativo que se podrán estirar a voluntad hasta que el público esté curado de espanto. ¿Será la barbaridad ecológica perpetrada por BP en el Golfo de México? ¿Será una nueva alerta por amenaza terrorista? Sólo el tiempo y los gurús de los informativos lo dirán.

Aminatou

Cuando una persona defiende una causa justa sin recurrir a la violencia, y triunfa contra la cerrazón de los estados y de quienes los gobiernan, se convierte para siempre en un héroe del pueblo. No importa la nacionalidad, la cultura o el idioma; gracias a Aminatou sabemos que la determinación de llevar nuestros principios hasta sus últimas consecuencias puede doblegar incluso a las tiranías más sanguinarias. Eso merece, como poco, el reconocimiento de una ciudadanía -la española- poco acostumbrada ya a las gestas valientes. Gracias Aminatou; hoy somos todos un poco más humanos y un poco menos súbditos.

(Imagen: El País)

Semana del ateísmo (II): Asociacionismo ateo

Aunque las asociaciones de librepensadores llevan muchos años dando la cara por el derecho fundamental de la persona en no creer en ningún dios -en ocasiones con serio riesgo para la integridad física de sus miembros- es en los últimos años cuando miles de ateos anónimos han empezado a sentir que ha llegado el momento de buscar representantes, de crear o de unirse a asociaciones donde su voz pueda ser escuchada con más fuerza; tal vez el día de mañana estas asociaciones sean el germen de un lobby ateo capaz de hacer valer no sólo sus derechos, sino los de toda la ciudadanía, a no ser mediatizados en sus vidas por las creencias religiosas de otros. La constante ofensiva de la iglesia católica respecto a los ateos y librepensadores, sobre los que la jerarquía eclesiástica vierte todo tipo de acusaciones e insultos, es una de las razones -no la única, desde luego- del auge del movimiento asociacionista ateo en España.

Campañas como la del “bus ateo”, contestadas por la iglesia con una ferocidad desconocida desde los tiempos de la dictadura, y la censura practicada por los ayuntamientos de algunas ciudades en las que se iba a llevar a cabo dicha campaña, han terminado por convencer incluso a los más individualistas de que, a menos que hagamos algo por evitarlo, la iglesia y sus conexiones con los poderes públicos torcerán las leyes a su antojo para impedir que el movimiento ateo sea visible ante la ciudadanía.

Desconozco el porqué de esta agresividad contra el ateísmo. En un Estado de libertades y de derecho, el ateísmo no es sino una opción más en el terreno de las ideas, tan respetable como la de cualquiera de los creyentes de las distintas confesiones del Estado. Al parecer, no es esa la opinión de muchas autoridades civiles, empeñadas en anteponer sus creencias particulares a la legislación y en actuar al dictado de sus amos de la Conferencia Episcopal. Son las mismas autoridades que no tienen ningún problema en paralizar la vida cotidiana de una ciudad para dedicarla por entero a la exaltación de imágenes religiosas en Semana Santa.

Por eso y por otras muchas razones dedico esta entrada a las diferentes asociaciones de ateos y librepensadores de España. Levantar la voz y proclamar que Dios no existe es a veces un acto de valentía que bien vale un reconocimiento, por lo menos en esta página:

Esta lista es sólo una muestra del panorama ateo en internet donde faltan muchos, pero hago extensiva mi dedicatoria también a las páginas que he omitido.

Manifiesto "En defensa de los derechos fundamentales en internet"

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

¡Esto es un sindiós! (XXVII): La vacuna que nadie se quiere poner

Cuando Edward Jenner descubrió las propiedades inmunológicas de la inoculación de antígenos de la enfermedad de la viruela, lo que vulgarmente se ha dado en llamar “vacuna”, abrió a un mundo agradecido la posibilidad de librarse de terribles enfermedades que habían diezmado a los hombres durante toda la Historia humana. Poco podía imaginar Jenner que, más de un siglo después de su asombroso descubrimiento, y a pesar de los grandes avances científicos, la gente desconfiaría de quienes les ofrecen la vacuna contra la modalidad de gripe conocida como “A-H1N1″.

Seguro que se sorprendería, pero evidentemente, tendría que comprender que la sociedad del siglo XXI no es la misma del siglo XIX. Antiguamente la gente tenía la sana costumbre de “morirse por las buenas”, y la mayor parte de las veces, ni se llegaba a saber de qué se había muerto uno. Hoy poco menos que exigimos a los médicos un diagnóstico acertado e inmediato, y una cura rápida de nuestras enfermedades, como si éstas no fueran sino incómodas molestias que nos impiden continuar con nuestras ajetreadas vidas. La autoridad de los médicos se ha visto además socavada como ha sucedido con los maestros de escuela, y no son pocos los casos de agresiones al personal facultativo por parte de pacientes descontentos con la progresión de sus enfermedades.

Para colmo de males, vivimos actualmente en lo que se ha dado en llamar “sociedad de la información”, aunque podría decirse mejor que ésta es una “sociedad de la desinformación”. Los bulos, mentiras y medias verdades sesgadas tienen un lugar predominante en este mundo del conocimiento globalizado, y se transmiten a una velocidad muy superior a la de la información veraz y contrastada. Aunque los medios de comunicación tradicionales acostumbran a culpar de esto a Internet y a los canales de comunicación “alternativos”, lo cierto es que dentro de la profesión periodística se han relajado las formas y se ha abandonado la ética en pos de un mayor beneficio económico. Al auge de la televisión-basura hay que unir el incontestable triunfo del periodismo-basura, cuyos tentáculos amenazan incluso a los medios más reputados.

¿A qué viene todo esto? Pues muy sencillo: son los medios de comunicación tradicionales y su afán de convertir en noticia de portada lo que no merecería una reseña en las páginas centrales de un diario los que han envenenado todo este asunto de la gripe-A, provocando una oleada de escepticismo entre la ciudadanía con consecuencias imprevisibles.

Nadie duda hoy en día de que la gripe-A es una pandemia: una enfermedad a nivel planetario a la que está expuesta el conjunto de la población humana. Esto podría ser un dato alarmante, de no ser porque anualmente la humanidad se enfrenta con diferentes cepas de virus de la gripe, que casi siempre constituyen pandemias. ¿O es que hay alguien que esté a salvo de pillar la gripe? Sin embargo, en el caso de la gripe A, los medios han retratado el problema como un riesgo catastrófico para el mundo, agitando desde el primer momento el fantasma de la gripe de 1918 que causó millones de muertos. Ni siquiera han esperado a conocer los datos de mortalidad de esta enfermedad (que al final han resultado ser semejantes e incluso menores que los de la gripe estacional), sino que han lanzado su mensaje alarmista, y los gobiernos de todo el mundo se han apresurado a hacer bandera del miedo colectivo que han generado estos medios.

Para colmo de males, la producción de medicamentos antivirales está en manos de los propietarios de las patentes de dichos compuestos, que casualmente tienen mucho que ver con cierto oscuro personaje de la felizmente extinta administración Bush. Se puede decir que hay quien tiene un gran interés económico en que este miedo a la enfermedad se extienda cuanto más mejor, ya que a mayor miedo, mayores ventas de medicamentos antivirales. El hecho de que estos medicamentos sean de dudosa eficacia contra esta cepa de gripe se ha dejado convenientemente al margen del pack informativo suministrado al público.

Así que, resuelto el problema del miedo, infundido con mucho éxito a través de las televisiones y en boca de los más importantes líderes mundiales, se inicia el problema de encontrar un medio eficiente para inmunizar a la población. Para ello, las farmacéuticas se ponen en marcha a toda velocidad, antes de que la pandemia alcance los pudientes y privilegiados países del hemisferio norte (sobra decir que, aunque no se haga publicidad de ello, los países del hemisferio sur han pasado por el pico de contagios de gripe A sin consecuencias peores de las que hubiera supuesto cualquier otra gripe estacional, sin vacunas disponibles y casi sin acceso a los caros antivirales). El resultado es una vacuna sacada de los laboratorios a toda prisa para que esté en el mercado cuando vaya a producirse la demanda, pero al parecer, se han olvidado algunos protocolos de ensayo por el camino. Los medios de comunicación sólo se hacen eco de este asunto cuando en la red ya es vox populi.

El resultado es que ahora la gente tiene miedo, sí, pero más a la vacuna que a la enfermedad. Aparecen informaciones de que en los Estados Unidos se han producido terribles reacciones adversas a la vacuna, lo que aumenta aún más la inquietud. Nadie dice claramente que un ínfimo porcentaje de la población sufrirá siempre reacciones adversas a los medicamentos, a cualquier medicamento, sino que lo presentan como un peligro inminente para la salud de todos los ciudadanos. Ni siquiera el personal médico, a quienes se les supone mejor informados sobre el asunto, quieren ponerse la vacuna, y esto remata el cuadro de la suspicacia. Por doquier, los informativos enseñan entrevistas callejeras donde la gente afirma que no va a vacunarse porque no se fía. El gobierno alemán, para colmo, inmuniza a sus ministros y altos cargos con una “vacuna especial”, distinta a la suministrada para el público en general. Después de todo esto, ya puede salir el gobierno en pleno a vacunarse ante las cámaras, porque nadie va a creer que la vacuna es beneficiosa, aunque lo sea.

En estos momentos, el interés informativo por todo este asunto de la gripe A decae lentamente. De alarma social se ha pasado a la chanza en los puestos de trabajo o a la excusa peregrina para saltarse unos cuantos días de clase. No importa, porque para los interesados económicamente en el asunto, ya es misión cumplida: los antivirales vendidos por millones a buen precio; las vacunas compradas también por millones por los distintos gobiernos del mundo (vacunas que dentro de unas semanas ya no servirán para nada, puesto que necesitan unas condiciones muy severas de refrigeración), y la sociedad preparada para la próxima alarma sanitaria.

No guarden sus mascarillas de papel;  las necesitarán de nuevo en primavera cuando aparezca en el telediario el primer caso de la “pelagra del topillo” o del “sarampión de la sanguijuela”.